Con los brazos abiertos

Última audiencia jubilar en el año santo extraordinario: el Papa habló de la unión entre misericordia e inclusión a los muchos fieles reunidos en la plaza de San Pedro para el encuentro del sábado por la mañana. «Dios, de hecho, — explicó — no quiere excluir a nadie, sino que quiere incluir a todos». Por eso también «nosotros, cristianos, somos invitados a usar el mismo criterio»: el de la misericordia, que «es ese modo de actuar, ese estilo, con el que tratamos de incluir en nuestra vida a los otros, evitando cerrarnos en nuestras seguridades egoístas».

Por esto, aclaró el Pontífice, «la inclusión se manifiesta en la abrir los brazos para acoger sin clasificar a los otros en base a la condición social, a la lengua, a la raza, a la cultura, a la religión». ¿Cómo hacerlo? Francisco lo dijo claramente: pensando que «delante de nosotros hay una persona a la que amar como la ama Dios. El que encuentro en mi trabajo, en mi barrio». Sin objetar: «Pero este es de ese país, de ese otro país, de esta religión, de otra»; lo único importante es que tenemos enfrente «a una persona que Dios ama y yo debo amarla».

De aquí la invitación a no olvidar las muchas «personas cansadas y oprimidas» que «encontramos en la calle, en las oficinas públicas, en los ambulatorios médicos». En realidad «la mirada de Jesús se fija en cada uno de esos rostros, también a través de nuestros ojos». Y el mismo Evangelio «nos llama a reconocer en la historia de la humanidad el diseño de una gran obra de inclusión, que, respetando plenamente la libertad de cada persona, comunidad, pueblo, llama a todos a formar una familia de hermanos y hermanas y a formar parte de la Iglesia». Y ya que, prosiguió en su razonamiento, los brazos de Jesús «abiertos en la cruz demuestran que nadie está excluido de su amor, ni siquiera el pecador más grande», la expresión más inmediata con la que sentirse «acogidos e incluidos en Él es el del perdón. Todos — indicó— necesitamos ser perdonados. Y todos necesitamos encontrar hermanos y hermanas que nos ayuden a ir a Jesús. ¡No nos obstaculicemos unos a otros! Es más — exhortó — con humildad y sencillez, hagámonos instrumentos de la misericordia del Padre».

Fuente: L’Osservatore Romano

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