Revelación de la ternura de Dios

«La Iglesia nos muestra hoy a dos hijos suyos que son testigos ejemplares» del misterio de resurrección de Cristo, en el cual «la ternura de Dios se revela plenamente»: son los rasgos espirituales de los santos Estanislao de Jesús María Papczyński y de María Isabel Hesselblad, trazados por el Papa Francisco durante la misa con ocasión de su canonización, celebrada el 5 de junio en una plaza de San Pedro abarrotada de fieles sobre todo polacos y suecos.

Comentando en la homilía las lecturas del décimo domingo del tiempo ordinario, el Pontífice puso de relieve cómo la Palabra de Dios del día reconduce «al acontecimiento central de la fe: la victoria de Dios sobre el dolor y la muerte. Es el Evangelio de la esperanza —explicó— que surge del Misterio Pascual de Cristo, que se irradia desde su rostro, revelador de Dios Padre y consolador de los afligidos». Y es al mismo tiempo una invitación «a permanecer íntimamente unidos a la pasión de nuestro Señor Jesús, para que se manifieste en nosotros el poder de su resurrección». Por lo demás, destacó Francisco, «en la Pasión de Cristo está la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte». Pero los cristianos saben que «se trata de no escapar de la cruz, sino de permanecer ahí, como hizo la Virgen Madre, que sufriendo junto a Jesús recibió la gracia de esperar contra toda esperanza». Y esta, añadió el Papa, fue también la experiencia de Estanislao de Jesús María (1631-1701) y de María Isabel Hesselblad (1870-1957), que «han permanecido íntimamente unidos a la pasión de Jesús y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrección».

Ambos religiosos fundadores de nuevas realidades religiosas —los Clérigos marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María y de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida—, el primero fue valiente defensor de la ortodoxia de la fe y la segunda de la pertenencia a la comunidad luterana se acercó después de un sufrido camino a la Iglesia católica. Para festejarlos llegaron numerosos a Roma sobre todo de sus países de origen —Polonia y Suecia— con delegaciones encabezadas respectivamente por el presidente de la República y por el ministro de la cultura.

Fuente: L’Osservatore Romano

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