Una plaga vergonzosa

Dos fuertes llamamientos – el primero en la vigilia de la Jornada mundial contra la trata, el segundo con ocasión de las olimpiadas invernales que se abren en Corea del Sur el viernes 9 – fueron lanzados por el Papa en la audiencia general del miércoles 7 de febrero.

A los fieles reunidos en el Aula Pablo VI, el Pontífice pidió rezar «para que el Señor convierta el corazón de los traficantes y dé esperanza de adquirir de nuevo la libertad a los que sufren» por la «plaga vergonzosa» de la trata. Comentando el tema de la Jornada de este año — «Migración sin trata. ¡Sí a la libertad! ¡No a la trata!» — el Pontífice subrayó que «teniendo pocas posibilidades de canales regulares, muchos migrantes deciden aventurarse por otras vías, donde a menudo les esperan abusos de todo tipo, explotación y reducción a esclavitud». De aquí la invitación a «ciudadanos e instituciones, a unir fuerzas para prevenir la trata y garantizar protección y asistencia a las víctimas».

Sucesivamente el Papa habló de los Juegos invernales en la ciudad coreana de Pyeongchang, en la que participan 92 países, evidenciando que la tradicional tregua olímpica esta año adquiera «especial importancia: delegaciones de las dos Coreas desfilarán juntas bajo una única bandera y competirán como un único equipo». Lo que, comentó, «hace esperar en un mundo en el que los conflictos se resuelvan pacíficamente con el diálogo y en el respeto recíproco, como también el deporte enseña a hacer». Y al respecto Francisco aseguró «el compromiso de la Santa Sede a sostener toda iniciativa útil a favor de la paz y del encuentro entre los pueblos».

Anteriormente, prosiguiendo las catequesis sobre la importancia de la misa en la vida cristiana, el Papa se detuvo en la proclamación de la última lectura, tomada de un pasaje evangélico, y sobre el comentario que hace el sacerdote celebrante. «En la Liturgia de la Palabra, a través del Evangelio y la homilía, Dios dialoga con su pueblo» explicó el Pontífice, aconsejando que la predicación no supere los diez minutos. «La homilía -afirmó añadiendo una consideración personal al texto preparado – debe ser preparada».

«¿Y cómo se prepara una homilía?, se preguntó el Papa. «Con la oración», respondió; pero también «con el estudio de la Palabra de Dios y haciendo una síntesis clara y breve».

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