Una nueva conciencia civil

Solo «una nueva conciencia civil» puede llevar a «una auténtica liberación de las mafias». Lo afirmó el Papa en el discurso a los parlamentarios italianos de la Comisión antimafia, recibidos junto con los familiares el jueves, 21 de septiembre, por la mañana en la Sala Clementina. Recordando a quienes «en Italia han pagado con la vida su lucha contra las mafias» -en particular Livatino, Falcone y Borsalino- el Pontífice denunció el fenómeno de la corrupción e invocó una «mayor justicia social» para garantizar derechos y oportunidades. El Papa también expresó una fuerte denuncia a las finanzas sometidas a los tráficos criminales, como droga, armas, trata de personas, eliminación de residuos tóxicos, condicionamiento de contratos de grandes obras, juegos de azar o criminalidad organziada.

Fuente: L’Osservatore Romano

Tolerancia cero contra los abusos sexuales

El Papa confirma la línea de «tolerancia cero» emprendida por la Iglesia contra los responsables de abusos sexuales de niños. Una línea que «la Iglesia irrevocablemente y a todos los niveles pretende aplicar», confirmó durante la audiencia con los miembros de la Pontificia comisión para la tutela de los menores, recibidos en el Vaticano el jueves, 21 de septiembre por la mañana.

«El escándalo del abuso sexual –denunció el Pontífice en el discurso preparado y entregado a los presentes, a los cuales después dirigió algunas consideraciones improvisadas- es realmente una ruina terrible para toda la humanidad y afecta tanto a niños, como a jóvenes como a adultos vulnerables en todos los países y en todas las sociedades». Para la Iglesia, en particular, la toma de conciencia de este fenómeno «ha sido una experiencia muy dolorosa», poque ha puesto en claro la responsabilidad de «los que han traicionado la propia llamada y han abusado de los hijos de Dios».

El Papa vuelve a manifestar «profundo dolor» y «vergüenza por los abusos cometidos por los ministros sagrados, que deberían ser las personas más dignas de confianza», confirmando «con toda claridad que el abuso sexual es un pecado terrible, completamente opuesto y en contradicción con aquello que Jesucristo y la Iglesia nos enseñan». Por eso repite que «la Iglesia, a todos los niveles, responderá con la aplicación de las medidas más severas» contra los culpables.

«Las medidas disciplinarias que las Iglesias particulares han adoptado –añade el Pontífice- se deben aplicar a todos los que trabajan en las instituciones de la Iglesia». Sin embargo, añade, «la responsabilidad primordial es de los obispos, de los sacerdotes y de los religiosos, de los que han recibido del Señor la vocación de ofrecer su vida al servicio, incluyendo la vigilante protección de todos».

En su discurso, Francisco no deja de destacar la importante labor que ha desarrollado la Comisión en los últimos tres años. Trabajo también marcado por algunos encuentros con «las víctimas y los supervivientes de abusos», que han visto la participación del propio Pontífice y han confirmado el empeño «en hacer todo lo posible para combatir este mal y eliminar esta ruina entre nosotros». Particularmente «valiosa» ha sido la acción «para compartir las mejores prácticas sobre todo para aquellas Iglesias que tienen menos recursos para este trabajo crucial de protección». Y con tal objetivo, el Papa anima a la comisión a continuar con la colaboración con las Congregaciones para la doctrina de la fe y para la evangelización de los pueblos, «para que tales prácticas sean inculturadas en las diversas Iglesias de todo el mundo».

Fuente: L’Osservatore Romano

No detenerse en el primer paso

Con una grandiosa misa en el corazón del vasto puerto de Cartagena de Indias se concluyó la visita a Colombia del Papa. «Me habéis hecho mucho bien», dijo con sencillez Francisco, que dejó en el país una consigna más allá del lema, muy eficaz, elegido para estos días: no detenerse en el «primer paso», sino continuar día a día «andando al encuentro del otro, en busca de la armonía y de la fraternidad». Con la mirada dirigida a una figura ejemplar de testigo del Evangelio, el jesuita Pedro Claver, que en el siglo XVII dedicó su vida a los más pobres: cuarenta años de «esclavitud voluntaria» junto a los innumerables esclavos que llegaban de África a la gran ciudad colonial con vistas al Caribe.

El ejemplo de este santo «nos hace salir de nosotros mismos», abandonando la autorreferencialidad, dijo Bergoglio, repitiendo un concepto central de su vida en Argentina y como protagonista de un pontificado esencialmente misionero. Como se ha visto también en este viaje, recorriendo un país que busca salir de más de medio siglo de guerra. «Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando un abrazo de paz, libre de cualquier violencia, esclavos de la paz, para siempre», fueron las últimas palabras del pontífice al término de la celebración en la ciudad que, precisamente por Claver, fue elegida por el Congreso colombiano como símbolo y sede institucional de la defensa de los derechos humanos en el país.

Sobre las huellas del jesuita y de sus compañeros, trabajó al inicio del siglo XX una mujer, María Bernarda Bütler, religiosa suiza también canonizada por su acción incansable y evangélica para sanar desigualdades y conflictos sociales evidentes. Una injusticia estructural que el Papa evocó dolorosamente en la conversación con los periodistas durante el vuelo de vuelta al hablar de las últimas horas transcurridas en Cartagena de Indias. Aquí como primer gesto, no por casualidad, visitó una obra de Talitha Kum, la red que la Unión Internacional de Superioras Generales ha construído en todo el mundo para contrarrestar la vergüenza de la trata y de la explotación sexual de mujeres.

Y durante la última misa, comentando las palabras de Jesús sobre la corrección fraterna, la voz del Pontífice se elevó fuerte. En apoyo del difícil proceso de paz en Colombia y después en la condena firme del narcotráfico, ya anticipada en el discurso a los obispos del país, y de las realidades criminales mundiales frente a las cuales existe un riesgo de omisión, habituación, indiferencia: la devastación del ambiente, la explotación del trabajo, el lavado del dinero, la trata de seres humanos.

Temas que volvieron en parte de la rueda de prensa durante la cual los temas del viaje se entrelazaron con los de actualidad internacional. El Papa volvió así sobre la plaga de la corrupción, sobre el cambio climático y sobre la cuestión migratoria tanto en América como en el Mediterráneo: un nudo arduo, afrontado con coraje y humanidad en países como Grecia e Italia, a los que el Pontífice agradeció explícitamente. En busca de un punto de equilibrio entre acogida, integración y superación de las causas en la raíz de un fenómeno mundial que marca una época.

Fuente: L’Osservatore Romano