Por los niños y las familias

«Te traigo, Madre, a los niños, especialmente aquellos solos, abandonados, y que por ese motivo son engañados y explotados. Te traigo, Madre, a las familias, que llevan adelante la vida y la sociedad con su compromiso cotidiano y escondido; en modo particular a las familias que tienen más dificultades por tantos problemas internos y externos». Con una sentida oración el Papa Francisco confió a la protección de la Virgen María sobre todo a las personas que pasan necesidad. El 8 de diciembre por la tarde, solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Pontífice ha renovado al acto de veneración a la Virgen, trasladándose a Plaza de España para el tradicional homenaje.

En la oración, recitada a los pies de la columna mariana, el Papa encomendó a la Madre celestial también a «todos los trabajadores, hombres y mujeres, especialmente a quien, por necesidad, se esfuerza por desempeñar un trabajo indigno, y a quien el trabajo lo ha perdido o no puede encontrarlo». Así, pues, ha elevado su invocación a fin de que la humanidad logre «recuperar la capacidad de mirar a las personas y cosas con respeto y reconocimiento, sin intereses egoístas o hipocresías», de modo que se pueda «amar en modo gratuito, sin segundos fines, sino buscando el bien del otro, con sencillez y sinceridad, renunciando a máscaras y maquillajes».

El pensamiento del Pontífice se dirigió a los «pobres, enfermos, despreciados», pero también a «quien ha caído y a quien vacila», con el deseo de que los cristianos sean capaces de «ir al encuentro de quienes no saben dar el primer paso» y de «caminar por los senderos de quien se ha perdido».

Anteriormente, durante el Ángelus en la plaza de San Pedro, Francisco había recordado el fuerte terremoto que azotó la isla de Sumatra, en Indonesia, asegurando su «oración por las víctimas y por sus familiares, por los heridos y por quienes han perdido la casa. Que el Señor dé fuerza a la población —ha sido su oración— y sostenga los trabajos de socorro».

Al día siguiente, viernes por la mañana, el Papa habló de la «triste y trágica realidad de los inmigrantes» durante la audiencia a los peregrinos llegados de Malta y de la región del Trentino con ocasión del regalo del belén y del árbol que han sido colocados en la plaza de San Pedro. Cada Navidad —dijo al respecto— es «una invitación a hacer espacio a Dios» oculto en el rostro de los necesitados. Significativa la elección de decorar el árbol con bolitas de colores realizadas por niños que asisten a talleres de cerámica-terapia en distintos hospitales. Y el belén reproduce el paisaje maltés, con el complemento de la tradicional cruz de Malta y del «luzzu», típica embarcación local, que recuerda también la triste y trágica realidad de los inmigrantes en las pateras.

Fuente: L’Osservatore Romano

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