Colmados del Espíritu

Concordia y reconciliación para los católicos chinos y paz para Ucrania fueron deseados por el Pontífice al finalizar la audiencia general del miércoles 23 de mayo.

Saludando a los numerosos fieles presentes en la plaza de San Pedro el Papa se dirigió en particular a un grupo de ucranianos de regreso de la 60º peregrinación militar en Lourdes. «Rezo incesantemente al Señor para que cure las heridas infligidas por la guerra y dé su paz a la querida tierra de Ucrania», les aseguró. Para después recordar la fiesta anual de la beata Virgen María “Auxilio de los cristianos” particularmente venerada en el santuario chino de Sheshan, en Shanghai.

La celebración litúrgica del 24 de mayo, dijo al respecto, «invita a estar unidos espiritualmente a todos los fieles católicos que viven en China». De aquí la exhortación «rezamos por ellos a la Virgen, para que puedan vivir la fe con generosidad y serenidad y para que sepan realizar actos concretos de fraternidad, concordia y reconciliación, en plena comunión con el Sucesor de Pedro».

Finalmente, hablando directamente a los «discípulos del Señor en China», el Papa Francisco aseguró que «la Iglesia universal reza con vosotros y por vosotros para que incluso en las dificultades sigáis confiando en la voluntad de Dios», en la conciencia de que «la Virgen nunca dejará de ayudaros y os custodiará con su amor de madre».

Anteriormente, el Pontífice había inaugurado, después del ciclo de reflexiones concluido sobre el bautismo, uno nuevo dedicado al sacramento de la confirmación. «Estos días que siguen a la solemnidad de Pentecostés — explicó — nos invitan a reflexionar sobre el testimonio que el Espíritu suscita en los bautizados, poniendo sus vidas en movimiento, abriéndolas al bien de los demás». Y después de eso, añadió, «confió a sus discípulos una gran misión: “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo”», tales imágenes sirven para «pensar en nuestro comportamiento, porque tanto la falta de sal como su exceso vuelven poco apetecible la comida, así como la ausencia y el exceso de luz nos impiden ver». Mientras, al contrario, «el que puede hacernos realmente sal que da sabor y conserva de la corrupción y luz que ilumina el mundo es solo el Espíritu de Cristo». Y es precisamente «este el don que recibimos en el sacramento» de la Conformación.

Fuente: L’Osservatore Romano

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