La voz de la mujer

Las mujeres irrumpieron en la escena de la pasión de Jesús según Mateo, haciendo sentir con discreción su presencia y su voz y pidiendo así «hacer que hoy en la Iglesias sus palabras no sean ignoradas». Y precisamente para reforzar esta convicción, el padre Giulio Michelini quiso dar espacio a la contribución de un matrimonio, Mariateresa Zattoni y Gilberto Gillini, durante los ejercicios espirituales para el Papa y la Curia romana, que propusieron el perfil de la mujer de Pilato y «su intento fallido de salvar a Jesús».

Tienen el mismo hilo conductor la sexta y la séptima meditación que el predicador propuso respectivamente en la tarde del miércoles 8 y en la mañana del jueves 9 de marzo en Ariccia. «La muerte de Jesús es verdadera y no solo aparente» fue el punto de partida elegido por el predicador para su séptima reflexión, dedicada expresamente a la «muerte del Mesías» (Mateo 27, 45-56).

Por otra parte, precisó, «algunos detalles del pasaje evangélico son tan incómodos que para los exégetas representan precisamente indicios de historicidad, sobre la base del llamado “criterio de la vergüenza”: el primero de todos, el sentido de abandono que Jesús sintió en la cruz». Pero «para agudizar el sentido de abandono — explicó— está la incomprensión de Jesús por parte de quien está asistiendo» a la crucifixión. De hecho, «en los tres Evangelios sinópticos, aquellos que están bajo la cruz no entienden qué está sucediendo y cómo muere el Mesías: creen que Jesús llama a Elías». Y este «malentendido» es «una última tortura».

Sin embargo, como es sabido, en la cruz «Jesús está llamado al Padre, pero el Padre calla y no interviene: aquí está el otro elemento vergonzoso de todo el pasaje». Precisamente «sobre el grito al Padre — señaló el predicador — ha escrito algunas líneas bellísimas el escritor israelí Amos Oz», el cual describe la muerte de Jesús «desde el punto de vista de Judas que está asistiendo a la crucifixión esperando que no muera». Oz piensa que sobre todo Jesús llama más veces a la madre. Por otro lado, es un hecho que las mujeres asistieron a la crucifixión. Y precisamente bajo la cruz María es vista también como madre de la Iglesia.

Queda preguntarse, siguió el predicador, por qué «tantos malentendidos en los Evangelios, en las relaciones de Jesús con adversarios y apóstoles». Cristo «es continuamente malentendido, es un verdadero Iesus incomprehensus», que no es «reconocido, acogido, entendido». Se podría decir, según el religioso «que los malentendidos son mecanismos de defensa: las ciencias del lenguaje muestran cómo en la comunicación entran en juego el contenido y las relaciones entre los comunicados. A menudo se está de acuerdo sobre el objeto pero si la relación está comprometida, y hay obstáculos de tipo humano, entonces el contenido pasa a un segundo plano».

Por su parte, «Jesús no dejó de explicar y volver a explicar a los discípulos y adversarios las cosas que no comprendían. Pero desde la cruz no puede explicar nada más, aunque es la cruz la que explica todo: así Jesús no puede aclarar que no está llamando a Elías, puede solo encomendarse al Espíritu para que sea el Espíritu quien explique lo que no había conseguido hacer comprender». Una lección que vale también para cada cristiano, señaló Michelini invitando a preguntarse: «¿Cómo reacciono cuando los otros no me entienden o cuándo me siento incomprendido?». Y la sugerencia es la de verificar «si puedo mejorar mi comunicación» y, por tanto, «acoger la incomprensión con humildad». Pero también dejar de lado «orgullo y cabezonería» buscando siempre entender a los otros.

Significativa también, añadió, la combinación entre «la figura del centurión bajo la cruz», que golpea a Jesús con la lanza, y la del «centurión de Carfarnaún», para el que el Señor sana un ser querido: «Si Jesús pone a los soldados la otra mejilla, al centurión de Cafarnaún, como al que está bajo la cruz, pone su costado del cual se derramará agua y sangre para perdonar los pecados». Y así, a este punto de la meditación, el predicador introdujo «una cuestión un poco técnica de crítica textual, meramente filológica, pero de gran interés teológico». En el Evangelio de Mateo, de hecho, «se afirma que el golpe de lanza se da antes de la muerte de Jesús y no después, como en el Evangelio de Juan. Jesús, de esta forma, grita por el dolor y su grito no está separado del contexto sino causado precisamente por el golpe de lanza». Además «la sangre de Jesús para Mateo es la salvación de los pecados del mundo». Concluyendo, el religiosos invitó a saber «acoger la presencia de Dios» no solo «en los signos sorprendentes» sino sobre todo «en la ordinariedad de lo cotidiano y en la mirada del otro».

La sexta meditación, en la tarde del miércoles 8 de marzo, «fue caracterizada no solamente por su contenido» — el proceso romano a Jesús, la muerte de Pilato y los sueños de Dios (Mateo 27, 11-26) — «sino también por la modalidad en la que fue preparada», explicó el mismo Michelini. Fue de hecho escrita con una pareja de esposos, Mariateresa Zattoni y Gilberto Gillini. El franciscano colabora con ellos «desde hace varios años predicando ejercicios espirituales a las familias y para otros encuentros de formación». Juntos han escrito algunos libros «que presentan una doble forma de lectura del texto bíblico, exegética y contexto familiar». El predicador se mostró convencido de que «la lectura y la exégesis de la Escritura no son una prerrogativa de los consagrados o de los que trabajan en ello, y que las parejas y las familias deben ser ayudadas a practicarla: algo que hasta ahora — observó — no parece que se haya hecho de forma convencida en nuestra Iglesia».

Para la meditación, Michelini se inspiró en el proceso romano, apuntado hacia la elección hecha por Poncio Pilato, entre Jesús y Barrabás. Y recordó la interpretación dada por Benedicto XVI sobre una variante textual, registrada por Orígenes, sobre el nombre de Barrabás que sería «el mismo de Jesús». Así explicó cómo este elemento es «importante para entender el complejo sistema con el que el evangelista Mateo ve la eficacia de la sangre de Jesús para el perdón de los pecados. Este sistema teológico puesto en marcha por Mateo no nos debe hacer perder de vista la dimensión humana de un hecho aparentemente descontado y que es de una gravedad inaudita: dos hombres están el uno frente al otro; solo uno sobrevivirá».

Al respecto, el predicador hizo referencia a la novela de William Styron, Sophie’s choice (1979): contada por una joven madre polaca deportada a Auschwitz obligada por un oficial nazi a elegir cuál de sus dos hijos enviaba a la muerte. Con este matiz, el religioso recordó cómo «lamentablemente el pueblo hebreo ha sido, durante siglos, acusado de deicidio por los cristianos: finalmente esta absurda acusación fue desmontada a todos los niveles». Pero, insistió, «según la pasión de Mateo, esta acusación nunca tendría que haberse realizado, como en el caso de Sophie, obligada a mandar a la muerte a la propia hija, la responsabilidad de esta terrible decisión viene de quien ha puesto a la multitud la condición de elegir, es decir el prefecto romano».

Y para delinear la figura de la mujer de Pilato, el franciscano dio espacio a la contribución preparada por la pareja de esposos. «En el medio de la Pasión de Jesús según Mateo irrumpe una mujer», indican enseguida los cónyuges, destacando cómo «en el juego de poder masculino, la complicidad entre un sumo sacerdote y Pilato, irrumpe precisamente la voz tenue de una mujer. Pero solo a través de un mensajero, porque mientras los hombres juegan su partida no le está permitido acercarse». Aún así «la mujer de Pilato puede legitimarse frente a estos hombres porque, dice, “ha sufrido mucho” por ese “injusto”» (Mateo 27, 19).

La mujer hace «un acto de amor hacia el marido» comunicándole su sueño». Y «deseamos — es el deseo de los dos comentaristas — que las mujeres sean siempre capaces de este lenguaje y no se conviertan en papagayos de hombres cuando están jugando sus partidas de poder». En resumen, desde «detrás de la escena» la mujer, impotente, hace escuchar su voz y opone su sueño a los juegos de poder a ese justo: «pero un intento que fue al vacío». De hecho Pilato «se lava las manos, mostrando que él no tiene que ver»: es más, parece incluso haber escuchado la sugerencia de la mujer de «no tener que ver con ese justo» y quizá, «por la noche en casa, le habrá dicho que más que eso no podía hacer para salvarlo». Pero, es la conclusión de los dos cónyuges, «así la pareja se traiciona a sí misma, la alianza conyugal es malentendida, es reducida al propio interés, a la voluntad de tener razón que mata el amor».

Finalmente, en la última parte de la meditación, Michelini examinó «los cinco sueños del Evangelio de la infancia según Mateo, y el sueño de la mujer de Pilato». Estos sueños «deben ser vistos en su conjunto, porque representan lo que podremos llamar el “sueño de Dios”: la salvación del hijo, que a través de los sueños desde el inicio del Evangelio escapa de quien lo quiere matar». Pero «si José y los magos entienden lo que deben hacer, y no obstante la debilidad de lo recibido lo ponen en práctica, Pilato sin embargo no escucha la voz de la mujer, no escucha los sueños, le interesa solo, como ya sucedió con Herodes, conservar el poder». Una cuestión que toca de cerca a los creyentes, hasta empujarles a preguntarse «cuál es mi sueño hoy y si corresponde, en cuanto puedo entender, al sueño de Dios para mí».

Fuente: L’Osservatore Romano

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