El problema número uno

«¿Que hay más importante y actual para el creyente, y es más, para cada hombre, para cada mujer, que saber si la vida tiene sentido o no, si la muerte es el final de todo o, por el contrario, el inicio de la verdadera vida?». En la tercera predicación de Cuaresma, que tuvo lugar el viernes 24 de marzo por la mañana, en la capilla Redemptoris Mater, en presencia del Papa Francisco, el padre Raniero Cantalamessa se detuvo en el «problema humano número uno»: la muerte.

En línea con las meditaciones precedentes, el predicador de la Casa pontificia habló del misterio de la muerte a través de la llave del Espíritu Santo, ese Espíritu – se lee explícitamente en la Carta a los Hebreos (9, 14)– que dio a Jesús «el impulso para ofrecerse en sacrificio al Padre y la fuerza que le sostiene durante su pasión». Ese Espíritu, añadió el fraile capuchino, dado al Cristo «en el momento del nacimiento y luego públicamente, en el bautismo», que es dado sucesivamente a los hombres «en la cruz». Guiados por el Espíritu Santo, entonces, nos podemos preguntar «¿Qué significa para nosotros la muerte de Cristo?» y sobre todo «¿Con ella qué ha cambiado a propósito de nuestra muerte?».

Fuente: L’Osservatore Romano

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