Con la simplicidad de los niños

«Necesitamos la simplicidad de los niños, ellos nos enseñan el camino hacia Jesús». El Papa Francisco aprovechó la presencia en el Vaticano de los nietos de un obispo luterano finlandés para señalar este original recorrido en el camino hacia la plena unidad de los cristianos. Recibiendo el jueves 19 de enero por la mañana, a una delegación ecuménica llegada del país escandinavo, el Pontífice dio las gracias al prelado de Turku «por el buen gusto» de haberse hecho acompañar por los pequeños, indicando de hecho a las nuevas generaciones como los “maestros” del diálogo en la vida cotidiana entre fieles de diferentes Iglesias y confesiones cristianas.

La ocasión ha sido el anual peregrinaje que los finlandeses realizan a Roma con motivo de la fiesta de san Enrique, su evangelizador. En dicho peregrinaje participan juntos representantes de la Iglesia evangélica luterana mayoritaria, pero también católicos. En su discurso el Papa ha recordó que la semana ecuménica «llama al acercamiento a partir de la conversión. El verdadero ecumenismo se basa en la conversión común a Jesús» como nuestro Señor y Redentor. Además, «si nos acercamos a él, nos acercamos también los unos a los otros». De aquí nace la invitación a invocar al Espíritu Santo «para que suscite esta conversión, que hace posible la reconciliación».

El Pontífice además evocó la “etapa significativa” del 31 de octubre, cuando «nos hemos reunido en Lund, en Suecia, para conmemorar el inicio de la Reforma con una oración común». Este evento tuvo, efectivamente, «un significado importante en términos humanos y teológico-espirituales. Después de cincuenta años de diálogo ecuménico oficial, hemos sido capaces de exponer claramente las perspectivas sobre las que ahora podemos decir que estamos de acuerdo» y «al mismo tiempo, tenemos vivo en el corazón el arrepentimiento sincero por nuestras culpas». Además porque, reiteró Francisco que «la intención de Martin Lutero era renovar la Iglesia, no dividirla».

Sucesivamente el Papa recibió a los organizadores de la muestra sobre la historia de los jubileos que ha tenido lugar en el Senado de la República italiana, subrayando como «el corazón de cada Año Santo» sea el encuentro entre «la bondad de Dios y la fragilidad del hombre».

Fuentes: L’Osservatore Romano

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