Qué piensa un tibio

Es el encuentro con un Señor «fuerte», que reprende ásperamente — aunque siempre por amor — el propuesto por el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta el martes 15 de noviembre. Es la imagen, sugerida por la liturgia, de Jesús «que está delante de nosotros», y lo hace

«para reprendernos, porque nos ama, o para invitarnos o para hacerse invitar».

El reproche es el que se encuentra en el libro del Apocalipsis (3, 1-6.14-22) y que el Señor dirige a los cristianos de la Iglesia de Laodicea. Se trata — explicó el Pontífice — del «ejemplo de una Iglesia», pero que se encuentra «por todos lados». De hecho se puede aplicar a todos «esos cristianos que no son ni fríos, ni calientes: son tibios. Son aguas tranquilas, siempre». Al Señor que les reprende, ellos preguntan: «¿Pero por qué me reprendes, Señor? Yo no soy malo».

«¡Ojalá — comentó el Papa— fueras malo! Esto es peor. Estás muerto». Y de hecho el Señor usa palabras fuertes: «Porque eres así agua tranquila, que no se mueve, porque eres tibio, voy a vomitarte de mi boca». Es, indicó Francisco, la situación que se encuentra cuando «el calor entra en la Iglesia, en una comunidad, en una familia cristiana» y se escucha decir: «No, no, todo tranquilo, aquí todo bien, somos creyentes, hacemos las cosas bien»; cuando todo es «almidonado» y «sin consistencia» y «con la primera lluvia de disuelve».

Pero, se preguntó el Papa, «¿qué piensa un tibio» para merecerse tanta dureza? Esto se lee en el pasaje de la Escritura: «piensa que es rico». De hecho es seguro: «Me he enriquecido y no necesito nada. Estoy tranquilo». Es víctima, es decir, de «esa tranquilidad que engaña». Pero, advirtió el Pontífice, «cuando en el alma de una Iglesia, de una familia, de una comunidad, de una persona, todo está siempre tranquilo, allí no está Dios. Estemos atentos a no caminar así en la vida cristiana». De hecho, añadió el Papa parafraseando el pasaje de la Apocalipsis: «Tú dices: “soy rico”», pero «¿no sabes que eres un infeliz? Un miserable, un pobre ciego y desnudo?”». Son, comentó, «tres buenas bofetadas, para despertar ese alma tibia, dormida en el calor ». Y a quien se lamenta: «Pero, yo no hago mal a nadie, estoy tranquilo», se puede recordar: «¡Tampoco haces el bien!».

La respuesta del Señor es dura, «parece un insulto»; pero Él «lo hace por amor». De hecho poco después se lee: «Yo, a todos los que amo, los reprendo y los educo». Y se añade también un consejo: el de «comprarme oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas». Es decir: descubrir otra riqueza, «la que puedo darte yo. No esa riqueza del alma que tú crees tener porque eres bueno, hace todo bien, todo tranquilo»; sino precisamente «otra riqueza, la que viene de Dios, que siempre lleva una cruz, siempre lleva una tempestad, siempre lleva algo de inquietud en el alma».

El consejo sucesivo es el de «comprar vestidos blancos, para vestirte, para que no quede descubierta la vergüenza de tu desnudez». Los tibios, explicó al respecto el Papa, «no se dan cuenta de que están desnudos, como la fábula del rey donde un niño es el que le dice: “Pero, ¡el rey está desnudo!”». Incluso el Señor sugiere comprar un colirio para «que te des en los ojos y recobres la vista»: los tibios — dijo Francisco — «pierden la capacidad de contemplación, la capacidad de ver las grandes y bellas cosas de Dios».

Por tanto, el Señor está delante del tibio y le dice: «¡Despiértate, corrígete!». Lo hace «para ayudarnos a convertirnos». Pero Dios, prosiguió el Pontífice, está presente también «de otra manera: está para invitarnos». Se lee en el Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo».

Es importante, aclaró el Papa, «esa capacidad de escuchar cuando el Señor llama a nuestra puerta, porque quiere darnos algo bueno, quiere entrar a nuestra casa». Lamentablemente hay cristianos «que no se dan cuenta cuando el Señor llama. Todos los ruidos son los mismos para ellos». Y no se dan cuenta de que el Señor llama y dice: «Soy yo, no tengan miedo. Y quiero entrar, estar contigo, cenar contigo. Es decir, festejar, consolarte. No con la consolación del calor, la que no sirve; sino con la consolación de la fecundidad, de hacerte ir adelante, de dar vida a los otros. Abre».

Finalmente, el Señor quiere «ser invitado». Como en el episodio de Zaqueo contado en el Evangelio de Lucas (19, 1-10): el publicano de Jericó «siente esa curiosidad, una curiosidad que viene de la gracia», que «ha sido sembrada por el Espíritu Santo» y lleva a decir: «yo quiero ver al Señor». La iniciativa — advirtió el Pontífice — «viene del Espíritu». Por eso el Señor «alza los ojos y dice: “Pero ven, ¡invítame a tu casa!”».

Dios, por tanto, «siempre está con amor: o para corregirnos o para invitarnos a cenar o para ser invitado. Está para decirnos: “Despiértate”. Está para decirnos: “Abre”. Está para decirnos: “Baja”. Pero siempre es Él». De aquí la invitación conclusiva, para que cada cristiano se pregunte:

«¿Yo sé distinguir en mi corazón cuándo me dice el Señor “despiértate”? ¿cuándo me dice “abre”? ¿Y cuándo me dice “baja”?

Fuente: L’Osservatore Romano

La necesidad de una respuesta colectiva

«Actuar sin demora», libres «de presiones políticas y económicas, superando los intereses y comportamientos particularistas» en la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza. El Papa Francisco ha hecho un llamamiento sobre esta «grave responsabilidad ética y moral» a los participantes en la Cop22, la conferencia sobre el clima que está teniendo lugar en Marrakech del 7 al 18 de noviembre.

En un mensaje enviado al ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación del reino de Marruecos y presidente de la 22ª sesión de la Conferencia de los Estados parte en la Convención Marco de las Naciones Unidas, el Pontífice ha recordado cómo esta última se desarrolle «pocos días después de la entrada en vigor del acuerdo de París». Cuya adopción –observó– «representa una fuerte toma de conciencia sobre el hecho de que la adopción individual o nacional no es suficiente» mientras es necesaria «una respuesta colectiva responsable». Por otro lado, la aplicación del acuerdo parisino «refuerza la convicción» de que es necesario canalizar las inteligencias «para orientar a la tecnología, además de limitar nuestro poder» para poner a ambos «al servicio de un progreso más sano, más humano, más social y más integral».

En ese sentido la Cop22 «representa una etapa central» visto que el clima «incide sobre toda la humanidad, especialmente sobre los más pobres y sobre las generaciones futuras, que representan el elemento más vulnerable del preocupante impacto de los cambios». Por lo demás, hizo notar el Papa, «la actual situación de degrado ambiental, fuertemente relacionado» con el «humano, ético y social, que desgraciadamente experimentan cotidianamente, cuestiona a todos, cada uno con sus propios roles y competencias» y exige por ello «un renovado sentido de conciencia y responsabilidad».

Expresando el deseo de que los trabajos de Marrakech «estén animados por el mismo espíritu colaborativo y de iniciativa manifestado durante la cop21», el Pontífice ha destacado cómo los temas de la agenda no puedan «ser delegados unicamente a un diálogo técnico, sino que precisan un continuo apoyo político». También porque dicho apoyo estimula «a promover estrategias de desarrollo basadas en una calidad ambiental que podríamos definir solidaria, respecto a las poblaciones más vulnerables», teniendo en cuenta «los fuertes vínculos existentes entre la lucha contra el cambio climático y contra la pobreza».

Por consiguiente, advirtió Francisco, «no se puede limitar todo a una única dimensión económica y tecnológica». Y «es esencial y necesario tener en consideración los aspectos éticos y sociales del nuevo paradigma de desarrollo y progreso». De tal manera, «se entra en los fundamentales campos de la educación y de la promoción de estilos de vida –concluyó– orientados a favorecer modelos de producción y consumo sostenibles».

Fuente: L’Osservatore Romano

El dinero debe servir y no gobernar

«El dinero debe servir y no gobernar». Fue el lema lanzado por el Papa Francisco durante el encuentro con los participantes en la conferencia internacional de las asociaciones de empresarios católicos (UNIAPAC), recibidos el jueves 17 de noviembre por la mañana en la Sala Regia.

En su discurso el Pontífice insistió con especial fuerza en la necesidad de utilizar el dinero como «un instrumento técnico de intermediación, de comparación de valores y derechos, de cumplimiento de las obligaciones y de ahorro». Por lo tanto, no puede tener «un valor neutro» sino que «adquiere valor según la finalidad y las circunstancias en que se usa». Por ello –advirtió Francisco– «cuando se afirma la neutralidad del dinero, se está cayendo en su poder».

De aquí deriva una concepción «social» de la actividad de las empresas. Que –insistió el Papa– «Las empresas no deben existir para ganar dinero, aunque el dinero sirva para medir su funcionamiento. Las empresas existen para servir», aunque eso puede suponer para ellos «el riesgo de complicarse la vida, teniendo que renunciar a ciertas ganancias económicas». Un llamamiento que Francisco extendió también los responsables del sector bancario y financiero, exhortando a no penalizar a nadie y hacer accesible el crédito sobre todo a las familias, pequeñas y medianas empresas, campesinos, con una atención especial a las actividades educativas, para la sanidad , para la mejora y la integración de los núcleos urbanos más pobres.

Palabras severas del Papa que el Papa ha empleado para condenar la «peor plaga social» de la corrupción, que destruye del tejido civil y «defrauda» a la democracia de un país. Para concluir, invitó a cultivar la dimensión de la «gratuidad» de la actividad empresarial y a crear para los migrantes «fuentes de trabajo digno, estables y abundantes, tanto en los lugares de origen como en los de llegada».

La necesidad de que prófugos y refugiados «puedan sentirse verdaderamente “en casa” en nuestras comunidades» había sido indicada por Francisco incluso durante la precedente audiencia a los miembros del consejo de representación de la Caritas internationalis, invitándoles a «sostener, con renovado esfuerzo, los procesos de desarrollo y los caminos de paz en los Países de los cuales nuestros hermanos y hermanas huyen o parten en busca de un futuro mejor».

Fuente: L’Osservatore Romano