Camino de misericordia

El Papa encuentra a todos los jóvenes de todo el mundo en Cracovia, la ciudad de san Juan Pablo II, ideador de las gmg. ¿Retomará los temas principales del magisterio de Karol Wojtyła para los jóvenes?

Papa Francisco seguirá por el mismo camino iniciado por Juan Pablo II y luego, naturalmente, recorrido también por Benedicto XVI. Un camino con los jóvenes, un camino de fe, esperanza y caridad. Un camino que tiene una meta, y la meta es siempre la misma, y eso quiere decir el encuentro con Jescristo y la propuesta que el Papa continuará haciendo a todos los jóvenes que participen en la Jornada Mundial. Un camino que tiene un mapa y este mapa es el Evangelio, y la enseñanza, el Magisterio de la Iglesia, y que tiene también un pan, un nutrimento, que es la Eucaristía. De manera que cambian los escenarios, obviamente son distintos, distintos continentes, distintos países, pero podemos decir que, el camino continúa.

Cracovia es también la ciudad de santa Faustina Kowalska, la Apóstol de la divina misericordia. El paso por la puerta santa en Łagiewniki será uno de los momentos fuertes de este jubileo?

Por supuesto, justo por la dimesión que le une con el tema de la divina misericordia. El Papa lo ha dicho claramente, también en el mensaje dirigido a los jóvenes que participarán, que este paso será un ir hacia Jesucristo y será un dejarse mirar por él, un encontrar su mirada misericordiosa, para poderle decir con toda confianza, entregándose a él, la oración que nos enseñó Faustina, «Jesús, confío en tí».

Los horrores de Auschwitz y Birkenau y el dolor de los pequeños enfermos del hospital pediátrico de Cracovia. ¿Tocando los sufrimientos de ayer y de hoy, el Papa recordará el testimonio de quien ha dado la vida por los demás, como san Maximiliano Kolbe?

Es interesante que el Papa, desde el principio, cuando se estaba programando este viaje, haya querido estos dos momentos, que yo definiría un poco el lugar de horror y el lugar del dolor. El lugar del horror de Auschwitz, Birkenau, el testimonio de san Maximiliano Kolbe, el holocausto del pueblo judío, es difícil imaginar más horror que este. Y es una presencia que significa sobre todo una llamada, será una llamada silenciosa, porque el Papa no hará discursos en esa circunstancia, yo creo que ante los horrores, el silencio es a veces más elocuente que las palabras mismas. Y el recuerdo de todas estas víctimas del odio y de la locura humana, para recordar que también hoy, desgraciadamente, existen situaciones de violencia, de desprecio de la vida humana, de desprecio de la persona, situaciones en las cuales se fomenta la división, situaciones en las cuales se usa el terror, el terrorismo, por intereses personales o intereses económicos y políticos creados. Y por otra parte el aspecto del hospital como cercanía al dolor de las personas. El Papa nos recuerda a menudo que la Iglesia debe ser cercana, la Iglesia debe ser el prójimo de todos aquellos que sufren. ¿Quién más que los niños enfermos se encuentra en esta situación de necesidad de tener a alguien cercano, como buen samaritano? creo que la visita al hospital tenga justo este significado. el Papa ha hecho otras. Recuerdo que en Méjico, me parece, cuando visitó otro hospital pediátrico habló de la terapia del afecto, la afecto-terapia. Pues bien, aquí también, por supuesto, usará la misma terapia y nos invitará a todos nosotros a realizarla, con estos niños y con quienes sufren

Alessandro Di Bussolo

Fuente: L’Osservatore Romano

Violencia contra los inocentes

«Durante estas horas, una vez más, nuestro ánimo es sacudido por las tristes noticias relativas a los deplorables actos de terrorismo y violencia, que han causado dolor y muerte». En el ángelus de la mañana del domingo 24 de julio, el Papa Francisco rezó por las víctimas de los «dramáticos eventos», como él mismo definió los de Múnich en Alemania y los de Kabul en Afganistán, en los cuales «perdieron la vida numerosas personas inocentes». Manifestó su cercanía «a los familiares de las victimas y a los heridos», invitó a los fieles presentes en la plaza de San Pedro a unirse a su oración, «para que el Señor inspire a todos, propósitos de bien y fraternidad». Porque, explicó Francisco, «Cuanto más parecen insuperables las dificultades y oscuras las perspectivas de seguridad y de paz, más insistente debe ser nuestra oración».

Anteriormente, un telegrama en alemán firmado por el cardenal Pietro Parolín, secretario de Estado, dirigido al arzobispo de Múnich y Frisinga, el cardenal Reinhard Marx, el Pontífice había comunicado haber «recibido con consternación las noticias del terrible acto de violencia acaecido» en la ciudad bávara,«en la cual diversas personas, entre las cuales, sobre todo jóvenes, encontraron la muerte y muchas otras fueron gravemente heridas». Compartiendo el dolor de los supervivientes y expresándoles su cercanía en el sufrimiento, en el mensaje de pésame, el Papa ha encomendado «a los difuntos a la misericordia de Dios» y manifestado su «profunda participación en el dolor de todos aquellos que han sido atacados en este atentado», agradeciendo al mismo tiempo «a las fuerzas de socorro y del orden su esfuerzo atento y generoso».

Pero gracias a la inmediatez de las redes sociales, la tarde del sábado 23, el Papa ya había escrito en su cuenta de Instagram @Franciscus: «Rezo por todas las víctimas del terrorismo en el mundo, Por favor, – imploró – ¡no más terrorismo! ¡es un callejón sin salida!». En la imagen, las manos unidas del Pontífice en oración.

Pero del mundo llegan también señales de esperanza que hacen de contraposición al clima plomizo de estos días: la primera de todos es la alegría de los jóvenes de los cinco continentes que están empezando a llegar a Cracovia, sede de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud.«Yo también – recordó al finalizar el ángelus dominical – partiré el próximo miércoles, para encontrar a estos chicos y chicas y celebrar con ellos y para ellos el Jubileo de la Misericordia, con la intercesión de san Juan Pablo II»

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

El Evangelio de este domingo (Lc 11,1-13) se abre con la escena de Jesús rezando solo, apartado; cuando termina, los discípulos le piden: «Señor, enséñanos a rezar» (v. 1); y él responde: «cuando recen, digan: «Padre…» (v. 2). Esta palabra es el «secreto» de la oración de Jesús, es la llave que él mismo nos da para que podamos entrar también en esa relación de diálogo confidencial con el Padre que le ha acompañado y sostenido toda su vida.

Al apelativo «Padre» Jesús asocia dos peticiones: «sea santificado tu nombre, venga a nosotros tu reino» (v. 2). La oración de Jesús y, por lo tanto, la oración cristiana, es antes que nada, un dejar sitio a Dios, permitiendo que manifieste su santidad en nosotros y haciendo que avance su reino, a partir de la posibilidad de ejercer su señoría de amor en nuestra vida.

Otras tres súplicas completan esta oración que Jesús nos enseña, el «Padre Nuestro». Son tres peticiones que expresan nuestras necesidades fundamentales: el pan, el perdón y la ayuda ante las tentaciones (cfr vv. 3-4). No se puede vivir sin pan, no se puede vivir sin perdón y no se puede vivir sin la ayuda de Dios ante las tentaciones. El pan que Jesús nos hace pedir es el necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, el justo, un pan que no se acumula y no se desperdicia, que no pes en nuestra marcha. El perdón es, ante todo, aquello que nosotros mismos recibimos de Dios: sólo la conciencia de ser pecadores perdonados por la infinita misericordia divina, puede hacernos capaces de cumplir gestos concretos de reconciliación fraterna. Si una persona no se siente pecador perdonado, nunca podrá cumplir un gesto de perdón o reconciliación. Se comienza desde el corazón donde uno se siente pecador perdonado. La última petición, «no nos dejes caer en la tentación», expresa la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción. Todos conocemos ¡qué es una tentación!.

La enseñanza de Jesús sobre la oración prosigue con dos parábolas, con las cuales toma como modelo la actitud de un amigo respecto a otro amigo y la de un padre hacia su hijo (cfr vv. 5-12). Amabas nos quieren enseñar a tener plena confianza en Dios, que es Padre. Él conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades, pero quiere que se las presentemos audacia y con insistencia, porque este es nuestro modo de participar en su obra de salvación. ¡La oración es el primer y principal «instrumento de trabajo» que tenemos en nuestras manos!, insistir a Dios no sirve para convencerle, sino para reforzar nuestra fe y nuestra paciencia, es decir, nuestra capacidad de luchar junto a Dios por cosas realmente importantes y necesarias. En la oración somos dos: Dios y yo luchando juntos por las cosas importantes.

Entre estas, hay una, la gran cosa importante que Jesús dice hoy en el Evangelio,pero que casi nunca pedimos, y es el Espíritu Santo.«¡dame el Espíritu Santo!». Y Jesús lo dice:«Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!» (v. 13). ¡El Espíritu Santo!, debemos pedir que el Espíritu Santo venga a nosotros. Pero, ¿para qué sirve el Espíritu Santo? Sirve para vivir bien, para vivir con sabiduría y amor, cumpliendo la voluntad de Dios. ¡Qué bonita oración sería, esta semana, si cada uno de nosotros pidiese al Padre: «Padre, dame el Espíritu Santo»!.La Virgen nos lo demuestra con su existencia, toda ella animada por el Espíritu Santo.

Apelación

Durante estas horas, una vez más, nuestro ánimo es sacudido por las tristes noticias relativas a los deplorables actos de terrorismo y violencia, que han causado dolor y muerte. Pienso en los dramáticos eventos de Múnich, en Alemania y de Kabul en Afganistán, en los cuales han perdido la vida numerosas personas inocentes.

Manifiesto mi cercanía a los familiares de las victimas y heridos. Les invito a unirse a mi oración, para que el Señor inspire todos los propósitos de bien y fraternidad. Cuanto más parecen insuperables las dificultades y oscuras las perspectivas de seguridad y de paz, más insistente debe ser nuestra oración.

Después del ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

durante estos días, muchos jóvenes, provenientes de todas partes del mundo, se están encaminando hacia Cracovia, donde tendrá lugar la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. Yo también partiré el próximo miércoles, para encontrar a estos chicos y chicas y celebrar con ellos y para ellos el Jubileo de la Misericordia, con la intercesión de san Juan Pablo II. Les pido que nos acompañen con la oración. Desde ahora mando mi saludo y agradecimiento a todos aquellos que están trabajando para acoger a los jóvenes peregrinos, con numerosos obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos.

Un recuerdo especial para sus muchísimos coetáneos que, no pudiendo estar presentes en persona, seguirán el evento a través de los medios de comunicación. ¡Estaremos todos unidos en la oración!.

Y ahora les saludo a ustedes, queridos peregrinos provenientes de Italia y de otros países. En particular, a los provenientes de San Pablo y de São João de Boa Vista en Brasil; la coral «Giuseppe Denti» de Cremona; y a los participantes en la peregrinación en bicicleta desde Piumazzo a Roma, enriquecida por el compromiso de solidaridad. Saludo a los jóvenes de Valperga y Pertusio Canavese, Turín: para continúen intentando vivir y no fingiendo vivir, como han escrito en su camiseta.

Mujer del deseo

María Magdalena es una de las figuras femeninas más intrigantes para quien lee las Escrituras. Lo escribe Enzo Bianchi añadiendo que está presente en todos los evangelios junto a las otras discípulas de Jesús, mujeres de Galilea, es san Juan quien subraya su papel como mujer cercana al Señor y primer testigo de su resurrección. Es significativo que en el cuarto evangelio aparezca junto a la cruz con la madre de Jesús, la hermana de la madre, María de Cleofás, y el discípulo amado del Señor. En la hora de Jesús, en la hora de la elevación del Hijo del hombre (cf. Jn, 3, 14; 8, 28) y su glorificación (cf. Jn, 12, 23), bajo la cruz se hallan presentes los amigos del Señor, los que están unidos a él por el amor y ahora han sido llamados para ser la comunidad de Jesús, con la escandalosa ausencia de todos los discípulos, menos uno.

Ahora María Magdalena está ahí, bajo la cruz, en la hora extrema de la vida de Jesús (cf. Jn, 19, 25), mientras los demás discípulos han huido, abandonándolo. Precisamente ella y el discípulo amado son los únicos testigos de la muerte de Jesús y su resurrección. En la cruz no dice nada y no hace nada, pero el tercer día después de la muerte, es decir, el primer día de la semana judía, de madrugada, cuando aún estaba oscuro, María va al sepulcro (cf. Jn, 20, 1-2.11-18). Según el cuarto evangelista, la suya es una iniciativa personal, pero en realidad el hecho de ir a la tumba, como figura típica y ejemplar, también representa a las demás mujeres que, según los evangelios sinópticos, también fueron con ella; por eso habla en plural, también en su nombre: «No sabemos dónde le han puesto».

Sin embargo hay que reconocer que, si es verdad que María Magdalena se ha ganado en Oriente el título de «isapóstolos», es decir, «igual que un apóstol», y en Occidente el de «apóstol de los apóstoles», en realidad nunca se le ha reconocido ningún valor eclesial, ni ninguna calidad ministerial. Nos hallamos muy lejos de habernos tomado en serio las palabras de Rabano Mauro, un monje y obispo que vivió entre los siglos VIII y IX, el cual, en su biografía de María de Magdala (Vida de santa María Magdalena, 26-27), comenta la aparición a María de Jesús resucitado, subrayando que este hecho le confiere a esta mujer discípula una función decisiva en la Iglesia: «María cree en el Cristo, encontrando su fe en él al escuchar la deseada voz del Señor, y con su presencia tan deseada (…) Creyó firmemente que el Cristo, hijo de Dios, que ella vio resucitado, era el verdadero Dios, aquel que ella había amado cuando estaba vivo; que verdaderamente había resucitado de entre los muertos, aquel al que había visto morir (…) El Salvador, convencido de que el de María era un purísimo amor, (…) la eligió apóstol de su ascensión (…) como poco antes la había erigido en evangelista de la resurrección (…) Ella, elevada a tan alta dignidad de honor y de gracia por el mismo hijo de Dios y salvador nuestro, (…) no dudó en ejercer el ministerio de apóstol con el cual había sido honrada (…) María, con sus co-apóstoles, anunció el Evangelio de la resurrección de Cristo con las palabras: «He visto al Señor» (Jn, 20, 18), y profetizó su ascensión con las palabras: «Subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn, 20, 17)».

Una Europa fuerte en la OTAN

Frente europeo oriental, crisis siria, emergencia de refugiados, cuestión ucrania, lucha contra el así llamado Estado Islámico (IS).

Son estos los principales informes del vértice OTAN, en curso en Varsovia. Pero todo parece llevarse a cabo a la sombra del brexit. Las primeras palabras del presidente de Estados Unidos, Barak Obama, a la llegada a esta cumbre que es la última de su presidencia, tienen que ver, en efecto, el futuro del viejo continente tomando en consideración la salida del Reino Unido de al UE. Obama afirma que «Europa unida es una de las más grandes conquistas de los tiempos modernos» y añada que «debe ser preservada».

Y destaca que «Estados Unidos tienen interés en una UE fuerte y democrática» y, sobre todo, pide «tiempos rápidos» para el proceso de separación de Londres, poniendo en guardia contra negociaciones conflictivas y largas. No es casualidad que el primer encuentro de Obama sea con Donald Tusk y Jean-Claude Juncker, presidente del Consejo europeo y de la Comisión europea respectivamente. Por su parte, Tusk habla de las «consecuencias geopolíticas que pueden ser muy graves», pero afirma que «el brexit, por triste que sea y lleno de significados, es sólo un incidente, no el inicio de un proceso». Y destaca que «no hay libertad en Europa sin solidaridad Atlántica». La cumbre, que por primera vez se lleva a cabo en la capital polaca, se presenta como el más largo de la historia de la OTAN. Bajo el perfil de los aspectos militares, el encuentro se caracterizó por la consolidación del frente europeo oriental. Se espera la ratificación del despliegue a rotación de cuatro batallones multinacionales entre los 800 y los 1200 hombres en Polonia y en los tres países bálticos. En esta cumbre se presenta una Europa diversa de aquella que encontraba Obama en su primer vértice OTAN en Alemania de 2009. En aquel entonces el viejo continente hablaba de desarme nuclear y animaba la fase nueva de relaciones con Rusia, definida reset. No se habían tenido la crisis de Crimea y la cuestión de Ucrania. Los refugiados no eran una emergencia considerada en modo dramático. Y el IS no había ensangrentado París y Bruselas. Otros tiempos y, sin embargo, han transcurrido a penas 7 años.

Fuente: L’Osservatore Romano