Garantizar seguridad, derechos y dignidad a los migrantes

Seguridad, derechos y dignidad a los migrantes. Un nuevo «sincero llamamiento» -después de los recientes «naufragios de barcas cargadas» de niños, mujeres y hombres «en las aguas del Mediterráneo»- fue dirigido por el Papa Francisco a la comunidad internacional para que se «actúe con decisión y prontitud» para «evitar que tragedias similares puedan repetirse y para garantizar la seguridad y el respeto de los derechos y de la dignidad de todos». El Pontífice habló al finalizar el Ángelus recitado con los veinticinco mil fieles presentes en la plaza de San Pedro a medio día del domingo 22 de julio. Profundamente conmovido por las «dramáticas noticias» que se han sucedido en las últimas semanas, Francisco expresó el propio dolor «frente a tales tragedias», asegurando el recuerdo y la oración por los «desaparecidos y sus familias».

Una exhortación a la solidaridad y la atención a la persona humana que había encontrado una anticipación durante el comentario habitual sobre el evangelio dominical antes de la oración mariana, con una invitación a seguir el ejemplo de Jesús hecho «un don para los demás, convirtiéndose así modelo de amor y servicio para cada uno de nosotros». En el pasaje del evangelista Marcos (6, 30-34) se cuenta cómo Jesús, conmovido por tanta gente que lo buscaba «necesitada de guía y ayuda», se detuvo junto a la multitud para «enseñarles muchas cosas». El Pontífice, impresionado por la solicitud del Señor, destacó tres actitudes, definidas por él: «los tres verbos del pastor»: “ver”, “tener compasión” y “enseñar”. Jesús, explicó Francisco, «siempre mira con los ojos del corazón», un corazón «tan tierno y lleno de compasión, que puede captar las necesidades aún más ocultas que las personas», y «a la multitud hambrienta y perdida» ofrece ante todo el «pan de la Palabra». Una respuesta que también habla a los hombres de hoy: «Todos nosotros -concluyó el Papa- necesitamos la palabra de la verdad, para guiarnos e iluminar nuestro camino», porque «sin la verdad, que es Cristo, no es posible encontrar la orientación correcta de la vida».

Fuente: L’Osservatore Romano

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