Crisis de la solidaridad

Fuente: L’Osservatore Romano

El Secretario general de las Naciones Unidas declaró sentirse «horrorizado y desconsolado por la muerte de migrantes y refugiados en el Mediterráneo».

Este año se han elevado a más de 2,500 las personas que perdieron la vida intentando llegar a los países de la Unión Europea.

El elevado número de migrantes y refugiados son síntoma de problemas más hondos, incluidos conflictos que no cesan, violaciones de derechos humanos o represión.

Estamos ante «una crisis de solidaridad, no una crisis de cifras», manifestó Ban Ki-moon, instando a la comunidad internacional a «mostrar más determinación en resolver estos y otros conflictos que obligan a la gente a huir».

De ahí que el Secretario general haya convocado una reunión especial de los líderes mundiales, el 30 de septiembre, dedicada a dar una respuesta colectiva.

El clima como bien común (23 – 26)

23. El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana. Al concentrarse en la atmósfera, impiden que el calor de los rayos solares reflejados por la tierra se disperse en el espacio. Esto se ve potenciado especialmente por el patrón de desarrollo basado en el uso intensivo de combustibles fósiles, que hace al corazón del sistema energético mundial. También ha incidido el aumento en la práctica del cambio de usos del suelo, principalmente la deforestación para agricultura.

24. A su vez, el calentamiento tiene efectos so bre el ciclo del carbono. Crea un círculo vicioso que agrava aún más la situación, y que afectará la disponibilidad de recursos imprescindibles como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta. El derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura amenaza con una liberación de alto riesgo de gas metano, y la descomposición de la materia orgánica congelada podría acentuar todavía más la emanación de anhídrido carbónico. A su vez, la pérdida de selvas tropicales empeora las cosas, ya que ayudan a mitigar el cambio climático. La contaminación que produce el anhídrido carbónico aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria marina. Si la actual tendencia continúa, este siglo podría ser testigo de cambios climáticos inauditos y de una destrucción sin precedentes de los ecosistemas, con graves consecuencias para todos nosotros. El crecimiento del nivel del mar, por ejemplo, puede crear situaciones de extrema gravedad si se tiene en cuenta que la cuarta parte de la población mundial vive junto al mar o muy cerca de él, y la mayor parte de las megaciudades están situadas en zonas costeras.

25. El cambio climático es un problema global con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad. Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas, y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección. Por ejemplo, los cambios del clima originan migraciones de animales y vegetales que no siempre pueden adaptarse, y esto a su vez afecta los recursos productivos de los más pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo. La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil.

26. Muchos de aquellos que tienen más recur sos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático. Pero muchos síntomas indican que esos efectos podrán ser cada vez peores si continuamos con los actuales modelos de producción y de consumo. Por eso se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable. En el mundo hay un nivel exiguo de acceso a energías limpias y renovables. Todavía es necesario desarrollar tecnologías adecuadas de acumulación. Sin embargo, en algunos países se han dado avances que comienzan a ser significativos, aunque estén lejos de lograr una proporción importante. También ha habido algunas inversiones en formas de producción y de transporte que consumen menos energía y requieren menos cantidad de materia prima, así como en formas de construcción o de saneamiento de edificios para mejorar su eficiencia energética. Pero estas buenas prácticas están lejos de generalizarse.

En la crisis del compromiso comunitario (50 – 51)

50. Antes de hablar acerca de algunas cuestiones fundamentales relacionadas con la acción evangelizadora, conviene recordar brevemente cuál es el contexto en el cual nos toca vivir y actuar. Hoy suele hablarse de un « exceso de diagnóstico » que no siempre está acompañado de propuestas superadoras y realmente aplicables. Por otra parte, tampoco nos serviría una mirada puramente sociológica, que podría tener pretensiones de abarcar toda la realidad con su metodología de una manera supuestamente neutra y aséptica. Lo que quiero ofrecer va más bien en la línea de un discernimiento evangélico. Es la mirada del discípulo misionero, que se « alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo ».[1]

51. No es función del Papa ofrecer un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea, pero aliento a todas las comunidades a una « siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos ».[2] Se trata de una responsabilidad grave, ya que algunas realidades del presente, si no son bien resueltas, pueden desencadenar procesos de deshumanización difíciles de revertir más adelante. Es preciso esclarecer aquello que pueda ser un fruto del Reino y también aquello que atenta contra el proyecto de Dios. Esto implica no sólo reconocer e interpretar las mociones del buen espíritu y del malo, sino —y aquí radica lo decisivo— elegir las del buen espíritu y rechazar las del malo. Doy por supuestos los diversos análisis que ofrecieron otros documentos del Magisterio universal, así como los que han propuesto los episcopados regionales y nacionales. En esta Exhortación sólo pretendo detenerme brevemente, con una mirada pastoral, en algunos aspectos de la realidad que pueden detener o debilitar los dinamismos de renovación misionera de la Iglesia, sea porque afectan a la vida y a la dignidad del Pueblo de Dios, sea porque inciden también en los sujetos que participan de un modo más directo en las instituciones eclesiales y en tareas evangelizadoras.

[1] Juan PabLo ii, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis (25 marzo 1992), 10: AAS 84 (1992), 673.

[2] PabLo vi, Carta enc. Ecclesiam suam (6 agosto 1964), 19:

AAS 56 (1964), 632.

Dimensiones de la identidad sacerdotal

La realidad sacerdotal, que participamos de Cristo Sacerdote, tiene diversos aspectos o dimensiones que conviene armonizar para evitar dicotomías, tensiones y rupturas. En Cristo encontramos esta realidad sacerdotal, por encima de la terminología humana: es el Hijo de Dios hecho hombre (su ser), que ha venido para asumir la historia humana como propia (su obrar), dando la vida como Buen Pastor (estilo de vida) y ha instituido una comunidad como signo visible suyo y “complemento” o prolongación (su presencia en la comunidad eclesial).

El Papa Pablo VI, al terminar el año de la fe (1968), en un mensaje a los sacerdotes, presentaba cuatro dimensiones del sacerdocio ministerial: dimensión sagrada, apostólica, místico-ascética y eclesial. Las cuatro se complementan y postulan mutuamente. Nosotros las estudiaremos bajo los epígrafes equivalentes de consagración, misión, espiritualidad y comunión.

Te hemos seguido, espiritualidad sacerdotal.

Juan Esquerda Bifet

El trabajo da dignidad

«El trabajo es sagrado» y «da dignidad a una familia». Lo recordó el Papa Francisco en la audiencia general del miércoles 19 de agosto, en el aula Pablo VI, al renovar su llamamiento en defensa de la ocupación y el cuidado de la creación, amenazado cuando el trabajo llega a ser «rehén de la lógica del beneficio».

«La belleza de la tierra y la dignidad del trabajo —indicó al respecto— fueron hechas para estar unidas». La tierra, en efecto, «llega a ser hermosa cuando el hombre la trabaja». Al contrario, en el momento en que «el trabajo se separa de la alianza de Dios con el hombre y la mujer», el abatimiento del alma contamina todo: también el aire, el agua, la hierba, el alimento. De este modo «la vida civil de corrompe y el hábitat se arruina. Y las consecuencias golpean sobre todo a los más pobres».

Para el Papa Francisco «trabajar es propio de la persona humana», porque «expresa su dignidad de ser creada a imagen de Dios». Por ello «la gestión del trabajo es una gran responsabilidad humana y social, que no se puede dejar en manos de unos pocos o cargar sobre un “mercado” divinizado». La pérdida de puestos de trabajo equivale, en efecto, a «un grave daño social», recordó el Papa al confesar: «Me entristece cuando veo que hay gente sin trabajo, que no encuentra trabajo y no tiene la dignidad de llevar el pan a casa. Y me alegro mucho cuando veo que los gobernantes hacen numerosos esfuerzos para encontrar puestos de trabajo y tratar que todos tengan un trabajo». De aquí la invitación a «rezar para que no falte el trabajo en una familia».

Del Pontífice también una denuncia de la moderna organización económica, que «muestra algunas veces una peligrosa tendencia a considerar a la familia un estorbo, un peso, una pasividad para la productividad del trabajo». En este terreno «la familia es un gran punto de verificación». Y «cuando la organización del trabajo la tiene como rehén, o incluso dificulta su camino —advirtió el Papa—, entonces estamos seguros de que la sociedad humana ha comenzado a trabajar en contra de sí misma».