De las raíces al futuro

Fuente: L’Osservatore Romano

La oración silenciosa ante la Sábana Santa y el recuerdo de la enseñanza de don Bosco son las principales razones de la visita a Turín de Bergoglio, que como Pontífice ha vuelto a la tierra de la que se declaró «nieto». Han sido dos días, llenos de recuerdos familiares y de citas que han impresionado y conmovido no sólo a los turineses y piemonteses: desde el encuentro con los valdenses –en verdad histórico sin precedentes y fraternal– al de los jóvenes, y antes con los enfermos del

-S.S. Francesco -  Visita pastorale a Torino 21-06-2015  - (Copyright L'OSSERVATORE ROMANO - Servizio Fotografico - photo@ossrom.va)
Foto: L’Osservatore Romano

Cottolengo, la familia salesiana, el mundo del trabajo, como siempre hablando a todos.

Y como siempre la gente ha entendido las palabras del Papa, su preocupación por la crisis que aún pesa en muchísimas personas y que «no es sólo turinés, italiana», sino global y compleja, la denuncia dolorida de la guerra «por partes», que acentúa el drama de las migraciones forzadas que se hacen más atroz por el cinismo y la indiferencia de muchos: «Uno llora al ver el espectáculo de estos días donde seres humanos son tratados como mercancías» ha exclamado el Papa Francisco.

Ante el desconcierto reinante el Pontífice una vez más ha indicado el camino de la solidaridad entre generaciones, que se realiza ante todo en la familia: las de los ancianos y las de los jóvenes, que son riqueza de la memoria y promesa de futuro. Y la confianza que Bergoglio tiene en la familia se percibió por un gesto –imprevisto y conmovedor– que quiso realizar al visitar la pequeña iglesia de Santa Teresa, donde se casaron sus abuelos y donde su padre fue bautizado.

En este lugar cargado de recuerdos familiares el Papa –como había hecho ante la Sábana Santa, en el santuario, turinés por excelencia, de la Consolata y luego en el Cottolengo– rezó en silencio, entregando en una dedicatoria escrita sus intenciones por el próximo Sínodo sobre la familia. Y de su familia, sobre todo, habló en Valdocco, cuando, improvisando, evocó largamente sus recuerdos salesianos y esbozó con vivacidad el papel que los seguidores de don Bosco tuvieron en su formación humana y cristiana.

De las propias raíces piamontesas y de la memoria histórica del siglo pasado el Pontífice ha sabido sacar, durante el encuentro con los jóvenes y al responder espontáneamente a sus preguntas, palabras eficaces y –como destacó– molestas, cuando se refirió al amor casto y a la necesidad de ir a contracorriente en contextos difíciles para la fe como los del Piamonte del siglo diecinueve, como hicieron sus santos. Para mirar adelante sin sucumbir a la idolatría del dinero y sin desviar la mirada de las necesidades de hoy, como precisamente ocurrió muchas veces en el siglo veinte.

Y abierto al futuro fue el encuentro sencillo y alegre en el templo valdense, también en este caso fundado en las experiencias que Bergoglio vivió con «los amigos de la Iglesia evangélica valdense del Río de la Plata, de la que ha podido –dijo– apreciar la espiritualidad y la fe, y aprender muchas cosas buenas». Es el ecumenismo «en camino», que ya une, a pesar de las diferencias y que ha llevado al Papa a pedir perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos y no humanos en relación con los valdenses. Para caminar juntos y, juntos, dar testimonio del Evangelio en el mundo.

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