Una grave injusticia

No obstante «el progreso técnico científico ha llegado tan lejos, haya niños analfabetos. Es una condición muy injusta que afecta a la misma dignidad de la persona».Es una auténtica denuncia la del Papa en la audiencia general del miércoles 23 de noviembre.

Prosiguiendo en el Aula Pablo VI la catequesis sobre las obras de misericordia, el Pontífice se detuvo esta semana sobre las espirituales referidas al aconsejar a los dudosos y enseñar a los ignorantes. «Acciones muy unidas entre sí» –explicó– ambas «se pueden vivir sea en una dimensión simple, familiar, al alcance de todos, que desde un plano más institucional, organizado», especialmente «la segunda, la de enseñar». A propósito el Pontífice invitó a pensar en «en cuántos niños sufren todavía el analfabetismo, la falta instrucción».

Es una condición, aclaró, a causa de la cual «convierte fácilmente en presa de la explotación y de varias formas de malestar social». Por eso «la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la exigencia de esforzarse en el ámbito de la instrucción». Desde el primer ejemplo – recordó Francisco – de una «escuela» fundada precisamente aquí en Roma por san Justino, en el II siglo, para que los cristianos conocieran la Sagrada Escritura, hasta san José de Calasanz, que abrió las primeras escuelas públicas gratuitas de Europa, tenemos una larga lista de santos y santas que en varias épocas han llevado instrucción a los más desfavorecidos, sabiendo que por este camino habrían podido superar la miseria y las discriminaciones». Hasta el punto que, añadió, muchos «cristianos laicos hermanos y hermanas consagradas, sacerdotes han dado su propia vida por la instrucción, por la educación de los niños y los jóvenes». Y ya que «esto es grande», el Papa invitó a los fieles presentes a rendir homenaje a los santos de la instrucción católica con un gran aplauso. Además, continuó, «estos pioneros de la instrucción habían comprendido a fondo la obra de misericordia y habían hecho de ello un estilo de vida tal hasta el punto de transformar la misma sociedad. A través de un trabajo simple y pocas estructuras supieron devolver la dignidad a muchas personas. Y la instrucción que impartían a menudo estaba orientada también hacia el trabajo». Como san Juan Bosco, puso en evidencia el Papa citando la obra, «que preparaba para trabajar a chicos de la calle. És así como surgieron muchas y diversas escuelas profesionales». que habilitaban para trabajar mientras educaban con valores humanos y cristianos.

Por lo que se refiere a «la obra de misericordia de aconsejar a los dudosos», el Papa explicó que consiste en «aliviar ese dolor y ese sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son las consecuencias de la duda». Y después de confesar que él mismo tiene muchas dudas, porque «en algunos momentos a todos nos entran dudas», subrayó cómo «las dudas que tocan la fe, en sentido positivo», sean «una señal de que queremos conocer mejor y más a fondo a Dios, Jesús, y el misterio de su amor». Por lo que, concluyó, son «dudas que hacen crecer».

Fuente: L’Osservatore Romano

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