Una impostergable renovación eclesial (27 – 33)

27. Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, « toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial ».[1]

28. La parroquia no es una estructura caduca; precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo « la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas ».[2] Esto supone que realmente esté en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a sí mismos. La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración.[3] A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización.28 Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero. Pero tenemos que reconocer que el llamado a la revisión y renovación de las parroquias todavía no ha dado suficientes frutos en orden a que estén todavía más cerca de la gente, que sean ámbitos de viva comunión y participación, y se orienten completamente a la misión.

29. Las demás instituciones eclesiales, comunidades de base y pequeñas comunidades, movimientos y otras formas de asociación, son una riqueza de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores. Muchas veces aportan un nuevo fervor evangelizador y una capacidad de diálogo con el mundo que renuevan a la Iglesia. Pero es muy sano que no pierdan el contacto con esa realidad tan rica de la parroquia del lugar, y que se integren gustosamente en la pastoral orgánica de la Iglesia particular.[4] Esta integración evitará que se queden sólo con una parte del Evangelio y de la Iglesia, o que se conviertan en nómadas sin raíces.

30. Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. Ella es el sujeto primario de la evangelización,[5] ya que es la manifestación concreta de la única Iglesia en un lugar del mundo, y en ella « verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica ».[6] Es la Iglesia encarnada en un espacio determinado, provista de todos los medios de salvación dados por Cristo, pero con un rostro local. Su alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales.[7] Procura estar siempre allí donde hace más falta la luz y la vida del Resucitado.[8] En orden a que este impulso misionero sea cada vez más intenso, generoso y fecundo, exhorto también a cada Iglesia particular a entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma.

31. El obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). Para eso, a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos. En su misión de fomentar una comunión dinámica, abierta y misionera, tendrá que alentar y procurar la maduración de los mecanismos de participación que propone el Código de Derecho Canónico[9] y otras formas de diálogo pastoral, con el deseo de escuchar a todos y no sólo a algunos que le acaricien los oídos. Pero el objetivo de estos procesos participativos no será principalmente la organización eclesial, sino el sueño misionero de llegar a todos.

32. Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización. El Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar « una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva ».[10] Hemos avanzado poco en ese sentido. También el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral. El Concilio Vaticano II expresó que, de modo análogo a las antiguas Iglesias patriarcales, las Conferencias episcopales pueden « desarrollar una obra múltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta ».[11] Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal.[12] Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera.

33. La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del « siempre se ha hecho así ». Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades. Una postulación de los fines sin una adecuada búsqueda comunitaria de los medios para alcanzarlos está condenada a convertirse en mera fantasía. Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos. Lo importante es no caminar solos, contar siempre con los hermanos y especialmente con la guía de los obispos, en un sabio y realista discernimiento pastoral.

[1] Juan PabLo ii, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Oceania (22 noviembre 2001), 19: AAS 94 (2002), 390.

[2] Juan PabLo ii, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 26: AAS 81 (1989), 438.

[3] Cf. Propositio 26.

28 Cf. Propositio 44.

[4] Cf. Propositio 26.

[5] Cf. Propositio 41.

[6] conc. ecum. vat. ii, Decreto Christus Dominus, sobre el oficio pastoral de los Obispos, 11.

[7] Cf. benedicto Xvi, Discurso a los participantes en un Congreso con ocasión del 40 Aniversario del Decreto Ad Gentes (11 marzo 2006): AAS 98 (2006), 337.

[8] Cf. Propositio 42.

[9] Cf. cc. 460-468; 492-502; 511-514; 536-537.

[10] Carta enc. Ut unum sint (25 mayo 1995), 95: AAS 87 (1995), 977-978.

[11] conc. ecum. vat. ii, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 23.

[12] Cf. Juan PabLo ii, Motu proprio Apostolos suos (21 mayo 1998): AAS 90 (1998), 641-658.

Naturaleza de la vocación sacerdotal

La realidad sacerdotal, que participamos de Cristo Sacerdote, tiene diversos aspectos o dimensiones que conviene armonizar para evitar dicotomías, tensiones y rupturas. En Cristo encontramos esta realidad sacerdotal, por encima de la terminología humana: es el Hijo de Dios hecho hombre (su ser), que ha venido para asumir la historia humana como propia (su obrar), dando la vida como Buen Pastor (estilo de vida) y ha instituido una comunidad eclesial como signi visible suyo y “complemento” o prolongación (su presencia en la comunión eclesial).

El Papa Pablo VI, al terminar el año de la fe (1968), en un mensaje a los sacerdotes, presentaba cuatro dimensiones del sacerdocio ministerial: dimensión sagrada, apostólica, místico-ascética y eclesial. Las cuatro se complementan y postulan mutuamente. Nosotros las estudiaremos bajo los epígrafes equivalentes de consagración, misión, espiritualidad y comunión.

Te hemos seguido, espiritualidad sacerdotal.

Juan Esquerda Bifet

Viva, joven, en búsqueda

La Iglesia latinoamericana tiene una gran riqueza: es una Iglesia joven, con una frescura notable y una teología dinámica, de búsqueda. Ciertamente, tiene muchos problemas y también es un poco indisciplinada, pero está viva: una Iglesia de vida. Aún con las imágenes grabadas en la retina del encuentro con las nuevas generaciones en Asunción, el Papa esbozó un primer balance del viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay.

En el vuelo de regreso a Roma, el domingo 12 de julio, por la noche, el Papa respondió como es habitual a los periodistas. Explicó que quería visitar su continente de origen para animar a esta joven Iglesia, con el convencimiento de que ésta tiene mucho que dar a la que vive en la otra parte del mundo. Sobre todo a Europa, donde asusta la disminución de los nacimientos, y para la que el Papa Francisco volvió a desear políticas de apoyo a las familias.

Con un largo viaje sobre los hombros y un día lleno de compromisos, el Papa no dejó de responder a las preguntas —una quincena— hablando durante más de una hora. Varios los temas afrontados, algunos relacionados con los distintos momentos del viaje, otros con próximos eventos como la visita a Cuba y los Estados Unidos y, sobre todo, el Sínodo de los obispos. Con respecto a la primera, recordó los pasos que llevaron a la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los dos países que visitará en septiembre. En relación con la segunda, hizo hincapié en la crisis y las dificultades de la familia, tal y como se enumeraron en la Instrumentum laboris sinodal.

Las tres primeras preguntas, a las que respondió en español, las hizo la prensa de los países apenas visitados. Tenían por tema, en orden: la falta de un cardenal paraguayo (si nos fijamos en cómo es viva y alegre esta Iglesia y su gloriosa historia merecería dos, dijo el Pontífice), la aspiración de Bolivia a una salida al mar (un tema muy delicado, lo definió) y la instrumentalización política de los discursos pronunciados en Ecuador. Esta última observación ofreció al Papa Francisco la oportunidad de dar una pequeña lección de hermenéutica dirigida a todos los periodistas. Un texto, recomendó, no puede interpretarse con una sola frase; sino que debe ser evaluado en todo el contexto, incluyendo la historia que hay detrás.

En italiano las otras preguntas, gracias a las cuales el Papa habló, entre otras cosas, de los movimientos populares que se organizan no sólo para protestar, sino también para avanzar en la lucha por los derechos de los pobres. Son muchos, subrayó al respecto, y la Iglesia no puede permanecer indiferente, sino que se comunica con ellos a través de la doctrina social. Y esto no es un opción anarquista, ya que son los trabajadores. No es una mano extendida al enemigo, señaló, ni un hecho político, sino catequético.

En otros pasajes el Papa Francisco se centró en las dificultades de Grecia y sus dramas, más cercanos a la realidad latinoamericana; de Venezuela, donde la Conferencia episcopal está trabajando para promover la reconciliación nacional; y de Colombia, con la invitación a rezar para que no se detenga el proceso de paz, tras cincuenta años de conflicto y muchas muertes.

Todo amenizado con bromas como las de la alergia a la economía, la ayuda que recibe del mate –pero que no ha probado la cocaína, él bromeó– y el hecho de sentirse un bisabuelo cuando le piden posar para los selfies, que sin embargo considera que es un hecho cultural de las nuevas generaciones. Por último, también aclaró el tema de los regalos entregados por el presidente Morales. Las condecoraciones permanecerán, como se sabe, en Bolivia y, reveló, serán llevadas al santuario mariano de Nuestra Señora de Copacabana. Por otro lado, con relación al crucifijo de madera tallada sobre la hoz y el martillo, dijo que no lo consideró una ofensa y que lo llevó consigo en recuerdo del padre Espinal, un hombre especial, genial, que luchaba por su pueblo también a través del «arte de protesta», contenido en sus poemas y en otras formas de expresión.

Es cuestión de hermenéutica

Fuente: L’Osservatore Romano

Instrumentalización y «hermenéutica total»: dos posibles claves de lectura del viaje latinoamericano en las que se centró el Papa Francisco en diferentes momentos durante el acostumbrado coloquio con los periodistas a bordo del avión que el lunes 13 de julio, por la tarde, lo trajo de regreso a Roma.

-S.S. Francesco - Viaggio Apostolico in Ecuador , Bolivia , Paraguay  06-07-2015  - (Copyright L'OSSERVATORE ROMANO - Servizio Fotografico - photo@ossrom.va)
Foto: L’OSSERVATORE ROMANO

Invitado a explicar el sentido de algunas de sus intervenciones, el Pontífice aclaró los límites de una interpretación ideológica o circunscrita a una sola frase del texto. «Creo que es necesario estar muy atentos», dijo, destacando que «un texto no se puede interpretar con una frase. La hermenéutica tiene que ser en todo el contexto. Hay frases que son justo la clave de la hermenéutica y hay frases que no, que son dichas de paso o plásticas». Es necesario, en definitiva —afirmó—, «ver todo el contexto, ver la situación, incluso, ver la historia».

Una «hermenéutica» que el Papa recomendó aplicar, en lo concreto, a las palabras pronunciadas en Ecuador durante la ceremonia de bienvenida en Quito o las referencias al Sínodo de los obispos sobre la familia contenidas en los pasajes de la homilía dedicados a las bodas de Caná durante la misa en Guayaquil. En cuanto a las primeras, el Papa Francisco recordó que «Ecuador no es un país de descarte. O sea, que se refiere a todo el pueblo y a toda la dignidad de ese pueblo que, después de la guerra limítrofe, se ha puesto de pie y ha tomado cada vez más conciencia de su dignidad y de la riqueza de la unidad en la variedad que tiene». En relación a las segundas, en cambio, puntualizó que «Jesús produce el mejor vino precisamente con el agua de la suciedad, de lo peor». De aquí el deseo de que «el Señor nos purifique» incluso de las situaciones de crisis que afectan hoy a la familia.

«Cada palabra, cada frase de un discurso puede ser instrumentalizada», dijo como conclusión, confirmando la necesidad de mirar siempre «el contexto».