Nuestras Misiones Toribianas en acción – Navidad 2017

Haciendo misión, en Huancavelica y Lima.

Posted by Misiones Toribianas on Wednesday, December 27, 2017

Posted by Misiones Toribianas on Saturday, December 30, 2017

Sin Jesús no hay Navidad

«En nuestros tiempos, especialmente en Europa, asistimos a una especie de «desnaturalización» de la Navidad» que «en nombre de un falso respeto» a menudo esconde la voluntad de marginar la fe»; mientras que «sin Jesús no hay Navidad; es otra fiesta». Lo remarcó con fuerza el Papa en la audiencia general que tuvo lugar en el Aula Pablo VI el miércoles por la mañana, 27 de diciembre, al día siguiente de las fiestas navideñas.

En particular, el Pontífice subrayó que «si al centro está» el Niño «entonces también las luces, los sonidos, las diversas tradiciones» es decir todo «conlleva a crear la atmósfera de la fiesta». Pero «Si le quitamos a Él, la luz se apaga y todo se convierte en fingido».

Un tema, este, que resonó también durante el mensaje urbi et orbi dirigido precisamente en el día de Navidad desde la logia de la bendición de la basílica vaticana, durante el cual el Papa remarcó cómo «mientras el mundo se ve azotado por vientos de guerra y un modelo de desarrollo ya caduco sigue provocando degradación humana, social y ambiental», la solemnidad contiene un reclamo para los cristianos a «la señal del Niño y a que lo reconozcamos en los rostros de los niños», especialmente los débiles e indefensos.

Y entre estos el Pontífice citó a los pequeños «de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos », con la consecuente exhortación a invocar la paz «para Jerusalén y para toda la Tierra Santa»; en particular «para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados».

Por tanto Francisco hizo referencia a los «rostros de los niños sirios, marcados aún por la guerra que ha ensangrentado ese país en estos años. Que la amada Siria — deseó — pueda finalmente volver a encontrar el respeto por la dignidad de cada persona, mediante el compromiso unánime de reconstruir el tejido social con independencia de la etnia o religión a la que se pertenezca». Sin dejar fuera a los «los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años» y los de «Yemen, donde existe un conflicto en gran parte olvidado, con graves consecuencias humanitarias para la población que padece el hambre y la propagación de enfermedades». Respecto a África, el Pontífice recordó a los niños «que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria», manifestando preocupaciones por todos los pequeños que viven en contextos en los que «la paz y la seguridad se ven amenazadas». De aquí la oración para que «en la península coreana se superen los antagonismos y aumente la confianza mutua» para que «Venezuela al Niño Jesús para que se pueda retomar un diálogo sereno entre los diversos componentes sociales por el bien de todo el querido pueblo venezolano».

Finalmente no podía faltar una referencia también a los «los niños que, junto con sus familias, sufren la violencia del conflicto en Ucrania, y sus graves repercusiones humanitarias».

Anteriormente, en la misa de la noche celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa reiteró la importancia de la acogida y de la hospitalidad en los relacionado con los migrantes.

Fuente: L’Osservatore Romano

Son los niños las principales víctimas de la violencia

Abusados, secuestrados, obligados a abandonar las propias casas, reducidos a esclavos, escudos humanos, soldados. Cada vez los niños, junto con las mujeres, son hoy las principales víctimas de la violencia. Y este odioso dato emerge, como documenta el último informe de Unicef sobre la condición infantil en el mundo, sobre todo donde las crisis son más agudas.

Precisamente como había denunciado el día de Navidad el Papa Francisco, en el mensaje urbi et orbi. El cuadro general trazado por Unicef es impresionante. En 2017, los niños han sido objeto de ataques y atentados en un evidente desprecio de las normas internacionales. Las situaciones más dramáticas se registran en África. En el noroeste de Nigeria y en Camerún, el grupo terrorista Boko Haram ha obligado a al menos 135 niños a realizar ataques suicidas: un número cinco veces más elevado respecto al 2016. En la República Centroafricana, después de meses de conflictos, un relevante incremento de las violencias ha causado la muerte, la violación, el secuestro y la reclutamiento de cientos de menores por parte de diferentes grupos armados. En la región de Kasai, en la República Democrática del Congo, la violencia ha obligado a 850.000 niños a dejar sus casas, mientras que más de 200 centros sanitarios y 400 escuelas han sido atacadas. Se estima que en el país 350.000 niños sufren actualmente malnutrición aguda grave. En Sudán del Sur, donde el conflicto y la economía de colapso han provocado la carestía en diferentes regiones, se estima que más de 19.000 niños hayan sido reclutados por fuerzas armadas y que más de 2.300 hayan sido asesinados o heridos desde el principio del conflicto (diciembre 2013). En Somalia, en los primeros 10 meses de 2017, se han registrado 1.740 casos de reclutamiento forzoso de menores. En Oriente Medio y Próximo el registro lamentablemente no cambia. En Irak y en Siria los niños son habitualmente usados como escudos humanos viven atrapados en zonas bajo asedio. Otro capítulo dramático es el de las migraciones. Según Unicef, en total son cincuenta millones los niños implicados en las migraciones a nivel mundial, 28 millones de los cuales son desplazados a causa de conflictos.

Contrastar eficazmente los cambios climáticos

Decisiones eficaces para contrastar los cambios climáticos fueron invocadas por el Papa al finalizar el Ángelus del domingo 10 de diciembre en la plaza de San Pedro, en la vigilia del “One planet summit” que se abre el martes 12 en la capital francesa. «Dos años después de la adopción del Acuerdo de París sobre el clima — dijo — «tiene la intención de renovar el compromiso para su realización y consolidar una estrategia compartida para contrastar el preocupante fenómeno del cambio climático».

De aquí el deseo del Pontífice de que el encuentro parisino, «así como las otras iniciativas que van en la misma dirección, favorezcan una clara toma de conciencia sobre la necesidad de adoptar decisiones realmente eficaces» para contrastar el fenómeno «y, al mismo tiempo, combatir la pobreza y promover el desarrollo humano integral». En tal contexto, Francisco también expresó cercanía a las poblaciones de la India — especialmente a las familias de los muchísimos pescadores dispersos — golpeados por el ciclón Okhi y a las de Albania probada por graves inundaciones.

Significativo también el llamamiento lanzado por el Papa para el desarme nuclear y la defensa de los derechos humanos, en la jornada en la que se concedía el premio Nobel de la paz a la campaña internacional para abolir las armas nucleares. Subrayando que el reconocimiento era entregado coincidiendo con la jornada convocada por las Naciones Unidas por los derechos humamos, el Pontífice remarcó «el fuerte vínculo» entre estos dos temas. «De hecho— explicó —, comprometerse en la defensa de la dignidad de todas las personas, de modo particular de las más débiles y desfavorecidas, significa también trabajar con determinación para construir un mundo sin armas nucleares». Por otro lado, prosiguió, «Dios nos da la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común: tenemos la libertad, la inteligencia y la capacidad de guiar la tecnología, de limitar nuestro poder, al servicio de la paz y del verdadero progreso».

Antes de la oración mariana, comentando las lecturas del segundo domingo de Adviento, el Pontífice habló de la importancia de este tiempo litúrgico «para reconocer los vacíos para colmar en nuestra vida, para allanar las asperezas del orgullo y dejar espacio a Jesús que viene». En particular llamó la atención sobre «todos los vacíos de nuestro comportamiento ante Dios», es decir sobre los «pecados de omisión». Entre ellos indicó «el hecho de que no rezamos o rezamos poco»; así como «falta de caridad hacia el prójimo, sobre todo, hacia las personas más necesitadas de ayuda no solo material».

«Estamos llamados — exhortó— a prestar más atención a las necesidades de los otros, más cercanos. Como Juan Bautista, de este modo podemos abrir caminos de esperanza en el desierto de los corazones áridos de tantas personas». Francisco recomendó sobre todo «asumir actitudes de mansedumbre y de humildad, sin gritar, escuchar, hablar con mansedumbre y así preparar la venida de nuestro Salvador».

Fuente: L’Osservatore Romano