Juntos contra el odio

«La actitud antisemita, que nuevamente deploro en todas sus formas» es «contraria en todo a los principios cristianos y a toda visión que sea digna del hombre»: lo ha reiterado con fuerza el Papa Francisco recibiendo, el jueves 9 de febrero por la mañana, a una delegación de la «Anti defamation league», organización judía estadounidense que tiene relaciones con la Santa Sede desde tiempos del Concilio Vaticano II.

«Nuestro encontrarnos –dijo el Pontífice en su discurso– es un ulterior testimonio, además del compromiso común, de la fuerza benéfica de la reconciliación, que sana y transforma las relaciones. Por esto damos gracias a Dios –prosiguió– que ciertamente se alegra viendo la amistad sincera y los sentimientos fraternales que hoy animan a Judíos y católicos». Un elogio a «la cultura del encuentro y de la reconciliación» que «genera vida y produce esperanza» fue hecho por el Papa Francisco, el cual puso en guardia ante la «no–cultura del odio» que «siembra muerte y causa desesperación». Y a propósito recordó la visita realizada el año pasado al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, cuando ante los «horrores de la crueldad y del pecado» rezó «para que tales tragedias no se repitan. Por ello continuemos ayudándonos los unos a los otros» deseó Francisco retomando la severa advertencia de Juan Pablo II sobre la «inefable iniquidad de la Shoah» (12 de marzo de 1998). Solo así, continuó el Pontífice, es posible construir «un futuro de auténtico respeto por la vida y por la dignidad de todo pueblo y de todo ser humano» sobre todo durante esta época en la que «desgraciadamente, la actitud antisemita todavía es difusa».

También porque, aclaró, «hoy más que en el pasado, la lucha contra el antisemitismo puede servirse de instrumentos eficaces, como la información y la formación». Y a propósito el Papa dio las gracias a la organización por su labor y porque acompaña «la lucha contra la difamación con el compromiso de educar, de promover el respeto de todos y proteger a los más débiles». En particular, explicó, «el custodiar el sagrado tesoro de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte, tutelando la dignidad, es la vía mejor para prevenir toda forma violenta. Ante la excesiva violencia que se propaga por el mundo, estamos llamados a una mayor no-violencia, que no significa pasividad, sino promoción activa del bien». Respecto a lo demás, «si es necesario extirpar la hierva del mal, es todavía más urgente sembrar el bien: cultivar la justicia, acrecentar la concordia, apoyar la integración, sin cansarse nunca; sólo así se podrán recoger los frutos de paz». De aquí la invitación final del Papa para promover juntos la cultura y «favorecer en todos los lugares la libertad de culto, incluso protegiendo a los creyentes y a las religiones de toda manifestación de violencia e instrumentalización» como «los mejores antídotos contra el insurgir del odio».

Fuente: L’Osservatore Romano

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