El signo del jubileo

«La salvación no se paga. La salvación no se compra. La Puerta es Jesús, y Jesús es gratis». Retomando el tema del Jubileo en la audiencia general del miércoles 16 de diciembre, el Papa Francisco recomendó a los fieles presentes en la plaza de San Pedro que se acerquen al sacramento de la confesión y que atraviesen con fe las Puertas santas que en este año son auténticas puertas de la misericordia.

El Pontífice, en su reflexión, recordó la apertura que tuvo lugar el domingo precedente de una puerta de la misericordia en todas las catedrales del mundo, con el deseo de que la comunión entre la Iglesia de Roma y las Iglesias particulares llegue a ser cada vez más intensa. Y en ese contexto, añadió, también la fecha inaugural del 8 de diciembre «ha querido subrayar esta exigencia, vinculando, a 50 años de distancia, el inicio del Jubileo con la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II». Este último acontecimiento, por lo demás, «contempló y presentó la Iglesia a la luz del misterio, del misterio de la comunión. Extendida en todo el mundo y articulada en tantas Iglesias particulares», ella «es siempre y sólo la única Iglesia que Jesucristo ha querido». Al respecto, el Papa destacó cómo este misterio de comunión, que hace a la Iglesia signo del amor del Padre, crece y madura «en nuestro corazón» cuando sabemos amar «del mismo modo que nosotros somos amados por Él». Así, pues, con «un Amor sin fin, que tiene el rostro del perdón». El Papa destacó también que «el perdón y la misericordia no deben quedarse en palabras bonitas, sino realizarse en la vida cotidiana». Porque «amar y perdonar son el signo concreto y visible que la fe ha transformado nuestros corazones». De aquí la exhortación a «amar y perdonar como Dios ama y perdona», sin «interrupciones o excepciones».

En especial, como signo del Jubileo, el Pontífice recomendó la confesión. En efecto, dijo, «acercarse al Sacramento con el cual somos reconciliados con Dios equivale a tener experiencia directa de su misericordia. Es encontrar el Padre que perdona» y nos «comprende también en nuestras limitaciones y nos comprende también en nuestras contradicciones».

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