Las mil caras de la esclavitud moderna

Una esclavitud moderna, con mil caras y problemáticas diversas. “Trata” puede, de hecho, querer decir prostitución, abusos sexuales, contratación ilícita de mano de obra, trabajo infantil, niños soldado, matrimonios forzados, tráfico de órganos. La esclavitud moderna no conoce fronteras ni límites de edad.

Es un fenómeno global, como demuestra el último informe de la Organización internacional del trabajo (OIT) y de la Walk Free Foundation, según la cual , hoy en el mundo hay más de cuarenta millones de esclavos a todos los efectos. Solo en los últimos cinco años, 89 millones de seres humanos han sufrido experiencias de esclavitud, durante periodos variables desde pocos días hasta los cinco años. Cifras impactantes, difundidas hoy, con motivo del Día Mundial contra la Trata de seres humanos que quiere poner en el centro de las agendas políticas internacionales la lucha contra esta terrible plaga. Una fecha no casual: el 8 de febrero de 1947 moría en Schio, en la provincia de Vicenza, Giuseppina Bakhita, religiosa sudanesa perteneciente a la Congregación de las Hijas de la Caridad, delcarada santa por Juan Pablo II en el 2000. Secuestrada a la edad de siete años por los mercaderes de esclavos árabes en su pueblo natal, a causa del trauma sufrido olvidó su propio nombre y el de sus familiares. Vendida después más veces por los mercaderes de esclavos en los permados de El Obeid y de Khartoum, Bakhita conoció terribles humillaciones, sufrimientos físicos y morales. La trata es cada vez más un fenómeno global, que involucra a todos los países, pero especialmente a aquellos pobres. En 2017, por primera vez, las cámaras, la de la CNN, fueron capaces de inmortalizar una subasta de esclavos en Libia, encendiendo los reflectores sobre una de las peores crisis del planeta. Estos esclavos eran migrantes, obligados a pagar por el viaje a Europa. Y siempre en el 2017, una investigación periodística de Reuters reveló que las fuerzas de seguridad naval y la policía de frontera tailandesas colaboran sistemáticamente con grupos de traficantes de hombres para vender a los refugiados rohingya socorridos en el mar. Después de la llegada a Tailandia, las mujeres son enviadas como esposas al mejor postor, mientras que los hombres son usados como mano de obra gratuita en las planzaciones o en los pesqueros. Historias muy similares tienen lugar en América Latina.

Fuente: L’Osservatore Romano

Dos historias bíblicas

Atención cuando, convencido de vivir tranquilamente sin cometer grandes pecados, el cristianos «resbala lentamente», casi sin darse cuenta, en el «debilitamiento del corazón» y se «corrompe». Es la advertencia del Papa Francisco que, durante la misa celebrada en Santa Marta el jueves 8 de febrero, comparó dos dos diferentes historias bíblicas: la de David, el rey «pecador» pero «santo», y la de Salomón, el rey sabio cuyo corazón «se había desviado del Señor» y por eso fue «rechazado» por Dios. Una enseñanza para cada hombre porque, subrayó el Pontífice, si es verdad que para el pecador capaz de arrepentirse el camino de la santidad está siempre abierto, el corrupto sin embargo se imposibilita por sí solo la posibilidad de salvación.

La reflexión del Papa, tomada de la lectura del día (1 Reyes 11, 4-13), inició precisamente del inesperado destino que le toca al rey Salomón, conocido por todos como grande y sabio. El corazón del soberano, de hecho, «no permaneció íntegro con el Señor, su Dios, como el corazón de David, su padre». Uno sorpresa porque, dijo Francisco, de «Salomón nosotros no sabemos si había hecho grandes pecados; sin embargo de David sí. De Salomón nosotros sabemos que tuvo una vida tranquila, gobernó», mientras que «David tuvo una vida un poco difícil, cayó en el pecado, hizo la guerra». Y también «Salomón es rechazado por el Señor, y David es santo. ¿Cómo se explica esto?».

Hay un detalle dirimente: «Cuando David – subrayó el Pontífice – se convenció de haber pecado, pidió perdón, hizo penitencia», e incluso si no pecó solo una vez, «tuvo siempre la humildad de pedir perdón». Distinta es la situación de Salomón, quien había sido siempre «equilibrado, no había hecho grandes pecados»; pero en el pasaje bíblico se lee que su corazón «se había “desviado” del Señor», poco a poco, progresivamente. Él había cedido a sus mujeres que lo habían inducido a la idolatría. Precisamente él, «el gran Salomón que el mismo Señor alababa, al principio, cuando pide la prudencia para gobernar y no pide riquezas, fama: la prudencia para gobernar al pueblo», el gran Salomón del cual todo el mundo hablaba: tenía fama internacional». Por él, para conocerlo, se había mudado también la reina de Saba: «¿Y qué dijo ella? “Era verdad, por tanto, lo que había escuchado en mi país sobre ti, sobre tu sabiduría. Yo no creía en lo que se decía, hasta que no llegué aquí y mis ojos no vieron. Y bien, no me habían dicho ni la mitad”». Todo el mundo, por tanto, hablaba de la «grandeza de Salomón». Pero él «no permaneció íntegro delante de Señor y fue rechazado por el Señor». Su corazón «se había desviado del Señor. Y él, parece que no se dio cuenta de esto».

Aquí, explicó el Papa, se encuentra frente al «problema de debilitamiento del corazón». Se podría decir una caída sutil, porque «no es como una situación de pecado: tú pecas, te das cuenta enseguida». Sin embargo, «el debilitamiento del corazón es un camino lento, que resbala poco a poco, poco a poco, poco a poco». Esto le sucede a Salomón que, «dormido en su gloria, en su fama, empezó a seguir este camino» y su corazón «se debilitó». Paradójicamente, añadió el Pontífice, «es mejor la claridad de un pecado, que el debilitamiento del corazón», o sea ese proceso en el cual se «resbala lentamente, y tú no te das cuenta. Lentamente, hacia la mundanidad», hacia una vida que parece «digna», pero responde a «corazón débil». Es precisamente así que «el gran rey Salomón, el gran prudente, el gran rey que tanto gustaba a Dios, terminó corrupto: tranquilamente corrupto, porque el corazón se le había debilitado».

La historia de Salomón es muy actual: «Un hombre y una mujer con el corazón débil, o debilitado, son una mujer, un hombre derrotado», aseguró Francisco recordando que «esto es el proceso de muchos cristianos, muchos de nosotros». Se dice: «No, yo no hago pecados grandes»; pero sería necesario preguntar: «¿Cómo está tu corazón? ¿Es fuerte? ¿Permanece fiel al Señor, o tú resbalas lentamente?».

Al respecto el Papa recordó el episodio evangélico de Mateo (12, 43-45) en el que se habla «de ese hombre que había sido liberado de un diablo, demonio» y «empezó una vida nueva… todo bonito… Pero, con el paso del tiempo, ese demonio vuelve a ver cómo van las cosas ahí. Y ve su casa completamente bien preparada y bonita. Y va a buscar otros siete demonios peores que él; vuelven y el final de ese hombre es peor» de como era antes. Precisamente esto, aclaró Francisco, «es el drama del debilitamiento del corazón. Y a todos nosotros nos puede suceder esto en la vida». Por eso está siempre bien preguntarse: «Pero, ¿mi corazón es fuerte delante del Señor? ¿O, lentamente, resbalo y me debilito? ¿Qué debo hacer?». Es necesario vigilar, explicó el Pontífice: «vigilar tu corazón. Vigilar. Todos los días, estar atento a qué sucede en tu corazón. Si permanece firme en la fidelidad al Señor» o si, un día tras otro, resbala lentamente.

«David – concluyó el Papa Francisco – es santo». Era pecador, es verdad, pero «un pecador puede convertirse en santo». Sin embargo «Salomón fue rechazo porque era corrupto». Y «un corrupto no puede convertirse en santo». Por otro lado, a la corrupción se llega precisamente «por ese camino del debilitamiento del corazón». Por tanto, es necesario «vigilar el corazón todos los días», comprender en qué «relación» se está con el Señor y «disfrutar la belleza y la alegría de la fidelidad».

Fuente: L’Osservatore Romano

Una plaga vergonzosa

Dos fuertes llamamientos – el primero en la vigilia de la Jornada mundial contra la trata, el segundo con ocasión de las olimpiadas invernales que se abren en Corea del Sur el viernes 9 – fueron lanzados por el Papa en la audiencia general del miércoles 7 de febrero.

A los fieles reunidos en el Aula Pablo VI, el Pontífice pidió rezar «para que el Señor convierta el corazón de los traficantes y dé esperanza de adquirir de nuevo la libertad a los que sufren» por la «plaga vergonzosa» de la trata. Comentando el tema de la Jornada de este año — «Migración sin trata. ¡Sí a la libertad! ¡No a la trata!» — el Pontífice subrayó que «teniendo pocas posibilidades de canales regulares, muchos migrantes deciden aventurarse por otras vías, donde a menudo les esperan abusos de todo tipo, explotación y reducción a esclavitud». De aquí la invitación a «ciudadanos e instituciones, a unir fuerzas para prevenir la trata y garantizar protección y asistencia a las víctimas».

Sucesivamente el Papa habló de los Juegos invernales en la ciudad coreana de Pyeongchang, en la que participan 92 países, evidenciando que la tradicional tregua olímpica esta año adquiera «especial importancia: delegaciones de las dos Coreas desfilarán juntas bajo una única bandera y competirán como un único equipo». Lo que, comentó, «hace esperar en un mundo en el que los conflictos se resuelvan pacíficamente con el diálogo y en el respeto recíproco, como también el deporte enseña a hacer». Y al respecto Francisco aseguró «el compromiso de la Santa Sede a sostener toda iniciativa útil a favor de la paz y del encuentro entre los pueblos».

Anteriormente, prosiguiendo las catequesis sobre la importancia de la misa en la vida cristiana, el Papa se detuvo en la proclamación de la última lectura, tomada de un pasaje evangélico, y sobre el comentario que hace el sacerdote celebrante. «En la Liturgia de la Palabra, a través del Evangelio y la homilía, Dios dialoga con su pueblo» explicó el Pontífice, aconsejando que la predicación no supere los diez minutos. «La homilía -afirmó añadiendo una consideración personal al texto preparado – debe ser preparada».

«¿Y cómo se prepara una homilía?, se preguntó el Papa. «Con la oración», respondió; pero también «con el estudio de la Palabra de Dios y haciendo una síntesis clara y breve».

Francisco en Perú: el reflejo de una fe histórica

El Perú ha demostrado que es un país con una fuerte presencia católica. Desde el último jueves 18 hasta el domingo 21 de enero multitudes innumerables de personas concurrieron a los lugares que iba a recorrer el Papa Francisco para acompañarlo en los momentos de su visita o, en el caso de muchos, simplemente ver pasar por nuestras calles al sucesor de San Pedro.

Cada instante que vivió nuestro país mientras duró la visita ha emocionado y conmovido a la población en general que estuvo atenta a las palabras y gestos del Sumo Pontífice durante su recorrido por Puerto Maldonado, Trujillo y Lima.

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Los potentes mensajes que ha transmitido sobre el cuidado de la vida humana, el respeto por la creación, el resguardo de las culturas y pueblos originarios, el valor de la dignidad personal, entre otras cosas, han sido un llamado profundo a que todos vivan un cristianismo intenso y coherente para progresar como sociedad.

A las autoridades civiles y eclesiales les hizo un llamado para que tengan siempre presente a su pueblo, a la gente que lideran, evitando aquellas actitudes que reflejan el desinterés o el mal de la corrupción.

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Pero el gran momento que reflejó la fe peruana, que superó todas las expectativas expuestas, fue la Santa Misa en la Base Aérea en las Palmas, miles de personas se reunieron desde la madrugada para compartir la mesa Eucarística junto al Santo Padre.

Como no era para menos, Francisco nos invitó a conservar siempre la esperanza, mantener la unidad y así todos juntos llegar a la santidad, que eso merece nuestro país, domo dijo el Santo Padre, que de nuestras tierras salgan “los santos del siglo XXI”.

Texto y fotos: Equipo Web Óbolo de San Pedro – Renzo Chávez

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Francisco en Perú: Las emociones en Lima

El Perú es un país de historia, y como tal, reconoce los acontecimientos que la escriben, por ello, los peruanos viven de cerca la visita pastoral del Papa Francisco en nuestro territorio nacional.

Lima, capital peruana, se ha convertido en el centro de las emociones y grandes manifestaciones de alegría por la presencia del Santo Padre. Lo vivido este viernes 19 lo demostró.

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En la Plaza de Armas y en los exteriores de la iglesia San Pedro -de los jesuitas- los centenares de personas, contenidas por los cordones policiales que resguardaban el orden, estaban reunidos con un solo sentimiento de entusiasmo.

Entre cantos, arengas, imágenes y banderines, los seguidores de Francisco reflejaban la desbordante emoción por la presencia del Santo Padre, emoción que estallaba en un grito incontenible al verlo pasar cerca bendiciendo al Pueblo de Dios.

Foto y textos: Web Óbolo de San Pedro – Renzo Chávez L

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