Algunos desafíos del mundo actual (52)

52. La humanidad vive en este momento un giro histórico, que podemos ver en los adelantos que se producen en diversos campos. Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces anónimo.

La consagración (dimensión sagrada)

Participamos en la misma realidad de Cristo Sacerdote, “ungido y enviado” por el Espíritu Santo (Lc 4, 18). Los sacramentos del bautismo, de la confirmación y del orden, comunican esta participación sacerdotal, aunque en grado y modo diferente (LG 10), según el sacramento recibido. El sacerdote, como Pablo, es “prisionero del Espíritu” (Hech 20, 22). Toda la existencia queda matizada y marcada por esta realidad íntima, que es una gracia o carisma permanente del Espíritu Santo (1 Tim 4, 14). Somos siempre sacerdotes, es decir, nuestra vida entera, como la de Cristo, ya sólo tiene esta orientación esponsal y pastoral.

Precisamente por esta consagración (dimensión sagrada), la vida sacerdotal está dedicada totalmente a la misión. Pertenece totalmente a la comunidad eclesial porque pertenece totalmente a Cristo. Un sacerdocio vivido a tiempo parcial daría origen a frustraciones y desilusiones, puesto que no sería el sacerdocio que Cristo comunicó a “los suyos”. La consagración sacerdotal es para servir y para dedicarse totalmente al misterio y a la misión de la Iglesia.

Te hemos seguido, espiritualidad sacerdotal.

Juan Esquerda Bifet

La importancia de saber festejar

Fuente: L’Osservatore Romano

Así como Juan Bautista exultó en el seno advirtiendo la presencia de Jesús, así el gozo ha sido siempre «una característica de los corazones del pueblo timorense», desde que, hace quinientos años, abrazó la fe cristiana. El evangelio de la liturgia de la solemnidad de la Asunción, con la descripción del encuentro entre María y Elisabet y el canto del Magnificat, ofreció al cardenal Pietro Parolin las palabras para sintetizar en una imagen medio milenio de historia.

El secretario de Estado –al día siguiente de la firma del acuerdo bilateral entre la Santa Sede y la República democrática de Timor-Leste– celebró el sábado 15 de agosto, en Tasi-Tolu, en las cercanías de Dili, en calidad de legado pontificio, la misa por la conmemoración del quinto centerario de la evangelización del país. «Podemos solamente imaginar», dijo el purpurado en el curso de la homilía, «que cuando los misioneros trajeron a Cristo al pueblo timorense, éste haya exultado porque –añadió citando la Evangeliui Gaudium– el mensaje del Evangelio habla siempre «a las necesidades más profundas de las personas», y porque, en verdad, “con Cristo siempre nace y renace el gozo».

Y ese pueblo, destacó el cardenal Parolín, por sus características de «gentileza de alma, calor y amor» era naturalmente dispuesto «a ver instalados en los propios corazones los principios fundamentales del cristianismo». Ciertamente, el gozo de la fe debe confrontarse con la fatiga del testimonio, un testimonio que ve en la comunidad una de sus expresiones fundamentales. Hablando a los presentes al término de la celebración, el purpurado recordó los dramáticos eventos que llevan a la independencia del país: «Soy consciente –dijo– del grande sacrificio que se hizo en ese momento; un sacrificio que pude ser explicado a causa de vuestra fe, que en este largo período de tiempo os dio una particular identidad de pueblo». Y añadió: «era natural, por lo tanto, que la Iglesia católica os habría acompañado en vuestro camino desde aquel momento en adelante, y es más, precisamente por esta razón la Iglesia católica se compromete a continuar caminando con vosotros, mientras os esforzáis por realizar vuestras aspiraciones más elevadas como una nació, unida y construida en la justicia, la solidariedad e la paz».

Mensajero de paz fue el secretario de Estado en los días –del 13 al 15 de agosto– que le vieron como legado pontificio en Timor-Leste. Después de haberse reunido en Dili con los seminaristas, el purpurado habló de paz con las autoridades políticas el viernes 14, con ocasión de la firma del acuerdo.

Caridad en el laboratorio

Fuente: L’Osservatore Romano

Un envase blanco con tapa roja y una etiqueta adhesiva: benzil benzoato al 20 por ciento. Para los empleados es uno de los más eficaces tratamientos contra la sarna.

Para la Farmacia vaticana es, además, un modo nuevo de ejercer la caridad y proseguir en el servicio a la persona humana, sin distinciones de raza, lengua, edad o religión. El envase, en efecto, contiene un ungüento que la farmacia realiza en sus laboratorios para salir al encuentro de las necesidades de los miles de inmigrantes que llegan cada año a Italia.

La preparación se produce según lo solicite la Limosnería apostólica, que se encarga de distribuir la medicina visitando periódicamente los diversos centros de acogida de Roma para llevar la caridad del Papa a los necesitados de la diócesis. Hace poco, de hecho, en una de las estructuras más abarrotadas de la ciudad, los voluntarios de la Limosnería entregaron cincuenta kilos de medicina anti-sarna, junto con un centenar de preparados de antibióticos y antihistamínicos, y cerca de cincuenta pomadas antimicóticas.