De la esclavitud a la libertad

La cuaresma como «camino de esperanza» que conduce al cristiano «de la esclavitud a la libertad» estuvo en el centro de la catequesis realizada por el Papa Francisco en la Audiencia general del 1 de marzo, Miércoles de Ceniza, en la plaza de San Pedro.

Antes de dirigirse a la Basílica de Santa Sabina en el Aventino para la celebración penitencial, el Pontífice se reunió con los fieles para el habitual encuentro semanal, invitándoles a vivir el tiempo cuaresmal como «es un periodo de penitencia, incluso de mortificación, pero no fin en sí mismo, sino finalizado a hacernos resucitar con Cristo, a renovar nuestra identidad bautismal, es decir a renacer nuevamente “desde lo alto”, desde el amor de Dios». Es por esto que -explicó- «la Cuaresma es, por su naturaleza, tiempo de esperanza».

Para su reflexión, el Papa hizo referencia a la experiencia del éxodo de los israelita de Egipto: un «camino de la esclavitud a la libertad» lo definió Francisco, reiterando que se trata de un «camino cumplido en la esperanza: la esperanza de alcanzar la tierra, y precisamente en este sentido es un “éxodo”».

También la Pascua de Jesús representa un «éxodo». Él, explicó el Pontífice, «nos ha abierto el camino para llegar a la vida plena, eterna y beata». Y «para abrir esta vía, este pasaje, Jesús ha tenido que desnudarse de su gloria, humillarse, hacerse obediente hasta la muerte y la muerte de cruz». Gracias a él, por tanto, «estamos salvados de la esclavitud del pecado». Pero esto, aclaró Francisco, «no quiere decir que Él ha hecho todo y nosotros no debemos hacer nada, que Él ha pasado a través de la cruz y nosotros “vamos al paraíso en carroza”». La salvación, de hecho, «nuestra salvación es ciertamente un don suyo, pero, ya que es una historia de amor, requiere nuestro “sí” y nuestra participación en su amor».

A la luz de esta «dinámica» el cristiano vive el tiempo cuaresmal: «Cristo nos precede con su éxodo, y nosotros atravesamos el desierto gracias a Él y detrás de Él». En este sentido, especificó el Pontífice, la Cuaresma es «“signo sacramental de nuestro camino de la esclavitud a la libertad, que siempre hay que renovar». Un camino «trabajoso, pero un camino lleno de esperanza». Y de Francisco vino también la invitación a vivir este itinerario de «renovación espiritual» a través de dos gestos concretos, sugeridos al finalizar la audiencia a los fieles presentes en la plaza: «la participación en las celebraciones cuaresmales y en las campañas de solidaridad que muchos organismos eclesiales, en distintas partes del mundo, promueven para testimoniar la cercanía a los hermanos necesitados». Significativo, al respecto, el mensaje con ocasión de la campaña anual de fraternidad promovida por la Conferencia episcopal de Brasil, en la cual el Papa aconseja a la Iglesia continuar siendo «una voz profética en el respeto y en el cuidado hacia el ambiente y a los pobres».

Fuente: L’Osservatore Romano

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