Testigos con la vida

Bondad, solicitud, atención, misericordia, suavidad y autoridad, pero también atención a las «armas del diablo», o sea a las divisiones y al dinero: son estas las características que cada obispo debería tener y manifestar con la propia vida y que el Papa Francisco recordó dirigiéndose a los participantes en el seminario de actualización para los obispos de los territorios de misión.

Un encuentro que tiene lugar en Roma, y a quienes participan en el mismo el Santo Padre los recibió el viernes 9 de septiembre, por la mañana, en la sala Clementina. A los prelados, acompañados por el cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, el Pontífice habló sobre todo de ejemplo —«concreto y tangible»—, invitándoles como pastores «a cuidar el rebaño y salir a buscar a las ovejas, especialmente a las alejadas o perdidas», «a buscar también nuevas modalidades para el anuncio, para ir al encuentro de las personas» y «ayudar a quien ha recibido el don del bautismo a crecer en la fe».

La centralidad de la evangelización, destacó el Pontífice, requiere no sólo confianza en la colaboración de los laicos y gran atención en la preparación de los presbíteros y de los seminaristas —«cada presbítero debe sentir la cercanía de su obispo», recomendó— sino también la atención a que las actividades pastorales no se vean frustradas por las divisiones: «El arma que el diablo más usa para destruir a la Iglesia desde dentro». En particular, pensando en las diversas problemáticas que se presentan en ciertas zonas del planeta, como las tensiones entre las distintas etnias, el Papa invitó a cada obispo a ser cada vez más «principio visible de unidad».

En el tema de la evangelización el Papa Francisco se había centrado también muy temprano por la mañana cuando, durante la misa celebrada en Santa Marta, recordó que cada cristiano, en virtud de su condición, tiene el deber de anunciar el Evangelio. Pero, añadió, con un estilo bien preciso: evangelizar, en efecto, «no es hacer proselitismo» y tampoco desempeñar una tarea como un «funcionario». Es necesario, explicó, «ir y compartir la vida de los demás, acompañar en el camino de la fe» sin abusar en el uso de las palabras, sino teniendo siempre una actitud de misericordia, con la certeza de que «es el testimonio quien trae la Palabra».

Fuente: L’Osservatore Romano

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