No a un equilibrio basado en el miedo

La cancelación de los arsenales nucleares del mundo no es solo «un desafío» sino «un imperativo moral y humanitario». Lo afirma el Papa en el mensaje enviado a los participantes en la conferencia de la ONU que tiene como fin negociar un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de las armas nucleares, que conduzca a su total eliminación.

«El destino común de la humanidad exige que se refuerce, con realismo, el diálogo y se construyan y consoliden mecanismos de confianza y cooperación, capaces de crear las condiciones para un mundo sin armas nucleares» escribe Francisco en el texto leído por monseñor Antoine Camilleri, Subsecretario para las Relaciones con los Estados, jefe de la delegación de la Santa Sede en el encuentro, durante la primera parte de los trabajos, en curso en Nueva York del 27 al 31 de marzo. Para el Pontífice, efectivamente, no se puede considerar «sostenible un equilibrio basado en el miedo», porque «eso en realidad tiende a aumentarlo y a socavar las relaciones de confianza entre los pueblos».

En realidad, la respuesta de la disuasión nuclear resulta inadecuada por completo para afrontar las amenazas como «el terrorismo, los conflictos asimétricos, la seguridad informática, los problemas ambientales, la pobreza». Estos fenómenos, además, «asumen aún más consistencia cuando consideramos las catastróficas consecuencias humanitarias y ambientales derivadas de cualquier uso de las armas nucleares con devastadores efectos indiscriminados e incontrolables». Sin contar «el derroche de recursos de energía nuclear con fines militares», que –recuerda el Papa– «podrían en cambio ser utilizadas para prioridades más importantes, tales como la promoción de la paz y el desarrollo humano integral, así como la lucha contra la pobreza y la aplicación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible».

En el mensaje el Pontífice reafirma la necesidad de construir la paz «sobre la justicia, sobre el desarrollo humano integral, sobre el respeto de los derechos humanos fundamentales, sobre la protección de la creación, sobre la participación de todos en la vida pública, sobre la confianza entre los pueblos, sobre la promoción de instituciones pacíficas, sobre el acceso a la educación y a la salud, sobre el diálogo y la solidaridad». Es necesario entonces «ir más allá de la disuasión nuclear», teniendo clara conciencia de que cualquier respuesta deba ser «colectiva y concertada, basada en la confianza recíproca» y en un compromiso «lo más inclusivo posible», evitando «esas formas de recriminación mutua y de polarización que obstaculizan el diálogo en lugar de fomentarlo».

Fuente: L’Osservatore Romano

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