No os dejéis manipular o anestesiar

Un llamamiento a los jóvenes para que no se dejen manipular o anestesiar por quien quiere convertirlos en «silenciosos e invisibles» fue lanzado por el Papa Francisco durante la celebración del domingo de Ramos, presidida en la plaza de San Pedro la mañana del 25 de marzo.

Miles de chicos y chicas provenientes de los cinco continentes, a los que se unieron los conectados a través de Internet y las redes sociales, se encontraron en la plaza San Pedro para el solemne rito litúrgico en el domingo de Ramos, en el que se celebra también la trigésimo tercera jornada mundial de la juventud, a diez meses de la gran reunión internacional juvenil que tendrá lugar en Panamá en enero de 2019.

la misa del Pontífice asumió este año un carácter particular, porque el día precedente se concluyó la reunión presinodal que durante toda la semana vio a más de trescientos jóvenes comprometidos discutiendo y dialogando con la mirada dirigida al Sínodo de los obispos del próximo octubre.

Precisamente haciendo referencia a estas citas, en el Ángelus rezado al finalizar la celebración, el Pontífice subrayó que «La actual Jornada mundial de la Juventud, que se celebra a nivel diocesano, es una etapa importante en el camino hacia el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento en el próximo mes de octubre, como también en el recorrido de preparación de la Jornada internacional», que se desarrollará en Panamá el próximo año. «En este itinerario -añadió- nos acompañan el ejemplo y la intercesión de María, la joven de Nazaret que Dios eligió como Madre de su Hijo. Ella camina con nosotros y guía a las nuevas generaciones en su peregrinación de fe y de fraternidad».

En precedencia, en la homilía de la misa, Francisco había comparado los gritos de júbilo de los que saludan la entrada de Jesús en Jerusalén y el grito «¡Crucifícalo!» que « que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio». Un grito, explicó, que expresa «la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en “manchar” a otros para salirse con la suya acomodarse». Es «el grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes», el grito «que nace de “trucar” la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un “malhechor”». Es «Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse», el grito «fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia». De aquí la invitación dirigida a los jóvenes a no dejarse vencer por los que intentan «anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan “ruido”, para que no se pregunten y cuestionen».

Fuente: L’Osservatore Romano

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