Sin Jesús no hay Navidad

«En nuestros tiempos, especialmente en Europa, asistimos a una especie de «desnaturalización» de la Navidad» que «en nombre de un falso respeto» a menudo esconde la voluntad de marginar la fe»; mientras que «sin Jesús no hay Navidad; es otra fiesta». Lo remarcó con fuerza el Papa en la audiencia general que tuvo lugar en el Aula Pablo VI el miércoles por la mañana, 27 de diciembre, al día siguiente de las fiestas navideñas.

En particular, el Pontífice subrayó que «si al centro está» el Niño «entonces también las luces, los sonidos, las diversas tradiciones» es decir todo «conlleva a crear la atmósfera de la fiesta». Pero «Si le quitamos a Él, la luz se apaga y todo se convierte en fingido».

Un tema, este, que resonó también durante el mensaje urbi et orbi dirigido precisamente en el día de Navidad desde la logia de la bendición de la basílica vaticana, durante el cual el Papa remarcó cómo «mientras el mundo se ve azotado por vientos de guerra y un modelo de desarrollo ya caduco sigue provocando degradación humana, social y ambiental», la solemnidad contiene un reclamo para los cristianos a «la señal del Niño y a que lo reconozcamos en los rostros de los niños», especialmente los débiles e indefensos.

Y entre estos el Pontífice citó a los pequeños «de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos », con la consecuente exhortación a invocar la paz «para Jerusalén y para toda la Tierra Santa»; en particular «para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados».

Por tanto Francisco hizo referencia a los «rostros de los niños sirios, marcados aún por la guerra que ha ensangrentado ese país en estos años. Que la amada Siria — deseó — pueda finalmente volver a encontrar el respeto por la dignidad de cada persona, mediante el compromiso unánime de reconstruir el tejido social con independencia de la etnia o religión a la que se pertenezca». Sin dejar fuera a los «los niños de Irak, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años» y los de «Yemen, donde existe un conflicto en gran parte olvidado, con graves consecuencias humanitarias para la población que padece el hambre y la propagación de enfermedades». Respecto a África, el Pontífice recordó a los niños «que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria», manifestando preocupaciones por todos los pequeños que viven en contextos en los que «la paz y la seguridad se ven amenazadas». De aquí la oración para que «en la península coreana se superen los antagonismos y aumente la confianza mutua» para que «Venezuela al Niño Jesús para que se pueda retomar un diálogo sereno entre los diversos componentes sociales por el bien de todo el querido pueblo venezolano».

Finalmente no podía faltar una referencia también a los «los niños que, junto con sus familias, sufren la violencia del conflicto en Ucrania, y sus graves repercusiones humanitarias».

Anteriormente, en la misa de la noche celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa reiteró la importancia de la acogida y de la hospitalidad en los relacionado con los migrantes.

Fuente: L’Osservatore Romano

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