Un saludo del Papa a una delegación musulmana de Irán

Antes de la audiencia general del miércoles 23 de noviembre, el Papa ha recibió en el atrio del Aula Pablo VI a los participantes en la reunión promovida por el Pontificio consejo para el diálogo interreligioso con el Islamic culture and relations organization (Icro) de Teheran, en Irán.

Desarrollada los días 22 y 23, la sesión tuvo como tema «Extremism and violence in the name of religion. Which approach to religion?». La delegación musulmana estaba encabezada por el presidente del ICRO, Abozar Ebrahimi Torkaman, y la católica por el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del dicasterio organizador.

Señoras y señores, señor cardenal, os agradezco mucho vuestra visita que tanto aprecio. Yo tuve una gran alegría cuando vino el Presidente de Irán y también una impresión muy buena de vuestra cultura cuando fui visitado por la señora Vicepresidenta con un grupo de profesoras. Esto me impactó positivamente, mucho, fue una satisfacción. Y también me gusta veros hoy aquí, como también el hecho de que haya este diálogo tan importante. Os pido que no os olvidéis de rezar por mí, porque necesito oraciones; y os agradezco esta buena voluntad de diálogo, de acercamiento, de fraternidad. Que el señor os bendiga. Gracias.

Fuente: L’Osservatore Romano

Una grave injusticia

No obstante «el progreso técnico científico ha llegado tan lejos, haya niños analfabetos. Es una condición muy injusta que afecta a la misma dignidad de la persona».Es una auténtica denuncia la del Papa en la audiencia general del miércoles 23 de noviembre.

Prosiguiendo en el Aula Pablo VI la catequesis sobre las obras de misericordia, el Pontífice se detuvo esta semana sobre las espirituales referidas al aconsejar a los dudosos y enseñar a los ignorantes. «Acciones muy unidas entre sí» –explicó– ambas «se pueden vivir sea en una dimensión simple, familiar, al alcance de todos, que desde un plano más institucional, organizado», especialmente «la segunda, la de enseñar». A propósito el Pontífice invitó a pensar en «en cuántos niños sufren todavía el analfabetismo, la falta instrucción».

Es una condición, aclaró, a causa de la cual «convierte fácilmente en presa de la explotación y de varias formas de malestar social». Por eso «la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la exigencia de esforzarse en el ámbito de la instrucción». Desde el primer ejemplo – recordó Francisco – de una «escuela» fundada precisamente aquí en Roma por san Justino, en el II siglo, para que los cristianos conocieran la Sagrada Escritura, hasta san José de Calasanz, que abrió las primeras escuelas públicas gratuitas de Europa, tenemos una larga lista de santos y santas que en varias épocas han llevado instrucción a los más desfavorecidos, sabiendo que por este camino habrían podido superar la miseria y las discriminaciones». Hasta el punto que, añadió, muchos «cristianos laicos hermanos y hermanas consagradas, sacerdotes han dado su propia vida por la instrucción, por la educación de los niños y los jóvenes». Y ya que «esto es grande», el Papa invitó a los fieles presentes a rendir homenaje a los santos de la instrucción católica con un gran aplauso. Además, continuó, «estos pioneros de la instrucción habían comprendido a fondo la obra de misericordia y habían hecho de ello un estilo de vida tal hasta el punto de transformar la misma sociedad. A través de un trabajo simple y pocas estructuras supieron devolver la dignidad a muchas personas. Y la instrucción que impartían a menudo estaba orientada también hacia el trabajo». Como san Juan Bosco, puso en evidencia el Papa citando la obra, «que preparaba para trabajar a chicos de la calle. És así como surgieron muchas y diversas escuelas profesionales». que habilitaban para trabajar mientras educaban con valores humanos y cristianos.

Por lo que se refiere a «la obra de misericordia de aconsejar a los dudosos», el Papa explicó que consiste en «aliviar ese dolor y ese sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son las consecuencias de la duda». Y después de confesar que él mismo tiene muchas dudas, porque «en algunos momentos a todos nos entran dudas», subrayó cómo «las dudas que tocan la fe, en sentido positivo», sean «una señal de que queremos conocer mejor y más a fondo a Dios, Jesús, y el misterio de su amor». Por lo que, concluyó, son «dudas que hacen crecer».

Fuente: L’Osservatore Romano

Una cadena para romper

Una fuerte denuncia de la unión entre el tráfico de estupefacientes, mafia y reciclaje de dinero sucio, unida al deseo de iniciativas de prevención y rehabilitación por las víctimas de la toxicodependencia, estuvo en el centro del discurso que el Papa Francisco dirigió el jueves por la mañana, 24 de noviembre, a los participantes de un encuentro sobre «Narcóticos: problemas y soluciones de esta plaga mundial», promovido por la Pontificia Academia de las Ciencias. En la sede de la Casina Pío IV, el Papa se dirigió a los presentes en español, subrayando cómo la droga es una «nueva forma de esclavitud».

Analizando las causas, el Papa enumeró entre otras «la ausencia de familia, la presión social, la propaganda de los traficantes». Y recordó que «cada persona dependiente trae consigo una historia personal distinta, que debe ser escuchada, comprendida, amada y, en cuanto posible, sanada y purificada».

Deteniéndose por tanto en los aspectos sociales de este flagelo, el Papa exhortó a «conocer las redes que posibilitan la muerte de una persona», no solo física, sino también psíquica y social. «Redes inmensas, poderosas — comentó improvisando — que van atrapando a personas responsables en la sociedad, en los gobiernos, en la familia». Y si bien el sistema representa «una parte importante del crimen organizado», el desafío consiste precisamente en el «identificar el modo de controlar los circuitos de corrupción». De aquí la invitación a «remontar la cadena que va desde el comercio de drogas en pequeña escala hasta las formas más sofisticadas de lavado, que anidan en el capital financiero y en los bancos que se dedican al blanqueo del dinero sucio».

Después de haber recordado la historia de un juez argentino en primera línea en la lucha con el narcotráfico, que por su compromiso recibió amenazas, el Pontífice evidenció que cuando se quiere individuar «las redes de distribución, uno se encuentra con esa palabra de cinco letras: mafia». Como consecuencia, argumentó el Papa, «para frenar la demanda del consumo de drogas se necesita realizar grandes esfuerzos e implementar amplios programas sociales orientados a la salud, al apoyo familiar y, sobre todo, a la educación». Una formación, aclaró, «orientada a los vulnerables de la sociedad, como pueden ser los niños y los jóvenes», pero que se extiende «a las familias y a los que sufren algún tipo de marginación». Y también, constató, «el problema de la prevención de la droga como programa siempre se ve frenado por mil y un factor de ineptitud de los gobiernos». Mientras que la droga «una vez que avanzó, y ya se radicó en la sociedad, es muy difícil». Como testimonio, señaló de nuevo a la experiencia personal, de Argentina que «hace 30 años era un país de tránsito; después, de consumo, y hasta algo de producción».

Fuente: L’Osservatore Romano