Los pobres llaman a nuestra puerta

«El pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida». Es lo que recuerda el Papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma 2017, presentado el martes por la mañana, 7 de febrero.

Centrado en el tema «La Palabra es un don. El otro es un don», la reflexión del Pontífice retoma y actualiza la parábola evangélica de Lázaro: un «relato significativo — la define Francisco— que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión».

«La primera invitación que nos hace esta parábola —revela el mensaje— es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido». La Cuaresma, de hecho «es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo». El Papa recuerda que en la raíz de todos los males está la «codicia del dinero», que «puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico». De este forma, en vez de «ser un instrumento a nuestro servicio», el dinero «puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz».

La parábola muestra además que «la codicia del rico lo hace vanidoso». Su personalidad se desarrolla de hecho, «en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir»; pero «la apariencia esconde un vacío interior». Para el hombre corrompido por las riquezas, por tanto «no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención».

Al final, «el rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida». Y esto es «un mensaje para todos los cristianos»: en realidad, «la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo». De aquí la invitación conclusiva del Pontífice a vivir el camino de la Cuaresma como «tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo».

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