Juntos en el camino de la unidad

«El ecumenismo se hace caminando». Lo reafirmó el Papa Francisco en el discurso que si hizo público hoy, dirigido el 30 de mayo a una delegación del Patriarcado ortodoxo de Moscú guiada por el metropolitano Ilarione Volokolamsk.

«Estoy contento -aseguró el Pontífice- de hacer con vosotros el camino de la unidad: el único camino que nos promete algo seguro, porque el camino de la división nos lleva a la guerra y a la destrucción». Francisco reafirmó con fuerza que «la Iglesia católica nunca permitirá que de los suyos nazca un comportamiento de división». Y repitió que «en Moscú, Rusia, hay un solo patriarcado, el vuestro: nosotros no tendremos otro». De ahí, la invitación a abandonar «la bandera del uniatismo»: para el papa, de hecho, «se deben respetar las Iglesias que están unidas a Roma, pero el uniatismo como camino de unidad hoy no funciona». El caminom en cambio, es aquel de la «mano tendida», del «abrazo fraternal: pensar juntos y caminar».

El Pontífice además afirmó que «la Iglesia católica, las Iglesias católicas no deben inmiscuirse en los asuntos internos de la Iglesia ortodoxa rusa, ni tampoco en los asuntos políticos». Esto, recalcó «es mi actitud y la actitud de la Santa Sede hoy». Y «aquellos que se inmiscuyen no obedecen a la Santa Sede».

Fuente: L’Osservatore Romano

Colmados del Espíritu

Concordia y reconciliación para los católicos chinos y paz para Ucrania fueron deseados por el Pontífice al finalizar la audiencia general del miércoles 23 de mayo.

Saludando a los numerosos fieles presentes en la plaza de San Pedro el Papa se dirigió en particular a un grupo de ucranianos de regreso de la 60º peregrinación militar en Lourdes. «Rezo incesantemente al Señor para que cure las heridas infligidas por la guerra y dé su paz a la querida tierra de Ucrania», les aseguró. Para después recordar la fiesta anual de la beata Virgen María “Auxilio de los cristianos” particularmente venerada en el santuario chino de Sheshan, en Shanghai.

La celebración litúrgica del 24 de mayo, dijo al respecto, «invita a estar unidos espiritualmente a todos los fieles católicos que viven en China». De aquí la exhortación «rezamos por ellos a la Virgen, para que puedan vivir la fe con generosidad y serenidad y para que sepan realizar actos concretos de fraternidad, concordia y reconciliación, en plena comunión con el Sucesor de Pedro».

Finalmente, hablando directamente a los «discípulos del Señor en China», el Papa Francisco aseguró que «la Iglesia universal reza con vosotros y por vosotros para que incluso en las dificultades sigáis confiando en la voluntad de Dios», en la conciencia de que «la Virgen nunca dejará de ayudaros y os custodiará con su amor de madre».

Anteriormente, el Pontífice había inaugurado, después del ciclo de reflexiones concluido sobre el bautismo, uno nuevo dedicado al sacramento de la confirmación. «Estos días que siguen a la solemnidad de Pentecostés — explicó — nos invitan a reflexionar sobre el testimonio que el Espíritu suscita en los bautizados, poniendo sus vidas en movimiento, abriéndolas al bien de los demás». Y después de eso, añadió, «confió a sus discípulos una gran misión: “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo”», tales imágenes sirven para «pensar en nuestro comportamiento, porque tanto la falta de sal como su exceso vuelven poco apetecible la comida, así como la ausencia y el exceso de luz nos impiden ver». Mientras, al contrario, «el que puede hacernos realmente sal que da sabor y conserva de la corrupción y luz que ilumina el mundo es solo el Espíritu de Cristo». Y es precisamente «este el don que recibimos en el sacramento» de la Conformación.

Fuente: L’Osservatore Romano

Las preocupaciones del Papa

«Id adelante» les exhortó en mayo de 2013 encontrándoles por primera vez en Vaticano poco después de los dos meses de su elección. Y hoy, cinco años después de esa asamblea, Francisco volvió a apremiar a los obispos italianos, dándoles las gracias por el trabajo realizado hasta ahora pero no escondiéndoles «tres preocupaciones» sobre muchas otras cuestiones cruciales para la vida de la Iglesia italiana: la crisis de las vocaciones, la pobreza evangélica y la transparencia en las gestiones de los bienes, la reducción y la unificación de las diócesis.

En el aula nueva del Sínodo, donde los prelados se reunieron en la tarde del lunes 21 de mayo por la 71ª Asamblea general de la Conferencia episcopal italiana (CEI), el Papa abrió los trabajos con un discurso muy claro y concreto. «Tenemos que empezar con las cosas prácticas» puntualizó enseguida, invitando en más de una ocasión a los obispos a no conformarse con los objetivos logrados. «En la Cei se ha hecho mucho en los últimos años» reconoció, pero «se debe hacer todavía un poco más sobre algunas cosas».

Bajo la lente del Papa sobre todo el problema de la «hemorragia de vocaciones» que no perdona a la Iglesia italiana y que es el «fruto envenenado de la cultura de lo provisorio, del relativismo y de la dictadura del dinero», pero también de la «trágica disminución de los nacimientos», de los escándalos y del «testimonio tibio». Para Francisco «es triste ver que esta tierra, que fue durante largos siglos fértil y generosa dando misioneros, hermanas, sacerdotes llenos de celo apostólico, junto al viejo continente entra en una esterilidad vocacional, sin buscar remedios eficaces». De aquí la propuesta de «compartir fidei donum» de los sacerdotes: un «sistema» que «ciertamente enriquecería todas las diócesis que dan y las que reciben».

El Papa después llamó a los obispos al sentido de la «pobreza evangélica», sin la cual «no hay celo apostólico, no hay vida de servicio a los otros». Quien cree «no puede hablar de pobreza y vivir como un faraón» advirtió; y es muy escandaloso tratar el dinero sin transparencia o gestionar los bienes de la Iglesia como si fueran personales. Francisco hizo explícita la referencia a los «escándalos financieros» que han implicado a algunas diócesis, recordando el «deber de gestionar con ejemplaridad, a través de reglas claras y comunes, por las que un día daremos cuentas al dueño de la viña».

Por último el Pontífice volvió sobre la urgencia de una reorganización de las diócesis italianas, que deben ser reducidas y unificadas. Se trata «de una exigencia pastoral, estudiada y examinada varias veces ya antes del Concordato del ‘29». El Papa — que ya en el 2013 pidió a la Cei «reducir un poco el número de diócesis» — citó las palabras con las que Pablo VI en 1964 y después en 1966 que señalaba el «número excesivo» y advertía de la necesidad de «proceder a la fusión». Por tanto, «estamos hablando de un argumento fechado y actual, descuidado por demasiado tiempo, y creo que ha llegado la hora de concluirlo lo antes posible».

Fuente: L’Osservatore Romano

Acoger y proteger a quien huye de la guerra y del hambre

«Frente a las trágicas situaciones de injusticia que piden una inmediata respuesta humanitaria», el Papa Francisco apeló a la «responsabilidad moral» de las diplomacias «a desafiar la globalización de la indiferencia»; ese «hacer como que nada» ante «los que sufren los flagelos de la pobreza de la enfermedad y de la opresión» deplorado en varias ocasiones por el Pontífice.

Recibiendo a los nuevos embajadores de Tanzania, Lesoto, Pakistán, Mongolia, Dinamarca, Etiopía y Finlandia, que en la mañana del jueves 17 de mayo presentaron las credenciales con las que son acreditados ante la Santa Sede, el Papa recordó que su «paciente trabajo en el promover la justicia y la armonía en el concierto de las naciones se funda sobre el compartido convencimiento de la unidad de la familia humana y de la innata dignidad de cada uno de sus miembros». Pero sin olvidar, observó, que «el nuestro es un tiempo de cambios realmente epocales», en los que son necesarias «sabiduría y discernimiento por parte de todos aquellos que tienen en el corazón un futuro pacífico y próspero para las generaciones futuras».

De aquí el deseo de Francisco que en la actividad diplomática crezca «ese espíritu de colaboración y mutua participación, esencial en vista de una respuesta eficaz a los radicales desafíos de hoy». Entre estos el Papa pone en el primer lugar una de las «cuestiones humanitarias más urgentes que la comunidad internacional tiene ahora de frente», es decir «la necesidad de acoger, proteger, promover e integrar a cuantos huyen de la guerra y el hambre y están obligados por discriminaciones, persecuciones, pobreza y degrado ambiental a dejar sus tierras». Y al respecto reiteró como tal problema tenga «una dimensión intrínsecamente ética, que trasciende confines nacionales y concepciones limitadas sobre la seguridad y el interés propio». Por este motivo, concluyó el Pontífice, «no obstante la complejidad y la delicadeza de las cuestiones políticas y sociales implicadas, las naciones y la comunidad internacional están llamadas a contribuir de la mejor forma su posibilidad a la obra de pacificación y de reconciliación, mediante decisiones y políticas caracterizadas sobre todo por compasión, previsión y valentía».

Fuente: L’Osservatore Romano