Nuevos caminos de reconciliación

Para el Papa Francisco el resultado del referéndum del «Brexit» —donde el 51,9 por ciento de los ciudadanos británicos se pronunciaron a favor de salir de la UE— «es la voluntad expresada por el pueblo».

Durante el vuelo hacia Ereván, donde el viernes 24 de junio, por la mañana, tuvo inicio el viaje a Armenia, el Pontífice comentó brevemente con los periodistas el resultado de la consulta, destacando que esto «nos pide a todos nosotros actuar con gran responsabilidad para garantizar el bien del pueblo del Reino Unido y también el bien y la convivencia de todo el continente europeo». El Pontífice habló también del acuerdo sobre el cese del fuego entre Colombia y las Farc, que puso fin a más de medio siglo de conflicto armado. «Me siento muy feliz por la noticia que me llegó ayer. Son más de cincuenta años de guerra, de guerrilla, de tanta sangre derramada. Es una hermosa noticia» afirmó, añadiendo el deseo que «los países que han trabajado para conseguir la paz y que garantizan que ese proceso avance, lo “blinden”, hasta el punto de que sea imposible volver otra vez, por ningún motivo interno o externo, a un estado de guerra».

Y el tema de la reconciliación estuvo también en el centro del primer discurso pronunciado por el Papa en tierra armenia. Tras abandonar el aeropuerto de la capital, Francisco —que iba acompañado por el patriarca Karekin II, catholicós de todos los armenios— se dirigió a la catedral armenia apostólica de Santa Echmiadzín para un momento de oración. Durante la celebración, respondiendo al saludo del catholicós, el Pontífice recordó la urgencia de un «testimonio de mutua estima y cooperación fraterna» por parte de todos los creyentes ante un mundo «marcado por las divisiones y los conflictos, así como por formas graves de pobreza material y espiritual». Después de rendir homenaje a la «fe que confirió a Armenia su identidad peculiar y la hizo mensajera de Cristo entre las naciones», Francisco acentuó que el «espíritu ecuménico» puede convertirse para todos en «una fuerte llamada a componer las divergencias mediante el diálogo y la valorización de lo que une». De este modo el testimonio de los cristianos —aseguró el Papa— «muestra a todas las personas de buena voluntad, y a toda la sociedad, una vía concreta y factible para armonizar los conflictos que desgarran la vida civil y producen divisiones difíciles de sanar».

Fuente: L’Osservatore Romano

Nunca más tragedias e indiferencia

«Que nunca más existan tragedias como esta»: encierran un llamamiento y una esperanza las palabras escritas por el Papa Francisco al término de la visita al memorial armenio del «Gran Mal». Un largo rato el Pontífice permaneció en oración ante la llama perenne que arde sobre la explanada de Tzitzenakaberd en recuerdo de las víctimas del exterminio sufrido por este pueblo bajo el imperio otomano a inicios del siglo XX. Luego dejó en las páginas del libro de honor de los visitantes su deseo: «Que la humanidad no olvide —escribió— y sepa vencer con el bien el mal. Que Dios conceda al amado pueblo armenio y al mundo entero paz y consuelo».

La visita, con expresión de dolor y conmovedora, en el lugar que custodia la memoria herida de la nación armenia abrió la segunda jornada del viaje papal, que siguió luego con la misa celebrada, también el sábado 25 de junio por la mañana en Gyumri, corazón de la comunidad católica del país, cerca de la frontera turca. Pero el drama del Metz Yeghérn ya había sido recordado por Francisco con palabras fuertes en el discurso pronunciado el viernes por la tarde durante el encuentro con el presidente de la República y las autoridades políticas, diplomáticas y civiles en Ereván. Aquella tragedia —indicada por el Papa como la primera de la «triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado»— sigue siendo, en efecto, muestra de todas las aberraciones por motivos «raciales, ideológicos o religiosos» que en el siglo XX impulsaron las manos de muchos «verdugos» que se proponían la «aniquilación de poblaciones enteras». Y es «muy triste que las grandes potencias miraban hacia otro lado», recordó con amargura el Pontífice. La lección sigue siendo actual. Y teniendo precisamente ante los ojos «los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder», Francisco lanzó un nuevo llamamiento de paz a la humanidad, deseando que la misma busque siempre la senda del diálogo y «sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores».

Fuente: L’Osservatore Romano