El Tiempo del Papa

El segundo viaje a la región caucásica ha llevado al Papa a dos países en los cuales los católicos son poquísimos: en Georgia la casi totalidad de la población es cristiana ortodoxa, mientras en Azerbayán sólo pocos centenares son católicos, de proveniencias y lenguas diversas, en un contexto enteramente musulmán. Y si en Georgia la antigüedad de la tradición cristiana se ha podido tocar casi con mano durante el encuentro en la impresionante catedral de Svetitskhoveli en Mtskheta, donde se han elevado maravillosos cánticos en arameo, en la pequeña iglesia católica de Bakú Francisco celebró misa para un número de fieles más bien pequeño.

¿Qué significa esta elección? ¿Por qué los viajes largos y complicados a lugares donde los católicos son minorías tan pequeñas que parecen insignificantes? ¿No pierde quizás tiempo el Papa?, se preguntó lo mismo Bergoglio, improvisando una breve reflexión después de la misa en la minúscula parroquia de la capital acerí y poniendo voz a la pregunta de algunos. No, no pierde su tiempo, fue la respuesta concreta y sugerida por las Escrituras. Donde se lee que a otra pequeña comunidad, la que se reunió en el Cenáculo, el Espíritu dio el don de las lenguas y el valor para salir.

El Pontífice, que acababa de escuchar las lecturas, oraciones y cánticos en lenguas diversas, animó a los católicos presentes a dar testimonio y anunciar a Jesús, siguiendo el ejemplo de sus primeros seguidores atemorizados y perdidos en Jerusalén. Como siempre privilegiando las periferias, geográficas y existenciales, donde se ve mejor la realidad que Bergoglio evocó antes del cónclave que le eligió cuando habló a los cardenales de la alegría de anunciar el Evangelio. Caminando sobre las huellas de sus predecesores, bajo del signo de Pablo VI que fue el primero en tocar los cinco continentes llegando hasta las islas Samoa.

El Papa dedica tiempo a estar con la gente para acompañarla. Como explicó ampliamente a los periodistas, con paciencia y claridad. Para reiterar la centralidad de la familia y la importancia de sostenerla, el sentido del camino ecuménico y el objetivo del diálogo con las otras religiones. Y aun más, la necesidad de hacer crecer una cultura política. Sin miedo de perder tiempo.

Fuente: L’Osservatore Romano

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