La importancia de saber festejar

Fuente: L’Osservatore Romano

Así como Juan Bautista exultó en el seno advirtiendo la presencia de Jesús, así el gozo ha sido siempre «una característica de los corazones del pueblo timorense», desde que, hace quinientos años, abrazó la fe cristiana. El evangelio de la liturgia de la solemnidad de la Asunción, con la descripción del encuentro entre María y Elisabet y el canto del Magnificat, ofreció al cardenal Pietro Parolin las palabras para sintetizar en una imagen medio milenio de historia.

El secretario de Estado –al día siguiente de la firma del acuerdo bilateral entre la Santa Sede y la República democrática de Timor-Leste– celebró el sábado 15 de agosto, en Tasi-Tolu, en las cercanías de Dili, en calidad de legado pontificio, la misa por la conmemoración del quinto centerario de la evangelización del país. «Podemos solamente imaginar», dijo el purpurado en el curso de la homilía, «que cuando los misioneros trajeron a Cristo al pueblo timorense, éste haya exultado porque –añadió citando la Evangeliui Gaudium– el mensaje del Evangelio habla siempre «a las necesidades más profundas de las personas», y porque, en verdad, “con Cristo siempre nace y renace el gozo».

Y ese pueblo, destacó el cardenal Parolín, por sus características de «gentileza de alma, calor y amor» era naturalmente dispuesto «a ver instalados en los propios corazones los principios fundamentales del cristianismo». Ciertamente, el gozo de la fe debe confrontarse con la fatiga del testimonio, un testimonio que ve en la comunidad una de sus expresiones fundamentales. Hablando a los presentes al término de la celebración, el purpurado recordó los dramáticos eventos que llevan a la independencia del país: «Soy consciente –dijo– del grande sacrificio que se hizo en ese momento; un sacrificio que pude ser explicado a causa de vuestra fe, que en este largo período de tiempo os dio una particular identidad de pueblo». Y añadió: «era natural, por lo tanto, que la Iglesia católica os habría acompañado en vuestro camino desde aquel momento en adelante, y es más, precisamente por esta razón la Iglesia católica se compromete a continuar caminando con vosotros, mientras os esforzáis por realizar vuestras aspiraciones más elevadas como una nació, unida y construida en la justicia, la solidariedad e la paz».

Mensajero de paz fue el secretario de Estado en los días –del 13 al 15 de agosto– que le vieron como legado pontificio en Timor-Leste. Después de haberse reunido en Dili con los seminaristas, el purpurado habló de paz con las autoridades políticas el viernes 14, con ocasión de la firma del acuerdo.

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