El camino de la paz

Es «un camino de paz» el que el Papa Francisco vuelve a recorrer en la región caucásica con el aterrizaje en Tbilisi el viernes 30 de septiembre por la tarde. El Pontífice llega a la capital de Georgia tres meses después de haber visitado Armenia para volver a proponer a los pueblos de esa región —el XVI viaje internacional del Pontificado prevé también una etapa en Azerbaiyán— su mensaje de reconciliación.

Como dijo en su primer discurso, durante el encuentro con las autoridades de Georgia después de la visita de cortesía al presidente de la República, «el pacífico entendimiento entre todos los pueblos y los Estados de la región exige que crezcan sentimientos de mutua estima y consideración, los cuales no pueden descuidar el respeto de las prerrogativas soberanas de cada uno de los países en el marco del derecho internacional». Y destacó que «cualquier distinción de carácter étnico, lingüístico, político o religioso, en vez de ser usados como pretexto para transformar las divergencias en conflictos y los conflictos en interminables tragedias», puede y debe ser, en cambio, «para todos fuente de enriquecimiento recíproco en favor del bien común».

Centrándose luego especialmente en la realidad de Georgia, el Papa recordó la historia multisecular de esta nación, que «manifiesta la raigambre en los valores expresados por su cultura, por su lengua y por sus tradiciones, incluyendo al país plenamente y de modo profundo y peculiar en el ámbito de la civilización europea»; pero al mismo tiempo «como muestra su posición geográfica, es casi un puente natural entre Europa y Asia, una bisagra que facilita las comunicaciones y las relaciones entre los pueblos, y que a lo largo de los siglos ha hecho posible tanto el comercio como el diálogo y la confrontación de las ideas y de las experiencias entre mundos diferentes».

Al recordar los 25 años de la independencia, el Papa destacó los «grandes sacrificios, que el pueblo ha afrontado valientemente para asegurarse la tan anhelada libertad», deseando que el desarrollo de la nación «prosiga con el compromiso solidario de todos los miembros de la sociedad, con el fin de crear las condiciones de estabilidad, equidad y respeto a las leyes que favorezcan el crecimiento y aumenten las oportunidades para todos». Al respecto, dijo ser consciente de que esto requiere «que cada uno ponga plenamente a disposición las propias capacidades, teniendo ante todo la posibilidad de vivir en paz en su tierra o de regresar libremente si, por cualquier motivo, fue obligado a abandonarla». De aquí la exhortación a los responsables públicos a fin de que sigan «preocupándose por la situación de estas personas, afanándose en la búsqueda de soluciones concretas más allá de las cuestiones políticas no resueltas. Se requieren —dijo— altas miras y valor para reconocer el bien auténtico de los pueblos y perseguirlo con determinación y prudencia, y es indispensable tener siempre presente los sufrimientos de las personas para continuar con convicción el camino, paciente y laborioso pero apasionante y liberador, de la construcción de la paz».

Tras el discurso a las autoridades, el Papa del palacio presidencial se dirige a la sede del Patriarcado ortodoxo para el encuentro con el catholicós de toda Georgia, Ilia II, el mismo que en 1999 acogió a Juan Pablo II. Más tarde la cita conclusiva con la comunidad asiro-caldea.

Fuente: L’Osservatore Romano

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