Francisco en la sinagoga de Roma

El domingo 17 de enero, día en el que Italia celebra el diálogo entre católicos y judíos, el Papa Francisco visita la Sinagoga de Roma para dar testimonio del crecimiento progresivo e irreversible del conocimiento mutuo y la amistad.

Exactamente seis años después de la visita de Benedicto XVI, Francisco es el tercer Papa que visita la que es una de las sinagogas más antiguas de Europa. De hecho, hace treinta años, el 13 de abril de 1986, Juan Pablo II, recibido por el gran rabino Elio Toaff, encontró por primera vez a los judíos romanos, dando un fuerte impulso a las relaciones entre las dos comunidades. Relaciones sobre las que incidió especialmente la declaración conciliar Nostra Aetate, deseada por el Papa Pablo VI y de la que hace unas semanas se recordó el cincuentenario. La visita dará inicio el domingo por la tarde con el recuerdo de dos heridas infligidas en el siglo pasado a la comunidad más antiguas de la diáspora judía: Francisco visitará primero la lápida marcada con una fecha, el16 de octubre de 1943, día en que las SS invadieron el gueto y deportaron a 1.024 judíos romanos al campo de exterminio de Auschwitz; a continuación, el Pontífice e dirigirá al lugar que conmemora el ataque terrorista de 1982 que causó la muerte del pequeño Stefano Gay Tache e hirió a 37 judíos romanos. Significativo será el homenaje a las víctimas y sus familiares y las palabras que el Papa pronunciará en el interior de la sinagoga. En una época en la que toda la comunidad humana continúa siendo golpeada por el odio que nace del racismo y usa el nombre de Dios para matar, el fraternal encuentro entre católicos y judíos le dice al mundo que en el nombre de Dios se vive el diálogo y se da testimonio de la paz.

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Que Dios convierta los corazones de los violentos

«Que Dios convierta los corazones de los violentos»: es el llamamiento lanzado por el Papa Francisco tras el trágico atentado terrorista en Estambul. El Pontífice concluyó su audiencia general del miércoles 13 de enero instando a los fieles presentes en el Aula Pablo VI a rezar por las víctimas de la masacre. «Que el Señor, el misericordioso —dijo— dé paz eterna a los muertos,consuelo a los familiares, solidaridad firme a toda la sociedad».

Previamente, iniciando una nueva serie de catequesis sobre «la misericordia en la perspectiva bíblica», el Papa había recordado algunos pasajes del Antiguo Testamento, en particular del libro del Éxodo en el que Dios, al revelarse a Moisés se autodefine «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad». Palabras que —señaló— evocan «una actitud de ternura como la de una madre con su hijo».Y sugieren la imagen de «un Dios que se conmueve y se enternece por nosotros», con un amor que «se puede definir en el buen sentido “visceral”».

Después, recordando la parábola del padre que acoge al hijo pródigo, Francisco habló de la misericordia como «fiesta» e indicó en la «compasión» y en la «capacidad de soportar» dos aspectos fundamentales de la acción de Dios descrita en las Sagradas escrituras. El Señor —añadió— «se proclama “rico en clemencia y lealtad”»: una definición en la que se manifiesta el rostro misericordioso de un Padre que da siempre «el primer paso» y va al encuentro de «nosotros así pequeños, así incapaces». No con un amor «de telenovela», pero con «la solicitud divina a la que nada puede detener, ni siquiera el pecado, porque sabe ir más allá del pecado, vencer el mal y perdonarlo».

«Este Dios misericordioso es fiel en su misericordia», reiteró en su conclusión el Pontífice, recordando el testimonio de san Pablo: «si tú le eres infiel, Él permanecerá fiel porque no puede negarse a sí mismo» ya que «la fidelidad en la misericordia es el ser de Dios». Y por esto Él «es totalmente y siempre confiable. Una presencia sólida y estable. Esta es la certeza de nuestra fe».

Fuente: L’Osservatore Romano

Llamados por nombre

«Construir todos los días, incluso en las pequeñas cosas, un mundo de paz»: ésta es la tarea que el Papa confió a los participantes en el jubileo de los jóvenes, programada del 23 al 25 de abril. A ellos Francisco se dirige con un mensaje: «Quisiera llamaros uno a uno, quisiera llamaros por vuestro nombre, como hace Jesús todos los días, porque sabéis bien que vuestros nombres están escritos en el cielo».

En el mensaje el Pontífice recuerda que el jubileo es una fiesta a la que todos están llamados — «sin distinciones ni excepciones»— e invita a los jóvenes a participar en gran número en las jornadas del próximo mes de abril, que se centrarán en el tema «Crecer misericordiosos como el Padre». En este sentido Francisco les recomienda que se preparen para ser «cristianos capaces de tomar decisiones y gestos valientes», permaneciendo «estables en el camino de la fe » y valientes para «ir contra corriente».

«No me olvido de vosotros —escribe entre otras cosas— chicos y chicas que vivís en situaciones de guerra, de pobreza extrema, de penurias cotidianas, de abandono». La recomendación es de no perder la esperanza, porque — asegura— «el Señor tiene un gran sueño que quiere hacer realidad con vosotros». El Papa hizo un fuerte llamamiento al rechazo de la lógica del conflicto y la violencia: «No creáis a las palabras de odio y terror que se repiten a menudo; por el contrario, construid nuevas amistades. Ofreced vuestro tiempo, preocupaos siempre de quienes os piden ayuda».

Como conclusión, Francisco pide a todos participar en la experiencia jubilar, también haciendo la peregrinación en las Iglesias locales. «No preparéis sólo mochilas y pancartas —exhorta— preparad especialmente vuestro corazón y vuestra mentes». Y «cuando atraveséis la Puerta Santa, recordad que os comprometéis a hacer santa vuestra vida, a alimentaros del Evangelio y la Eucaristía, que son la Palabra y el Pan de la vida, para poder construir un mundo más justo y fraterno».

Fuente: L’Osservatore Romano