Las preocupaciones del Papa

«Id adelante» les exhortó en mayo de 2013 encontrándoles por primera vez en Vaticano poco después de los dos meses de su elección. Y hoy, cinco años después de esa asamblea, Francisco volvió a apremiar a los obispos italianos, dándoles las gracias por el trabajo realizado hasta ahora pero no escondiéndoles «tres preocupaciones» sobre muchas otras cuestiones cruciales para la vida de la Iglesia italiana: la crisis de las vocaciones, la pobreza evangélica y la transparencia en las gestiones de los bienes, la reducción y la unificación de las diócesis.

En el aula nueva del Sínodo, donde los prelados se reunieron en la tarde del lunes 21 de mayo por la 71ª Asamblea general de la Conferencia episcopal italiana (CEI), el Papa abrió los trabajos con un discurso muy claro y concreto. «Tenemos que empezar con las cosas prácticas» puntualizó enseguida, invitando en más de una ocasión a los obispos a no conformarse con los objetivos logrados. «En la Cei se ha hecho mucho en los últimos años» reconoció, pero «se debe hacer todavía un poco más sobre algunas cosas».

Bajo la lente del Papa sobre todo el problema de la «hemorragia de vocaciones» que no perdona a la Iglesia italiana y que es el «fruto envenenado de la cultura de lo provisorio, del relativismo y de la dictadura del dinero», pero también de la «trágica disminución de los nacimientos», de los escándalos y del «testimonio tibio». Para Francisco «es triste ver que esta tierra, que fue durante largos siglos fértil y generosa dando misioneros, hermanas, sacerdotes llenos de celo apostólico, junto al viejo continente entra en una esterilidad vocacional, sin buscar remedios eficaces». De aquí la propuesta de «compartir fidei donum» de los sacerdotes: un «sistema» que «ciertamente enriquecería todas las diócesis que dan y las que reciben».

El Papa después llamó a los obispos al sentido de la «pobreza evangélica», sin la cual «no hay celo apostólico, no hay vida de servicio a los otros». Quien cree «no puede hablar de pobreza y vivir como un faraón» advirtió; y es muy escandaloso tratar el dinero sin transparencia o gestionar los bienes de la Iglesia como si fueran personales. Francisco hizo explícita la referencia a los «escándalos financieros» que han implicado a algunas diócesis, recordando el «deber de gestionar con ejemplaridad, a través de reglas claras y comunes, por las que un día daremos cuentas al dueño de la viña».

Por último el Pontífice volvió sobre la urgencia de una reorganización de las diócesis italianas, que deben ser reducidas y unificadas. Se trata «de una exigencia pastoral, estudiada y examinada varias veces ya antes del Concordato del ‘29». El Papa — que ya en el 2013 pidió a la Cei «reducir un poco el número de diócesis» — citó las palabras con las que Pablo VI en 1964 y después en 1966 que señalaba el «número excesivo» y advertía de la necesidad de «proceder a la fusión». Por tanto, «estamos hablando de un argumento fechado y actual, descuidado por demasiado tiempo, y creo que ha llegado la hora de concluirlo lo antes posible».

Fuente: L’Osservatore Romano

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