Se refuerzan las esperanzas de paz

El camino de la paz en Colombia todavía es largo, pero ya hay resultados concretos. El grupo armado de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) ha entregado el treinta por ciento de las armas en su poder, como estaba previsto en los acuerdos de paz con el gobierno de Bogotá firmados en octubre 2016. Se trata de un paso hacia adelante de gran importancia para poner fin a una de las guerrillas más sangrientas de América latina. Las FARC, el mayor grupo rebelde colombiano, han hecho público ayer que ha sido entregado el treinta por ciento de sus armas al personal de Naciones Unidas como estaba previsto en el tratado de paz. Los rebeldes se han comprometido en entregar otro treinta por ciento del propio arsenal el próximo miércoles, mientras el resto en los próximos quince días. Las armas serán dislocadas en 26 campamentos en varias partes de Colombia. Todavía quedan unos 7000 fusiles y pistolas por entregar a los inspectores de la ONU hasta el completo desarme de la guerrilla, que se transformará en un partido político. La entrega de las armas fue anunciada por el líder de las FARC, Timoleón Jiménez, conocido también como Timochenko, nombre de guerra de Rodrigo Londoño Echeverri. Confirmaciones en ese sentido llegaron también de fuentes gubernativas y de las Naciones Unidas. La entrega del arsenal confirma por consiguiente la voluntad de paz de los guerrilleros, además de las recientes palabras del presidente colombiano, Juan Manuel Santos, premio Nobel por la paz. Santos efectivamente declaró que el de Bogotá y las FARC es el único caso de éxito de un acuerdo de paz, hasta hoy, apoyado por las Naciones Unidas en todo el mundo. La paz «es un cambio verdaderamente fundamental para el futuro de Colombia» explicó recientemente el presidente.

Fuente: L’Osservatore Romano

Es necesario rezar por la paz

«En nuestro tiempo hay mucha necesidad de rezar por la paz»: es el nuevo llamamiento urgente del Papa a «cristianos, judíos y musulmanes» en la vigilia de la iniciativa «Un minuto por la paz» que se celebra el jueves en varios países en recuerdo del encuentro del 8 de junio de 2014 entre el Pontífice y los presidentes israelí y palestino. Francisco lanzó lo indicó al finalizar la audiencia general del miércoles 7, saludando a los grupos de fieles presentes en la plaza de San Pedro.

Anteriormente, prosiguiendo las catequesis sobre la esperanza cristiana a la luz de la Escritura, el Papa había hablado de la oración de Jesús (Lucas 11, 1-4) deteniéndose en particular en el padrenuestro. De hecho, explicó, «todo el misterio de la oración cristiana se resume aquí, en esta palabra: tener la valentía de llamar a Dios con el nombre de Padre».

Por esto, prosiguió, «nunca estamos solos. Podemos estar lejanos, hostiles», incluso «podemos también profesarnos “sin Dios”. Pero dios no puede estar sin nosotros: Él no será nunca un Dios “sin el hombre”; es Él que no puede estar sin nosotros, ¡y esto es un misterio grande! Y esta certeza — concluyó — es el manantial de nuestra esperanza».

El silencio y la oración

El primer gesto del Papa en Fátima ha sido una larga oración ante la pequeña estatua de la Virgen a la cual ofreció el antiquísimo regalo de la rosa de oro. En un silencio impresionante, solo roto por el trinar de los pájaros aunque había centenares de miles de personas presentes en la enorme explanada donde durante el último medio siglo acudieron sus tres predecesores. Y precisamente la oración es el objetivo del viaje brevísimo de Bergoglio, que durante el rosario de por la tarde se definió peregrino de la luz, de la paz, de la esperanza.

Un peregrino llegado solo para orar a la «señora vestida de blanco» que hace un siglo manifestó «los designios de la misericordia de Dios», él «como obispo vestido de blanco» llegado para recordar a aquellos que «vestidos de candor bautismal desean vivir en Dios y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz» dijo el Pontífice. Y continuó: seremos así «la Iglesia vestida de blanco, de un candor blanqueado con la sangre del Cordero derramada también hoy en las guerras que destruyen el mundo en el que vivimos».

En el marco del viaje esencial de Pablo VI que a Fátima fue para implorar la paz, también la peregrinación de Francisco se coloca en una contemporaneidad contradictoria, evocada por su Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, durante la misa celebrada mientras había anochecido, en la oscuridad punteada por miles de velas: un siglo después de la primera aparición de la Virgen, mientras Europa estaba devastada por la guerra, hoy la paz está consolidada y parece obvia, pero al mismo tiempo para millones de personas está muy lejana, hasta tal punto que con plena razón el Papa habla de una guerra mundial «a pedazos», difundida y alimentada por inconfesables intereses económicos.

Cien años después de los acontecimientos de 1917 el Pontífice ha canonizado a los videntes más jóvenes de Fátima, los dos hermanos Francisco y Jacinta Marto. Y ya el 13 de mayo por la tarde, la segunda «no pudo contenerse y desveló el secreto a su mamá: “hoy he visto a la Virgen”. Ellos habían visto a la Madre del cielo» dijo Bergoglio, notando que solo ellos la habían visto y añadiendo: «María no vino aquí para que la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, siempre y cuando vayamos al cielo». La Virgen efectivamente, «presagiando y advirtiéndonos del riesgo del infierno al cual nos conduce una vida, a menudo propuesta e impuesta, sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino para recordarnos la luz de Dios que habita en nosotros y nos cubre».

He aquí el secreto de Fátima, un mensaje que ciertamente no está contenido en revelaciones sensacionales. «ningún gran misterio es desvelado; el velo del futuro no es rasgado» escribió en el 2000 el cardenal Ratzinger, porque el sentido del mensaje es el de «movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien», después de un siglo marcado por guerras tremendas y por persecuciones a la Iglesia. Sentido recordado por Francisco con las palabras de Pablo VI: «Si queremos ser cristianos, debemos ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús y que nos abre el camino que nos lleva a Él». Siguiendo simplemente el camino indicado por el Evangelio, como hizo María, su primera testigo.

Fuente: L’Osservatore Romano