Respuestas globales para la inmigración

La inmigración es un drama global que necesita respuestas globales. Con esta convicción el presidente estadounidense, Barak Obama, y la canciller alemana, Angela Merkel, concordaron organizar a finales del año una cúmbre mundial sobre la emergencia de la inmigración.

La cumbre se tendrá probablemente en el curso de la Asamblea general de las Naciones Unidas en Nueva York. La iniciativa se discutió ayer en el curso de un coloquio telefónico entre los dos líderes. Obama –subraya la Casa Blanca– ha elogiado a la líder Merkel ante la gestión de los inmigrantes y ha hablado también de los planos de ayuda. En Europa, mientras tanto, se continúa discutiendo sobre la capacidad del sistema Schenghen. La Comisión UE, comunicó el jueves 21 de enero, que en el caso de que el flujo de los que van llegando se convirtiera en el futuro en «una amenaza sistemática y persistente» en las fronteras, se podría tomar en consideración la suspensión del acuerdo de Schenghen por un período de aproximadamente dos años. La situación en este campo sigue siendo dramática. Ascendió a 34 el número de muertos el balance del naufragio de una barcaza ante la isla griega de Kalolimnos. En total, en los dos distintos naufragios ante las costas griegas perdieron la vida 41 personas. No es sino el último episodio de una auténtica hecatombe en el mar que dura ya más de un año.

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Redes de misericordia

«Comunicación y misericordia: un encuentro fecundo». La temática jubilar está en el centro del mensaje del Papa Francisco para la 50ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales, que este año se celebra en muchos países el domingo 8 de mayo.

En el mensaje, presentado en la mañana del viernes 22 de enero, el Pontífice explica que «también los correos electrónicos, los sms, las redes sociales, los chat pueden ser formas de comunicación plenamente humanas», en efecto, «no es la tecnología que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad de usar bien los medios a su disposición».

«La comunicación –escribe el Papa– tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo así la sociedad. Cómo es bello ver personas comprometidas escoger con cuidado palabras y gestos para superar las incomprensiones, curar la memoria herida y construir paz y armonía. Las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales, los pueblos. Y esto, tanto en el campo físico como en el digital. Por lo tanto, palabras y acciones sean las que nos ayuden a salir de los círculos viciosos de las condenas y las venganzas, que continúan haciendo caer en la trampa a los individuos y las naciones, y que llevan a expresarse con mensajes de odio. La palabra del cristiano, en cambio, se propone hacer crecer la comunión y, también cuando debe condenar con firmeza el mal, busca no quebrantar jamás la relación y la comunicación».

Fuente: L’Osservatore Romano

Costumbre fija

Costumbre fija, en hebreo chazaqá, llega a ser cada acto repetido tres veces. Así, después de haber acogido con una bienvenida cordial al Papa Francisco en el templo mayor de Roma, el gran rabino de Roma Riccardo Di Segni supo captar el sentido del tercer encuentro de un Pontífice con la más antigua comunidad de la diáspora judía, la de la ciudad de la que es Obispo. Tres encuentros en treinta años, que podrían parecer pocos, pero que en realidad marcan la progresión global de un acercamiento en verdad histórico, irreversible y, sin embargo, no exento de obstáculos.

En este proceso, una etapa fundamental tuvo lugar hace medio siglo, en las últimas semanas del Vaticano II, cuando se aprobó con amplísima mayoría, sobre todo gracias a la acción paciente y tenaz de Pablo VI y de sus colaboradores más estrechos, la declaración Nostra aetate. El texto, tan breve como importante, ha alimentado efectivamente las nuevas relaciones de la Iglesia católica con las religiones no cristianas y, en particular, con la raíz santa del judaísmo, ya descrita por Pablo en la Carta a los romanos.

Desde entonces, el conocimiento y la amistad se han profundizado cada vez más. Gracias a figuras como el gran rabino Elio Toaff y Juan Pablo II, protagonistas de la primera visita de un Papa a la sinagoga más grande de la ciudad recordados juntos por la presidenta de la comunidad romana Ruth Dureghello, que después quiso enviar un saludo a Benedicto XVI, quien contribuyó muchísimo a este acercamiento. Con ellos, numerosísimas han sido y son las personas sin las cuales estas nuevas relaciones no serían posibles.

Pero no hay que detenerse. Lo requieren muchas situaciones donde el nombre de Dios es profanado por quien asesina tomando como pretexto su nombre y blasfemando contra él. Pero lo exige, sobre todo, la historia casi bimilenaria de judíos y cristianos porque, como destacó el presidente de la Unión de las comunidades judías italianas, Renzo Gattegna, es necesario que el conocimiento de los múltiples progresos en esta nueva relación no permanezca circunscrito «a los vértices religiosos y culturales», sino que se difunda más ampliamente.

Y precisamente el testimonio de una amistad auténtica y la voluntad de cuidar estas relaciones fueron reafirmados por el Papa: «Ya en Buenos Aires solía ir a las sinagogas y encontrarme con las comunidades reunidas allí, seguir de cerca las fiestas y las conmemoraciones judías y dar gracias al Señor, que nos dona la vida y nos acompaña en el camino de la historia», dijo Bergoglio. Ampliando inmediatamente después la célebre definición usada por Juan Pablo II: «Vosotros sois nuestros hermanos y nuestras hermanas mayores en la fe. Todos pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, que nos acompaña y nos protege como su pueblo».

Por eso el documento por los cincuenta años de la Nostra aetate reafirmó «el vínculo indisoluble que une a cristianos y judíos», mientras «la Iglesia, aun profesando la salvación a través de la fe en Cristo, reconoce la irrevocabilidad de la Antigua Alianza y el amor constante y fiel de Dios por Israel», dijo el Papa. Que concluyó pidiendo una oración común para que el Señor «guíe nuestro camino hacia un futuro bueno».

Fuente: L’Osservatore Romano

Papa Francisco: “¡No se olviden de los pobres!”

Al Profesor Klaus Schwab

Presidente Ejecutivo del Fórum Económico Mundial

Ante todo, quisiera darle las gracias por su amable invitación a dirigirme a la convención anual del Fórum Económico Mundial, que tendrá lugar en Davos-Klosters, a finales de enero, sobre el tema «El Dominio de la Cuarta Revolución Industrial». Le hago presente mis mejores deseos por la fecundidad de este encuentro, que busca incentivar la continuidad social y la responsabilidad ambiental, por medio de un diálogo constructivo entre el gobierno, líderes empresariales y cívicos, así como también con distinguidos representantes de los sectores políticos, financieros y culturales.

Los albores de la así llamada «cuarta revolución industrial» han sido acompañados por una creciente sensación de la inevitabilidad de una drástica reducción del número de puestos de trabajo. Los últimos estudios conducidos por la Organización Internacional del Trabajo indican que, en la actualidad, el desempleo afecta a cientos de millones de personas. La «financialización» y la «tecnologización» de las economías globales y nacionales, han producido cambios de gran envergadura en el campo del trabajo. Menos oportunidades para un empleo satisfactorio y digno, conjugado con la reducción de la seguridad social, están causando un inquietante aumento de desigualdad y pobreza en diferentes países. Hay una clara necesidad de crear nuevas formas de actividad empresarial que, mientras fomentan el desarrollo de tecnologías avanzadas, sean también capaces de utilizarlas para crear trabajo digno para todos, sostener y consolidar los derechos sociales y proteger el medioambiente. Es el hombre quien debe guiar el desarrollo tecnológico, sin dejarse dominar por él.

A todos ustedes me dirijo una vez más: ¡No se olviden de los pobres! Este es el principal desafío que tienen ustedes, como líderes en el mundo de los negocios. «Quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial humano, cultural, económico y social» (Encuentro con la Clase Dirigente y con el Cuerpo Diplomático, Bangui, 29 noviembre 2015).

Nunca debemos permitir que «la cultura del bienestar nos anestesie», volviéndonos incapaces de «compadecernos ante los clamores de los otros, de no llorar ante el drama de los demás ni de interesarnos de cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (Evangelium gaudium, 54).

Llorar por la miseria de los demás no significa sólo compartir sus sufrimientos, sino también y sobre todo, tomar conciencia que nuestras propias acciones son una de las causas de la injusticia y la desigualdad. «Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (Bula de indicción del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Misericordia vultus, 15).

Una vez que tomamos conciencia de esto, llegamos a ser humanos más plenos, pues nuestra responsabilidad para con nuestros hermanos y hermanas es una parte esencial de nuestra humanidad común. No tengan miedo de abrir su mente y su corazón a los pobres. De este modo, ustedes podrán dar rienda suelta a sus talentos económicos y técnicos, y descubrir la felicidad de una vida plena, que no les puede proporcionar el solo consumismo.

Frente a los profundos cambios que marcan época, los líderes mundiales se enfrentan al reto de garantizar que la futura «cuarta revolución industrial», resultado de la robótica y de las innovaciones científicas y tecnológicas, no conduzca a la destrucción de la persona humana —remplazada por una máquina sin alma—, o a la transformación de nuestro planeta en un jardín vacío para el disfrute de unos pocos elegidos.

Por el contrario, el momento actual proporciona una valiosa oportunidad para guiar y gobernar el proceso ahora en curso, y construir sociedades inclusivas basadas en el respeto por la dignidad humana, la tolerancia, la compasión y la misericordia. Les insto, pues, a afrontar de nuevo el diálogo sobre cómo construir el futuro del planeta, «nuestra casa común», y exhorto a ustedes a hacer un esfuerzo unido para lograr un desarrollo sostenible e integral.

Como he señalado muchas veces, y lo reitero ahora con mucho gusto, la actividad empresarial es «una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos», especialmente «si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común» (Laudato si’, 129). Como tal, tiene la responsabilidad de ayudar a superar la compleja crisis de la sociedad y del medio ambiente, y luchar contra la pobreza. Esto hará que sea posible mejorar la precaria condición de vida de millones de personas y cerrar la brecha que da lugar a numerosas injusticias, que erosiona los valores fundamentales de la sociedad, como la igualdad, la justicia y la solidaridad.

De este modo, a través del recurso privilegiado al diálogo, el Foro Económico Mundial puede convertirse en una plataforma para la defensa y protección de la creación, como también para la consecución de «un progreso más sano, más humano, más social, más integral» (Laudato si’, 112), teniendo además debidamente en cuenta los objetivos ambientales y la necesidad de maximizar los esfuerzos para erradicar la pobreza, como se establece en el Programa para el Desarrollo Sostenible de 2030 y en el Acuerdo de París establecido en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Señor Presidente, renovando mis mejores deseos para el éxito de la próxima reunión en Davos, invoco sobre Ud. y sobre todos los participantes en el Foro, junto con sus familias, la abundante bendición de Dios.

Vaticano, el 30 de diciembre de 2015

(Mensaje del Papa Francisco)