El obstáculo más grande es el miedo

«Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad»: es el deseo expresado por el Papa Francisco en el mensaje por la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que este año se celebra a nivel diocesano el próximo 25 de marzo, Domingo de Ramos.

Difundido la mañana del 22 de febrero, el texto pontificio hace referencia a las palabras dirigidas por el arcángel Gabriel a la Virgen de Nazaret. «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lucas 1, 30). A la madre de Jesús, señala el Papa, «se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven». Y si como, prosigue Francisco actualizando la reflexión, «vosotros, jóvenes, tenéis fuerza» y energías, sería necesario emplearlas «para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana». De aquí la invitación a preparar el encuentro de la JMJ de Panamá, prevista para enero de 2019, «alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura».

Por otro lado, advierte el Papa exhortando a aceptar el desafío, la Jornada mundial de la juventud «es para los valientes», no para los que «sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades».

Cierto, el Pontífice es consciente de los muchos miedos que se insinúan en el alma de los jóvenes «cuando nos encontramos ante las decisiones fundamentales de las que depende lo que seremos y lo que haremos en este mundo. Es la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro». De hecho a menudo el obstáculo a la fe no es la incredulidad, sino el miedo.

Enumerando los principales temores de los jóvenes, Francisco señala también ese «miedo de «fondo» que es el de no ser amados, queridos, de no ser aceptados» que se refleja en la sensación de tener que «mostrarse distintos de lo que son en realidad» para «intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables». De ahí el recurrir continuamente a «“retoques fotográficos” de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un “fake”». Incluso el Papa ve en «muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de “me gusta”». Finalmente son todo señales de un «sentido de inadecuación» que «produce muchas incertidumbres», como las de quienes «tienen miedo a no ser capaces de encontrar una seguridad afectiva y quedarse solos».

En otros, continúa Francisco, «frente a la precariedad del trabajo, muchos tienen miedo a no poder alcanzar una situación profesional satisfactoria, a no ver cumplidos sus sueños». Ahí está por tanto la importancia del discernimiento y del diálogo con los adultos que tienen más experiencia. «Nunca -advierte el Papa- perdáis el gusto de disfrutar del encuentro». «No dejéis, queridos jóvenes, que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el smartphone. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana».

Fuente: L’Osservatore Romano

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