Una Iglesia en salida (20 – 23)

20. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de « salida » que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: « Ve, yo te envío » (Ex 3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: « Adondequiera que yo te envíe irás » (Jr 1,7). Hoy, en este « id » de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva « salida » misionera.

Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

21. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf. Lc 10,21). La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles « cada uno en su propia lengua » (Hch 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá. El Señor dice: « Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido » (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.

22. La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.

23. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión « esencialmente se configura como comunión misionera ».[1] Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: « No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo » (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a « una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua y pueblo » (Ap 14,6).

[1] Juan PabLo ii, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 32: AAS 81 (1989), 451.

Vocación de imitar a Cristo y sus apóstoles

Participar en el sacerdocio de Cristo, especialmente a nivel de sucesor o colaborador de los Doce, es orientar toda la vida hacia la misión que Cristo recibió del Padre y que, por el Espíritu, nos comunica a nosotros (Mt 28,20; Jn 20,21). Las reglas de la misión son las mismas que Cristo puso en práctica como enviado del Padre y del Espíritu (Lc 4,18; Jn 10,36). Las teorías sobre la misión son válidas sólo cuando respetan la misión que Cristo vivió y que comunicó a su Iglesia. La misión sacerdotal se recibe de Cristo a través de la Iglesia, y es para toda la vida, a modo de desposorio.

La vocación sacerdotal no es una simple “experiencia” religiosa, que podría ser para un período determinado de tiempo o según unas “inspiraciones” o mociones más o menos duraderas. Es una consagración en el Espíritu Santo. El llamado y “ordenado” con la imposición de manos de los Apóstoles o de sus sucesores participa de la misma unción o consagración y misión de Cristo (Jn 20,22-23; Hech 1,1-8; Lc 4,18; 2 Tim 1,6). No existe una vocación sacerdotal recortada en el tiempo ni reducida a simples preferencias personales o de grupo.

Si nos preguntan o nos preguntamos sobre nuestra razón de ser, hay que remitirse a Cristo, de quien procede nuestro sacerdocio como participación de su consagración y misión. Sin esta fe y punto de referencia, no habría modo de responder a las preguntas que hoy nos formulan. Porque, en realidad, la pregunta no va directamente hacia nosotros, sino hacia Cristo resucitado presente: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21). Juan Bautista, ante una pregunta semejante sobre la razón de ser de su servicio, acertó en el modo de responder: “En medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis” (Jn 1,26). Porque “él vive” (Lc 14,23) y “nosotros somos testigos” (Hech 2,32). La experiencia vocacional de fe se estrena todos los días: “Venid y ved” (Jn 1,39-46).

Te hemos seguido, espiritualidad sacerdotal.

Juan Esquerda Bifet

Presentación: ¿Quiénes somos los misioneros toribianos?

El Neuma Jagios (Espíritu Santo), el gran director y timón de la Iglesia  nos motivó a realizar una de las actividades más apasionantes y retadoras de nuestras vidas: la Misión.

El santo Padre nos ha pedido que vayamos a las periferias y eso es lo que venimos haciendo desde hace 5 años. Somos un grupo de laicos que dejamos de hacer lo que hacemos en la vida diaria y nos vamos por 25 días a un lugar de la periferia a ayudar a formar comunidades en esos linderos de las parroquias donde no va nadie, en esos Asentamientos Humanos en los linderos parroquiales para anunciar que Jesucristo es nuestro Dios y a ver en que podemos ayudar en esas comunidades nacientes.

Tenemos la necesaria colaboración del óbolo de San Pedro que nos facilita muchas cosas para ejercer nuestra labor y de la escuela de catequesis de la vicaría II de la Diócesis de Carabayllo, ellas coadyuvan para que nuestra labor se eficaz y eficiente con el único objetivo de hacer la voluntad de Dios y de tener en la mente esta frase del evangelio: ¡Solo somos Siervos inútiles Señor.

La transformación misionera de la Iglesia (19)

  1. La evangelización obedece al mandato misionero de Jesús: « Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado » (Mt 28,19-20). En estos versículos se presenta el momento en el cual el Resucitado envía a los suyos a predicar el Evangelio en todo tiempo y por todas partes, de manera que la fe en Él se difunda en cada rincón de la tierra.

Desafíos, vocación y misión de la familia

(Fuente: L’Osservatore Romano)

images_88c43f24255edfbeb31925b28d962d44_20Desafíos, vocación y misión de la familia: en estas tres ideas se centra el «Instrumentum laboris» de la décima cuarta asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, que tendrá lugar en el Vaticano en octubre próximo.

El documento fue presentado –el martes 23 de junio, por la mañana, en la Oficina de prensa de la Santa Sede– por los cardenales Baldisseri, secretario general, y Erdő, relator general, y por el arzobispo Forte, secretario especial. Dicho documento contiene la «Relatio synodi» conclusiva de la precedente asamblea sinodal sobre la familia, que se llevó a cabo en 2014, integrada con la síntesis de las respuestas al cuestionario planteado por la Secretaría sinodal a todas las Iglesias del mundo: 99 que llegaron por parte de entidades que gozan de derecho y 359 enviadas libremente por parte de diócesis y parroquias.