La consagración (dimensión sagrada)

Participamos en la misma realidad de Cristo Sacerdote, “ungido y enviado” por el Espíritu Santo (Lc 4, 18). Los sacramentos del bautismo, de la confirmación y del orden, comunican esta participación sacerdotal, aunque en grado y modo diferente (LG 10), según el sacramento recibido. El sacerdote, como Pablo, es “prisionero del Espíritu” (Hech 20, 22). Toda la existencia queda matizada y marcada por esta realidad íntima, que es una gracia o carisma permanente del Espíritu Santo (1 Tim 4, 14). Somos siempre sacerdotes, es decir, nuestra vida entera, como la de Cristo, ya sólo tiene esta orientación esponsal y pastoral.

Precisamente por esta consagración (dimensión sagrada), la vida sacerdotal está dedicada totalmente a la misión. Pertenece totalmente a la comunidad eclesial porque pertenece totalmente a Cristo. Un sacerdocio vivido a tiempo parcial daría origen a frustraciones y desilusiones, puesto que no sería el sacerdocio que Cristo comunicó a “los suyos”. La consagración sacerdotal es para servir y para dedicarse totalmente al misterio y a la misión de la Iglesia.

Te hemos seguido, espiritualidad sacerdotal.

Juan Esquerda Bifet

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