Elogio a las madres luchadoras

El elogio a «esas madres luchadoras» que en los distintos pueblos latinoamericanos «ellas solas logran sacar adelante a sus hijos» ha sido el hilo seguido por el Papa Francisco durante la misa con ocasión de la fiesta de la Virgen de Guadalupe. Celebrando a la patrona de América el lunes 12 de diciembre, por la tarde, el Pontífice hizo un paralelo con las numerosas mujeres de su continente de origen. La Virgen, en efecto, es «mujer luchadora frente a la sociedad de la desconfianza y de la ceguera, frente a la sociedad de la desidia y la dispersión; Mujer que lucha para potenciar la alegría del Evangelio. Lucha para darle “carne” al Evangelio».

En la homilía pronunciada desde el altar de la Confesión, donde se había colocado una imagen de la «Morenita», el Papa puso de relieve que la sociedad actual está «cada vez más marcada por los signos de la división y fragmentación», dejando «fuera de juego» especialmente a quienes «se les hace difícil alcanzar los mínimos para llevar adelante su vida con dignidad». Una sociedad —añadió en su denuncia— «que se ha vuelto cegatona e insensible frente a miles de rostros que se van quedando por el camino, excluidos por el orgullo que ciega de unos pocos». Y así, «sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado a vivir en la “sociedad de la desconfianza” con todo lo que esto supone para nuestro presente y especialmente para nuestro futuro».

Centrándose en especial en el «querido continente americano», el Pontífice recordó a los «miles y miles de niños y jóvenes en situación de calle que mendigan y duermen en las estaciones de trenes, del subte o donde encuentren lugar. Niños y jóvenes explotados en trabajos clandestinos u obligados a conseguir alguna moneda en el cruce de las avenidas limpiando los parabrisas de nuestros autos…, y sienten que en el “tren de la vida” no hay lugar para ellos». Luego se refirió a las familias que «van quedando marcadas por el dolor al ver a sus hijos víctimas de los mercaderes de la muerte», a los ancianos excluidos y obligados «a vivir en la soledad, simplemente porque no generan productividad» y a la dignidad de las mujeres. «Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia —dijo citando el documento de Aparecida— dentro y fuera de casa».

Pero, concluyó el Papa, gracias a María sigue viva la esperanza. Porque celebrarla significa «hacer memoria de la madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre! Y donde está la madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad».

Fuente: L’Osservatore Romano

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