Sed valientes

El cristiano, consciente de que «Dios no decepciona», debe tener siempre «horizontes abiertos» a la esperanza. También ante las adversidades no debe permanecer «aparcado» o «vago», sin las «ganas de seguir adelante». Contiene una decidida invitación «al valor» la meditación del Papa Francisco en la misa celebrada en Santa Marta el martes 17 de enero. La inspiración nació en la primera lectura de la liturgia del día, en la cual el autor de la Carta a los Hebreos (6, 10-20) exhorta a «ser valientes». Tanto es así, dijo el Pontífice, que «si nosotros quisiéramos escribir un título para este pasaje deberíamos decir: “sed valientes”».

Entonces el valor. Del cual en la Escritura se dice: «que cada uno de vosotros demuestre celo —es decir, dijo el Papa, “el valor para seguir adelante”— y este celo os llevará al cumplimiento hasta el final». Por lo demás, explicó Francisco, el valor «es una palabra que gusta mucho a san Pablo». Así, por ejemplo, cuando el apóstol reflexiona sobre la actitud del cristiano respecto a la vida «nos habla del entrenamiento que hacen en el estadio, en el gimnasio, los que quieren ganar», y explica que se necesita «valor, seguir adelante sin vergüenza». Porque, añadió el Pontífice, «vida valerosa es la del cristiano».

Pero el apóstol de las gentes escribe además otra cosa: «Para que no os hagáis vagos». Se detiene, también en la actitud «contraria: la pereza, no tener valor». Y el Papa tradujo el concepto con una imagen concreta tomada de la vida cotidiana: «vivir en el frigorífico, así, para que todo permanezca así». La referencia es hacia «los cristianos vagos, los cristianos que no tienen ganas de seguir adelante, los cristianos que no luchan para hacer que las cosas cambien, las cosas nuevas, las cosas que nos harían bien a todos, si estas cosas cambiasen».

Son, añadió utilizando otra imagen eficaz, «los cristianos aparcados», los que «han encontrado en la Iglesia un gran aparcamiento. Y cuando digo cristianos digo laicos, sacerdotes, obispos… todos». Y, desgraciadamente, «¡hay muchos cristianos aparcados! Para ellos la Iglesia es un aparcamiento que custodia la vida y siguen adelante con todas las aseguraciones posibles».

«Estos cristianos parados» recordaron al Papa «una cosa que de niño nos decían los abuelos: “estate atento que el agua quieta, la que no corre, es la primera que se corrompe”». Y estas personas, «que no lejanas», que «viven en la seguridad que ellas piensan que les da la religión», terminan exactamente así. Por el contrario, la invitación del apóstol y del Pontífice es: «¡sed valientes!». Y por eso, se lee en el pasaje bíblico, «tenemos una fuerte motivación para agarrarnos con firmeza a la esperanza», que nos hace «cristianos valientes y no vagos».

Explicó el Papa: «un cristiano vago no tiene esperanza, está cerrado ahí, tiene todas las ventajas, no debe luchar, está jubilado». Ahora, si es verdad que «después de muchos años de trabajo jubilarse es justo, también está bien», también es cierto que «pasar toda tu vida jubilado está feo». Y «los cristianos vagos son así ¿Por qué? Porque no tienen esperanza».

He aquí entonces el mensaje propuesto por la liturgia: «la esperanza, esa esperanza que no decepciona, que va más allá». Efectivamente se lee que es «un áncora segura y sólida para nuestra vida». Entonces «la esperanza es un áncora: la hemos lanzado y nosotros estamos agarrados a la cuerda». Pero no para permanecer parados: «La esperanza es luchar, agarrados a la cuerda, para llegar allí». Y «en la lucha de todos los días» la esperanza «es una virtud de horizontes, no de cerrazón». Quizás, añadió Francisco, la esperanza «es la virtud que menos se entiende pero es la más fuerte» porque nos consiente vivir «siempre mirando adelante con valor».

Alguien —dijo el Papa llegados a este punto— podría objetar: «Sí, padre, pero hay momentos feos, en los cuales todo parece oscuro, ¿qué tengo que hacer?». La respuesta es: «agárrate a la cuerda y aguanta». Debemos ser conscientes de que «a ninguno de nosotros se nos regala la vida, debemos luchar para tener la vida o soportar». No por casualidad, subrayó el Pontífice “valor” y “soportar” son dos palabras «que Pablo usa mucho mucho en sus cartas».

Los cristianos deben ser «valientes», tener el «valor para seguir adelante». Es verdad —añadió Francisco— «los cristianos se equivocan muchas veces; pero ¿Quién te ha prometido que en tu vida no te equivocarás nunca? Todos nos equivocamos. Se equivoca quien sigue adelante, quien camina, el que está parado parece no equivocarse». Por eso además de valor es necesaria la capacidad de soportar: «en el momento en el cual no se puede caminar porque todo está a oscuras, todo está cerrado, soportar». Se trata de esa constancia a través de la cual, está escrito, se convierte en «herederos de las promesas». Es la «constancia en los momentos feos».

Por ello el Pontífice invitó a todos a hacer un examen de conciencia y a preguntarse: «¿soy un cristiano aparcado, vago o un cristiano valiente? ¿Soy un cristiano que quiere todas las seguridades o soy un cristiano que arriesga? ¿Soy un cristiano cerrado o un cristiano de horizontes, de esperanza?». Y aún más: «¿Cómo va mi esperanza? ¿Mi corazón está anclado en el horizonte, yo estoy agarrado a la cuerda y creo también en los momentos feos? ¿Y en los momentos feos soy capaz de soportar porque sé que Dios no decepciona, sé que la esperanza no decepciona?».

Se trata, en definitiva, de una pregunta más profunda, es decir: «¿Cómo soy yo? ¿Cómo es mi vida de fe? ¿Es una vida de horizontes, de esperanza, de valor, de ir adelante, o una vida tibia que ni siquiera sabe soportar los momentos feos?».

La oración al Señor, concluyó el Papa retomando la oración litúrgica de la colecta del día, es que «nos dé la gracia de superar nuestros egoísmos porque los cristianos aparcados, los cristianos parados, son egoístas. Mirando solamente a sí mismos, no saben levantar la cabeza para mirarle a Él».

Fuente: L’Osservatore Romano

La unidad es posible

«Comunión, reconciliación y unidad son posibles»: en el día en el cual ha iniciado la semana ecuménica el Papa Francisco ha reiterado le necesidad de rezar para que los cristianos vuelvan a encontrar la plena unión, subrayando como «en Europa esta común fe en Cristo es como un hilo verde de esperanza». Saludando, como es habitual, a los grupos de fieles al finalizar la audiencia general del 18 de enero, con los de lengua alemana presentes en el aula Pablo VI, el Pontífice recordó «con emoción la oración ecuménica de Lund, en Suecia, el pasado 31 de octubre». De aquí la exhortación «dentro del espíritu de la conmemoración común de la Reforma», a mirar «más a lo que une que a lo que divide» y a continuar «el camino juntos, para profundizar la comunión y darle una forma siempre más visible». Deseos renovados en su cuenta @Pontifex: «La exigencia de estar unidos en Cristo –tuiteó– nace de lo más profundo de nuestra fe en Él».

Anteriormente el Papa había proseguido el ciclo de reflexiones sobre el tema de la esperanza cristiana a la luz de las Escrituras. En el marco de la catequesis la figura bíblica del profeta Jonás «intenta evadirse de la llamada del Señor». Pero su episodio –narrado «en un pequeño libro de solo cuatro capítulos» – constituye según Francisco «una especie de parábola portadora de una gran enseñanza, la de la misericordia de Dios que perdona».

Él es efectivamente «un profeta en salida que Dios envía “a la periferia”, a Nínive» para convertir a los habitantes. Pero él busca escapar de su tarea y huye. Y durante la huida entra en contacto con unos paganos, los marineros de la nave en la que se había embarcado. Pero «durante la travesía en el mar, se desencadena una gran tormenta», durante la cual el profeta «reconociendo las propias responsabilidades, se hace echar al mar para salvar a sus compañeros de viaje». De ahí la lección extraída por Francisco: «La muerte inminente ha llevado a esos hombres paganos a la oración» y «ha hecho sí que el profeta viviera la propia vocación al servicio de los demás aceptando sacrificarse».

En consecuencia, concluyó el Papa añadiendo una consideración al texto escrito, es necesario invocar al Señor para que «nos haga entender esta unión entre oración y esperanza». También porque «la oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, ¡se necesita más oración! Y habrá más esperanza».

Fuente: L’Osservatore Romano

Con la simplicidad de los niños

«Necesitamos la simplicidad de los niños, ellos nos enseñan el camino hacia Jesús». El Papa Francisco aprovechó la presencia en el Vaticano de los nietos de un obispo luterano finlandés para señalar este original recorrido en el camino hacia la plena unidad de los cristianos. Recibiendo el jueves 19 de enero por la mañana, a una delegación ecuménica llegada del país escandinavo, el Pontífice dio las gracias al prelado de Turku «por el buen gusto» de haberse hecho acompañar por los pequeños, indicando de hecho a las nuevas generaciones como los “maestros” del diálogo en la vida cotidiana entre fieles de diferentes Iglesias y confesiones cristianas.

La ocasión ha sido el anual peregrinaje que los finlandeses realizan a Roma con motivo de la fiesta de san Enrique, su evangelizador. En dicho peregrinaje participan juntos representantes de la Iglesia evangélica luterana mayoritaria, pero también católicos. En su discurso el Papa ha recordó que la semana ecuménica «llama al acercamiento a partir de la conversión. El verdadero ecumenismo se basa en la conversión común a Jesús» como nuestro Señor y Redentor. Además, «si nos acercamos a él, nos acercamos también los unos a los otros». De aquí nace la invitación a invocar al Espíritu Santo «para que suscite esta conversión, que hace posible la reconciliación».

El Pontífice además evocó la “etapa significativa” del 31 de octubre, cuando «nos hemos reunido en Lund, en Suecia, para conmemorar el inicio de la Reforma con una oración común». Este evento tuvo, efectivamente, «un significado importante en términos humanos y teológico-espirituales. Después de cincuenta años de diálogo ecuménico oficial, hemos sido capaces de exponer claramente las perspectivas sobre las que ahora podemos decir que estamos de acuerdo» y «al mismo tiempo, tenemos vivo en el corazón el arrepentimiento sincero por nuestras culpas». Además porque, reiteró Francisco que «la intención de Martin Lutero era renovar la Iglesia, no dividirla».

Sucesivamente el Papa recibió a los organizadores de la muestra sobre la historia de los jubileos que ha tenido lugar en el Senado de la República italiana, subrayando como «el corazón de cada Año Santo» sea el encuentro entre «la bondad de Dios y la fragilidad del hombre».

Fuentes: L’Osservatore Romano