Evangelizar también significa educar

«Educar y acompañar a las nuevas generaciones a aprender los valores humanos y a cultivar una visión evangélica de la vida y de la historia»: es este el deber «urgente» que el Papa confió a los participantes en el capítulo general de los misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, recibidos en audiencia el sábado, 16 de septiembre por la mañana, en la Sala Clementina. Se trata, explicó el Pontífice, de «una de las fronteras de la misión evangelizadora de la Iglesia, hacia las cual toda la comunidad cristiana está invitada a derivar».

Fuente: L’Osservatore Romano

En diálogo con los jóvenes

En el medio de los jóvenes para escucharlos, aconsejarlos y animarlos a ser protagonistas de su vida. Ha sido un domingo particular el del Papa Francisco, que quiso pasar buena parte de la jornada del 17 de septiembre con los participantes en la fiesta «Giovaninsieme» (jóvenes juntos), un grupo de casi 550 chicos y chicas acompañados por hermanos menores de Las Marcas.

En torno a las 9:30 el Pontífice se dirigió a pie, directamente desde la vecina casa de Santa Marta, hasta el Aula Pablo VI, donde estaban reunidos los jóvenes. Después de los saludos y los regalos simbólicos ofrecidos, Francisco guió un momento de escucha de la palabra de Dios, con la lectura del salmo 121 y después el pasaje de los discípulos de Emaús, narrado en el Evangelio según San Lucas. Fue precisamente este el pasaje que dio al Papa el punto de partida para una catequesis. Reflexiones que llevó adelante improvisando, implicando de vez en cuando a los chicos con preguntas y provocaciones para incitarles a salir de sí mismos, a tomar de la mano sus vidas, a convertirse en artífices y protagonistas.

Antes del mediodía, el Pontífice dejó el Aula para el rezo del Ángelus. En la plaza, para escuchar su reflexión, dedicada al perdón y a la misericordia de Dios, también estuvieron sus jóvenes invitados, que después volvieron al Vaticano para el almuerzo. Francisco los alcanzó nuevamente en torno a las 15 horas y mantuvo con ellos un diálogo compuesto de preguntas y respuestas. Adolescentes, jóvenes y una familia se alternaron frente a él para pedir indicaciones y consejos sobre algunos temas importantes: la vida, la fe, la vocación, el amor o la familia. El entusiasmo festivo que caracterizó todo el encuentro cedió paso al silencio y los chicos escucharon atentos las palabras del pontífice. Y la consigna de Francisco, antes de terminar el encuentro en torno a las 16.20 fue clara: «¡Id por los caminos de la vida sin miedo! Con alegría y esperanza».

Mirar con el corazón

Qué significa «mirar con el corazón», tener realmente «compasión» y no simple «pena» frente al dolor de las personas. A este tema dedicó el Papa la meditación en la misa celebrada en Santa Marta, el miércoles, 19 de septiembre. Partiendo del pasaje del Evangelio según San Lucas (7, 11-17), con el pasaje del encuentro de Jesús con la viuda de Naín, el Pontífice aprovechó la ocasión para una catequesis sobre la relación del cristiano con el sufrimiento de los pobres y de los marginados.

Francisco comenzó haciendo hincapié en que Jesús, aun estando con los discípulos en medio de una gran muchedumbre, «tuvo la capacidad de mirar a una persona», una «viuda que iba a sepultar a su único hijo». Hay que tener presente, recordó que «en el Antiguo Testamento, los más pobres eran las viudas, los huérfanos y los extranjeros y forasteros». En la Escritura se encuentran continuamente exhortaciones del tipo: «cuida de la viuda, de huérfano y del migrante». Por lo demás, «la viuda está sola, el huérfano tiene necesidad de cuidados para encajar en la sociedad» y por lo que respecta al extranjero, al migrante, se hace continuamente referencia al exilio en Egipto. Es una verdadera y auténtica «cantinela en el Deuteronomio, en el Levítico… es una cantinela… en los mandamientos…». Parece, añadió el Papa, que estos fueran precisamente «los más pobres, también más pobres que los esclavos: la viuda, el huérfano y el inmigrante, el forastero, el extranjero».

Una atención que se vuelve a encontrar en el comportamiento de Jesús, el que «tiene la capacidad de mirar el detalle»: había tanta gente, pero él «miraba allí… Jesús mira con el corazón».

En este punto, el Pontífice analizó el comportamiento de Jesús e individuó «tres palabras que nos ayudan a entender que hizo» para estar junto a la viuda, para «ir por el mismo camino».

Para empezar, «tuvo compasión». Se lee, de hecho que «viéndola, el señor fue preso de una gran compasión por ella». La compasión, explicó Francisco, «es un sentimiento que fascina, es un sentimiento del corazón, de las vísceras, compromete todo». Sobre todo, «no es lo mismo que la “pena”» ni que quien dice «…”¡qué pena, pobre gente!” : no, no es lo mismo». La compasión, de hecho «implica, es “ir con”» Y Jesús «se implica con una viuda y con un huérfano». Alguno, observó el Pontífice, podría objetar: «Pero di, tu tienes toda una multitud aquí, ¿por qué no hablas a la multitud?. Déjalo… la vida es así… hay tragedias que suceden, ocurren…». Yen cambio «no. Para Él eran más importantes aquella viuda y aquel huérfano muerto que la multitud a la que estaba hablando y que lo seguía». Porque, explicó el Papa, «su corazón, sus vísceras se habían implicado. El Señor, con su compasión, se había implicado en este caso. Tuvo compasión».

Hay después «una segunda palabra» a notar: Jesús «se acercó. La compasión lo empujó a acercarse». Explicó Francisco_ «Acercarse es una señal de compasión. Yo puedo ver tantas cosas pero no acercarme. Igual siento un dolor… pero, pobre gente…». Y sin embargo acercarse es otra cosa. El Evangelio añade un detalle: Jesús dijo «no llores» a la mujer. Y el Pontífice a tal respecto reveló: «a mí me gusta pensar que “el Señor, cuando decía esto a aquella mujer, la acariciaba”; Él tocó a la mujer y tocó el ataúd». Es necesario, dijo, «acercarse y tocar la realidad. Tocar. No mirarla desde lejos».

Sucede después el milagro de la resurrección del hijo de la viuda. Y «Jesús no dice: “Hasta pronto, yo continúo el camino”», sino «toma al chico y ¿qué dice? “lo devolví a su madre”». He aquí la tercera palabra clave: «restituir. Jesús hace milagros para restituir, para poner en el lugar preciso a las personas. Y es eso lo que ha hecho con la redención». Dios «tuvo compasión, se acercó a nosotros en su hijo y nos restiuyó a todos en la dignidad de hijos de Dios. Nos ha recreado a todos».

Un ejemplo que cada cristiano debe seguir en la vida de cada día: «También nosotros debemos hacer lo mismo», explicó el Papa dando un ejemplo concreto. Sucede, de hecho, que «muchas veces vemos los telediarios o la portada de los periódicos, las tragedias… pero mira, en ese país los niños no tienen qué comer; en aquel país los niños hacen de soldados; en ese país las mujeres son esclavizadas; en aquel país… ¡oh, qué calamidad! Pobre gente…». Pero después «cambio de página y paso a la novela, a la telenovela que viene después. Y esto no es cristiano».

Desde aquí la invitación a un examen de conciencia: «¿Yo soy capaz de tener compasión, de rezar?. cuando veo estas cosas que me llevan a casa a través de los medios, la televisión… ¿las vísceras se mueven?. El corazón palpita con esa gente, o siento pena, digo “pobre gente”», y después, ¿termina ahí?.

Y si nos damos cuenta de esto, añadió Francisco, debemos «pedir la gracia: “Señor, dami la gracia de la compasión”».

Del mismo modo, cuando se encuentra a una persona necesitada: «¿Me acerco?, hay tantos modos de acercarse… o ¿busco ayudarlo desde lejos?». Hay, de hecho, quien se justifica diciendo: «Sepa, padre, que esta gente huele mal y a mi no me gusta olerlo, porque esta gente no se ducha, huele mal…».

Y entonces, añadió el Pontífice, cada cristiano debería preguntarse: «¿Soy capaz -con la oración de intercesión, con mi trabajo como cristiano- de ayudar a fin de que la gente que sufre consiga ser restituida en la sociedad, en la vida de familia, en la vida del trabajo, en la vida cotidiana?»

Desde aquí la exortación final: «Pensemos en estas tres palabras: nos ayudarán. Compasión, acercarse, restituir». Con la invitación a rezar para que «el Señor nos dé la gracia de tener compasión frente a tanta gente que sufre, nos dé la gracia de acercarnos y la gracia de llevarlos de la mano en el lugar digno que Dios quiere para ellos».

Francisco en Colombia: Mensaje durante el Gran Encuentro de oración por la reconciliación nacional en el Parque Las Malocas (TEXTO COMPLETO)

Queridos hermanos y hermanas:

Desde el primer día he deseado que llegara este momento de nuestro encuentro. Ustedes llevan en su corazón y en su carne las huellas de la historia viva y reciente de su pueblo, marcada por eventos trágicos pero también llena de gestos heroicos, de gran humanidad y de alto valor espiritual de fe y esperanza. Vengo aquí con respeto y con una conciencia clara de estar, como Moisés, pisando un terreno sagrado (cf. Ex 3,5). Una tierra regada con la sangre de miles de víctimas inocentes y el dolor desgarrador de sus familiares y conocidos. Heridas que cuesta cicatrizar y que nos duelen a todos, porque cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye como personas.

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Francisco en Colombia: Homilía durante la misa en Villavicencio (TEXTO COMPLETO)

Reconciliarse con Dios, con los Colombianos y con la Creación

¡Tu nacimiento, Virgen Madre de Dios, es el nuevo amanecer que ha anunciado la alegría a todo el mundo, porque de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios! (cf. Antífona del Benedictus). La festividad del nacimiento de María proyecta su luz sobre nosotros, así como se irradia la mansa luz del amanecer sobre la extensa llanura colombiana, bellísimo paisaje del que Villavicencio es su puerta, como también en la rica diversidad de sus pueblos indígenas.

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