Nunca más tragedias e indiferencia

«Que nunca más existan tragedias como esta»: encierran un llamamiento y una esperanza las palabras escritas por el Papa Francisco al término de la visita al memorial armenio del «Gran Mal». Un largo rato el Pontífice permaneció en oración ante la llama perenne que arde sobre la explanada de Tzitzenakaberd en recuerdo de las víctimas del exterminio sufrido por este pueblo bajo el imperio otomano a inicios del siglo XX. Luego dejó en las páginas del libro de honor de los visitantes su deseo: «Que la humanidad no olvide —escribió— y sepa vencer con el bien el mal. Que Dios conceda al amado pueblo armenio y al mundo entero paz y consuelo».

La visita, con expresión de dolor y conmovedora, en el lugar que custodia la memoria herida de la nación armenia abrió la segunda jornada del viaje papal, que siguió luego con la misa celebrada, también el sábado 25 de junio por la mañana en Gyumri, corazón de la comunidad católica del país, cerca de la frontera turca. Pero el drama del Metz Yeghérn ya había sido recordado por Francisco con palabras fuertes en el discurso pronunciado el viernes por la tarde durante el encuentro con el presidente de la República y las autoridades políticas, diplomáticas y civiles en Ereván. Aquella tragedia —indicada por el Papa como la primera de la «triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado»— sigue siendo, en efecto, muestra de todas las aberraciones por motivos «raciales, ideológicos o religiosos» que en el siglo XX impulsaron las manos de muchos «verdugos» que se proponían la «aniquilación de poblaciones enteras». Y es «muy triste que las grandes potencias miraban hacia otro lado», recordó con amargura el Pontífice. La lección sigue siendo actual. Y teniendo precisamente ante los ojos «los terribles efectos que en el siglo pasado causaron el odio, los prejuicios y el deseo desenfrenado de poder», Francisco lanzó un nuevo llamamiento de paz a la humanidad, deseando que la misma busque siempre la senda del diálogo y «sea capaz de aprender de esas trágicas experiencias a actuar con responsabilidad y sabiduría para evitar el peligro de volver a caer en tales horrores».

Fuente: L’Osservatore Romano

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