Dios convierta los corazones de los terroristas

Con el pensamiento en las víctimas de las recientes masacres sucedidas en Egipto e Inglaterra, el Papa recitó el Regina caeli junto a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro el domingo 28 de mayo, solemnidad de la Ascensión.

Hablando del atentando del viernes 26 contra los cristianos coptos en Minya, el Pontífice expresó nuevamente «cercanía» al patriarca Teodoro II y «a toda la nación egipcia» golpeada por «otro acto de feroz violencia. Las víctimas, entre las cuales también niños — recordó Francisco — son fieles que se dirigían a un santuario a rezar, y fueron asesinados después de rechazar renegar de su fe cristiana». El deseo del Papa es que «el Señor acoja en su paz a estos valientes testigos, estos mártires, y convierta los corazones de los terroristas». Un llamamiento que el Pontífice renovó también «por las víctimas del horrible atentado del lunes pasado en Manchester, donde tantas vidas jóvenes fueron rotas cruelmente», asegurando estar «cercano a los familiares y a los que lloran la pérdida».

Anteriormente, haciendo referencia a la página evangélica de la Ascensión, el Papa había afirmado que «la Iglesia existe para anuncia el Evangelio». Y precisamente esta es «la alegría de la Iglesia», había reiterado remarcando que «Dios nos ha dado la gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de hacerlo accesible a la humanidad». Esta, añadió, «es nuestra dignidad, este es el más grande honor de cada uno de nosotros, ¡de todos los bautizados!»

«En esta fiesta de la Ascensión — exhortó — mientras dirigimos la mirada al cielo, donde Cristo ha ascendido y está sentado a la derecha del Padre», «reforcemos nuestros pasos en la tierra para proseguir con entusiasmo y valentía nuestro camino, nuestra misión de testimoniar y vivir el Evangelio en todo ambiente». Con la conciencia de que «esta no depende en primer lugar de nuestras fuerzas, de capacidades organizativas o recursos humanos», porque «solamente con la luz y la fuerza del Espíritu Santo nosotros podemos cumplir eficazmente nuestra misión de hacer conocer y experimentar cada vez más a los otros el amor y la ternura de Jesús».

Al finalizar la oración mariana, Francisco recordó también la jornada mundial de las comunicaciones sociales — exhortando a rezar «para que la comunicación, en todas sus formas, sea efectivamente constructiva, al servicio de la verdad rechazando los prejuicios, y difunda esperanza y confianza en nuestro tiempo» — y saludó a un grupo de trabajadores, deseando que las elecciones empresariales no sen guiadas nunca por el mero beneficio sino respetando los derechos de las personas.

Fuente: L’Osservatore Romano

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