La no violencia como estilo

La «no violencia activa y creativa» como «estilo de vida» está en el centro del mensaje del Papa para la quincuagésima Jornada mundial de la paz, que se celebra el 1 de enero de 2017.

Presentado en la Oficina de prensa de la Santa Sede el lunes 12 de diciembre, por la mañana, el documento pontificio recuerda ante todo los orígenes de la Jornada, instituida hace medio siglo por Pablo VI. Así, desea «que la caridad y la no violencia guíen el modo de tratarnos en las relaciones interpersonales, sociales e internacionales». En efecto —aclara de inmediato el Papa Bergoglio— «cuando las víctimas de la violencia vencen la tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles en los procesos no violentos de construcción de la paz». Por ello el deseo de que, «desde el nivel local y cotidiano hasta el orden mundial», la no violencia se transforme «en el estilo característico de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, de nuestras acciones y de la política en todas sus formas».

Partiendo de la constatación de que la humanidad hoy vive en un «mundo fragmentado» pero que «también Jesús vivió en tiempos de violencia», el Pontífice destaca que «ser hoy verdaderos discípulos de Jesús» significa «también aceptar su propuesta de la no violencia», la cual si bien en algunas ocasiones «se entiende como rendición, desinterés y pasividad», en realidad es mucho «más fuerte que la violencia» misma. Lo han testimoniado figuras extraordinarias como Teresa de Calcuta o «los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr contra la discriminación racial»; o también Leymah Gbowee y las mujeres liberianas «que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta para la conclusión de la segunda guerra civil» en el país africano. Por lo demás, el Papa destaca que «si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental recorrer el sendero de la no violencia en primer lugar en el seno de la familia».

Elogio a las madres luchadoras

El elogio a «esas madres luchadoras» que en los distintos pueblos latinoamericanos «ellas solas logran sacar adelante a sus hijos» ha sido el hilo seguido por el Papa Francisco durante la misa con ocasión de la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Celebrando a la patrona de América el lunes 12 de diciembre, por la tarde, el Pontífice hizo un paralelo con las numerosas mujeres de su continente de origen. La Virgen, en efecto, es «mujer luchadora frente a la sociedad de la desconfianza y de la ceguera, frente a la sociedad de la desidia y la dispersión; Mujer que lucha para potenciar la alegría del Evangelio. Lucha para darle “carne” al Evangelio».

En la homilía pronunciada desde el altar de la Confesión, donde se había colocado una imagen de la «Morenita», el Papa puso de relieve que la sociedad actual está «cada vez más marcada por los signos de la división y fragmentación», dejando «fuera de juego» especialmente a quienes «se les hace difícil alcanzar los mínimos para llevar adelante su vida con dignidad». Una sociedad —añadió en su denuncia— «que se ha vuelto cegatona e insensible frente a miles de rostros que se van quedando por el camino, excluidos por el orgullo que ciega de unos pocos». Y así, «sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a vivir en la “sociedad de la desconfianza” con todo lo que esto supone para nuestro presente y especialmente para nuestro futuro».

Centrándose en especial en el «querido continente americano», el Pontífice recordó a los «miles y miles de niños y jóvenes en situación de calle que mendigan y duermen en las estaciones de trenes, del subte o donde encuentren lugar. Niños y jóvenes explotados en trabajos clandestinos u obligados a conseguir alguna moneda en el cruce de las avenidas limpiando los parabrisas de nuestros autos…, y sienten que en el “tren de la vida” no hay lugar para ellos». Luego se refirió a las familias que «van quedando marcadas por el dolor al ver a sus hijos víctimas de los mercaderes de la muerte», a los ancianos excluidos y obligados «a vivir en la soledad, simplemente porque no generan productividad» y a la dignidad de las mujeres. «Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia —dijo citando el documento de Aparecida— dentro y fuera de casa».

Pero, concluyó el Papa, gracias a María sigue viva la esperanza. Porque celebrarla significa «hacer memoria de la madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre! Y donde está la madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad».

Fuente: L’Osservatore Romano

La oscuridad más allá de la escuela

Con su característica perspicacia, Voltaire invitaba a no descontextualizar nunca un libro para evitar el riesgo de penalizar el valor (admitiendo que hubiera) y provocar «efectos perniciosos» absolutamente extraños a las intenciones del autor.

Quién sabe, entonces, qué habría pensado el iluminista por excelencia sobre la decisión de algunas escuelas de Virginia, en Estados Unidos, de suspender del plan de estudios y quitar de las estanterías de las bibliotecas To kill a Mockingbird de Harper Lee y The Adventures of Huckleberry Finn de Mark Twain: la acusación, formulada por los padres de los alumnos, es que en estos libros hacen un excesivo uso de un lenguaje racista, es decir «de la última cosa de la que un país como Estados Unidos, aún dividido sobre tales cuestiones, necesita».

En particular, los celantes censores han apuntado contra la palabra N-word, recurrentes en las dos obras, que significaría Nigger, es decir, la expresión más ofensiva que se puede dirigir a una persona de color. Esta palabra — que a su forma caracteriza las emocionantes fases del célebre proceso en el libro de Lee y que a menudo sale de la boca de algunos personajes de la obra de Twain — se revela, al contrario, el arma más afiliada para denunciar, más allá de los estereotipos, la marca de un sistema corrupto de la discriminación y que, precisamente por esta causa, termina por legitimar y sellar prevaricaciones e injusticias. No se ha hecho por tanto esperar la réplica de algunas instituciones culturales, entre ella la National Coalition Against Censorship, que ha definido la decisión tomada en Virginia «un error flagrante», también porque la prohibición de libros (y en este caso se trata de dos obras maestras) por otra parte con motivaciones injustificadas y subrepticias significa siempre «hacer un grave perjuicio» dañando no solo a los estudiantes, sino a toda la sociedad.

Fuente: L’Osservatore Romano