En el signo de la misericordia

«El domingo 13 de diciembre, por primera vez en la historia de los jubileos, se abrirán las Puertas santas en todas las catedrales del mundo». Lo dijo el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, durante la conferencia de prensa para la presentación del Jubileo de la misericordia, que se celebra del 8 de diciembre al 20 de noviembre de 2016. El encuentro tuvo lugar en la Sala de prensa de la Santa Sede, el viernes 4 de diciembre, por la mañana, con la presencia del arzobispo José Octavio Ruiz Arenas y de monseñor Graham Bell, respectivamente secretario y subsecretario de dicho dicasterio.

El arzobispo Fisichella destacó que el deseo del Papa es que el Jubileo de la misericordia «se desarrolle sobre todo en las Iglesias particulares, y es precisamente por esto que quiso abrir la Puerta santa en la catedral de Bangui en la República Centroafricana el domingo pasado, 29 de noviembre, haciendo que se convierta en la capital mundial de la paz e instrumento de misericordia». Un gesto muy significativo que hace comprender «cuánto valor tiene para la vida de la Iglesia este Jubileo extraordinario vivido en la cotidianidad de nuestras comunidades».

A partir del día de la apertura de la Puerta santa, y durante todo el Jubileo, añadió el arzobispo, en la plaza de San Pedro se rezará cada día el rosario junto a la estatua de san Pedro. Lo guiarán por turno algunas parroquias de Roma dedicadas a la Virgen María y los institutos religiosos presentes en Roma con una especial consagración a la Madre de Dios.

El arzobispo destacó luego que este Jubileo es el primero de la era digital, por lo cual adquiere mucha importancia el sitio oficial (www.im.va). Traducido en siete idiomas, permitirá seguir los grandes acontecimientos que tendrán lugar en Roma también a quienes no podrán estar físicamente presentes. En la página web se puede también realizar la inscripción para pasar por la Puerta santa, así como para ser voluntarios. Se ha abierto también otro portal (www.vatimecum.com) promovido por el Consejo pontificio, a través del cual los peregrinos podrán encontrar diversos servicios, comida y alojamiento en Roma, a precios controlados y muchas otras informaciones para vivir el Jubileo.

Víctimas Inocentes

Cada día al menos tres niños mueren en Yemen. En la mayor parte de los casos se trata víctimas de las armas explosivas de largo alcance, a menudo utilizadas en las áreas pobladas. La alarma la lanzó el miércoles 2 de diciembre el Save the Children en un informe que analiza con testimonios y datos, el impacto del conflicto sobre los menores.

images_c870fe1909afa1d4b321a95b72e541d8_2.jpgSon 1.500 los niños que –según los datos– resultaron heridos o muertos al inicio de la espiral de violencia que ha envuelto el país árabe. Actualmente, después de Siria, Yemen tiene el número más alto de víctimas a causa de los combates con armas pesadas en todo el mundo. «El impacto de las armas explosivas sobre los más pequeños, que son físicamente vulnerables, es particularmente grave y a menudo los niños padecen lesiones complejas que requieren tratamientos especiales e intervenciones quirúrgicas extremamente complejas», explica Edwuard Santiago, director de Save the Children en Yemen. Las estructuras hospitalarias y sanitarias «que deberían curarles, sin embargo, a menudo sufren daños o son destruidas por las mismas armas explosivas» y también cuando están, muchas veces no tienen las estructuras médicas suficientes para intervenir ni el carburante necesario para hacer funcionar correctamente las estructuras, a causa del bloqueo en acto de las importaciones, de la inseguridad y de las restricciones a los accesos humanitarios».

Las difíciles condiciones del sistema sanitario del país, destaca la organización, han hecho que 14 millones de personas en Yemen no tengan la posibilidad de recibir vacunas o antibióticos, con el riesgo de morir por enfermedades previsibles como la diarrea, la pulmonía o la malaria.

Iglesia servidora de la misión

«No es la Iglesia la que hace la misión, sino que es la misión la que hace a la Iglesia. Por ello, la misión no es el instrumento, sino el punto de partida y el fin». Es la idea de una «Iglesia servidora de la misión» la que el Papa Francisco propuso a la Congregación para la evangelización de los pueblos, que recibió en audiencia el jueves 3 de diciembre, por la mañana, como conclusión de la asamblea plenaria.

images_fbf8dd8a1ba658c6333c77e9405fc3f9_9.jpgDurante el encuentro en la sala Clementina, el Pontífice quiso recordar ante todo su «primer viaje a África», donde pudo tocar «con la mano el dinamismo espiritual y pastoral de muchas jóvenes Iglesias de ese continente», que va al mismo ritmo con «las graves dificultades en las que vive gran parte de la población». Por lo demás, explicó, «allí donde hay necesidades, casi siempre se cuenta con una presencia de la Iglesia dispuesta a curar las heridas de los más necesitados. Cuántas obras de caridad», comentó al respecto, y «de promoción humana. Cuántos buenos samaritanos anónimos trabajan cada día en las misiones».

Sucesivamente el Papa comentó los resultados de un trabajo realizado por Propaganda fide «para comprender cómo hacer más eficaz la missio ad gentes, considerada la ambigüedad a la cual se ve expuesta hoy en algunas ocasiones la experiencia de fe». En efecto, explicó, el «mundo secularizado, siendo incluso acogedor respecto a los valores evangélicos, no muestra igual disponibilidad hacia Jesús». Y «en esta situación de distanciamiento, la missio ad gentes cumple la función de motor y de horizonte de la fe». Así, pues, siendo que la misión «es una fuerza capaz de transformar a la Iglesia desde dentro antes aún que la vida de los pueblos y de las culturas», el Papa exhortó a hacer «propio el estilo de la missio ad gentes». De modo que el Espíritu Santo pueda transformar «a los fieles rutinarios en discípulos, a los discípulos fríos en misioneros, sacándolos de los miedos y las cerrazones». Así, destacó con un ejemplo, «Pablo y Barnabé no tenían la responsabilidad de llevar adelante el dicasterio misionero. Sin embargo, anunciaron la Palabra, formaron diversas comunidades y derramaron la sangre por el Evangelio». He aquí, entonces, la invitación conclusiva a salir de los recintos y emigrar de los territorios en los que en algunas veces se tiene la tentación de encerrarse en sí mismo.