La santidad de los papas

El anuncio en consistorio de la canonización de Giovanni Battista Montini, que elegido en el cónclave de 1963 tomó el nombre de Pablo VI, marca una novedad en la historia de la Iglesia romana. Durante el rito, de hecho, será proclamada también la santidad de Óscar Romero, el arzobispo mártir, y de otras figuras ejemplares, prevaleciendo fundadores de órdenes religiosas. Y precisamente esta es la novedad, porque a lo largo de los siglos los Papas han sido elevados al honor de los altares solos o, en años recientes, junto a otros Pontífices.

Es también históricamente conocido que, desde que a finales del siglo XVI la sede romana eligió centralizar y gobernar los procesos para el reconocimiento formal de la santidad, son poquísimos los Papas canonizados o beatificados. La mayor parte de los sucesores de Pedro venerados tradicionalmente como santos pertenece, de hecho, a los primeros siglos, es decir hasta Gregorio Magno, autor de la Regula pastoralis y modelo indiscutido de gobierno episcopal, en una idealización hagiográfica que considera mártires a todos VII vii en el Dictatus papae afirma que «el romano pontífice, se ha sido ordenado canónicamente, por los méritos del beato Pedro sin duda se convierte en santo». En esta renovada visión del Papa a la que está unida la reforma de la Iglesia, que precisamente de Gregorio VII toma el nombre, se inspira la celebración de sus inmediatos sucesores en los frescos del desaparecido oratorio lateranense de San Nicolás, en una combinación transparente entre las grandes figuras de la tradición romana, León y Gregorio, y los Pontífices reformadores entre los siglos XI y XII.

La santidad papal reaparece, no por casualidad después de la pérdida del poder temporal y de alguna manera para compensarla, gracias al reconocimiento formal del culto de una serie de Pontífices medievales. Pero quien sobre todo la relanza es Pío XII, que en el arco de cinco años beatifica y canonizada a Pío X, predecesor servido personalmente por él, y proclama beato a Inocencio XI.

Todo cambia en el decenio sucesivo cuando, oponiéndose a las polarizaciones dentro de la Iglesia agudizadas en el tiempo del Vaticano II, Pablo VI decide para sus dos predecesores inmediatos el inicio simultáneo y por la vía normal de las causas de canonización, como declara abiertamente en concilio el 18 de noviembre de 1965: «se evitará así que algún otro motivo, que no sea el culto de la verdadera santidad y esto es la gloria de Dios y la edificación de su Iglesia, recomponga sus auténticas y queridas figuras para nuestra veneración» dice Montini.

Con el nuevo siglo se suceden por tanto la beatificación de Pío IX y de Juan XXIII y el 3 de septiembre de 2000, la beatificación rapidísima de Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, la canonización de Roncalli y Wojtyła el 24 de abril de 2014 y, seis meses más tarde, el 19 de octubre, durante una asamblea sinodal, la beatificación de Montini. Ahora, por primera vez, un cristiano convertido en Papa será proclamado santo junto a otras figuras ejemplares. «Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos» ha ratificado en la última exhortación apostólica su actual sucesor. Y con la decisión anunciada este 19 de mayo en consistorio, Bergoglio subraya que la raíz de la santidad es la misma en cada mujer y cada hombre testigo de Cristo.

Fuente: L’Osservatore Romano

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