Contemplativos al servicio de los demás

«No hay oposición entre la vida contemplativa y el servicio a los demás». Lo subrayó el papa en el discurso a los monjes benedictinos recibidos en audiencia el jueves por la mañana, 19 de abril en el 125º aniversario de la fundación de su confederación.

«En esta época, cuando las personas están tan ocupadas que no tienen tiempo suficiente para escuchar la voz de Dios », explicó el Pontífice en su discurso, los monasterios y los conventos benedictinos representan «oasis, donde hombres y mujeres de todas las edades, orígenes, culturas y religiones pueden descubrir la belleza del silencio y redescubrirse a sí mismos, en armonía con la creación, permitiendo que Dios restablezca un orden apropiado en sus vidas». De ahí, el elogio del «carisma benedictino de acogida», considerado por el Papa «muy valioso para la nueva evangelización, porque os da la oportunidad de recibir a Cristo en cada persona que llega, ayudando a aquellos que buscan a Dios a recibir los dones espirituales que Él tiene reservados para cada uno de nosotros».

Francisco después reconoció «el compromiso con el ecumenismo y el diálogo interreligioso» profuso por los benedictinos, con el aliento «a continuar en esta importante obra para la Iglesia y para el mundo, poniendo a su servicio vuestra hospitalidad tradicional» que les caracteriza. Por el resto, los monasterio «tanto en las ciudades como lejos de ellas, son lugares de oración y de acogida » y su «estabilidad también es importante para las personas que van a buscaros» hospitalidad. Porque, añadió con una imagen particularmente eficaz, «Cristo está presente en este encuentro» que se produce en los monasterios: «está presente en el monje, en el peregrino, en el necesitado.».

Finalmente el Papa hizo referencia al «servicio en el ámbito de la educación y de la formación» llevado a cabo por los benedictinos «en Roma y en tantas partes del mundo». Con la una escuela del servicio del Señor» para dar a los «estudiantes los instrumentos» para que «puedan crecer en esa sabiduría que los empuje a buscar continuamente a Dios en sus vidas; esa misma sabiduría que los llevará a practicar el entendimiento mutuo, porque todos somos hijos de Dios, hermanos y hermanas, en este mundo que tiene tanta sed de paz».

Fuente: L’Osservatore Romano

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