Acoger y proteger a quien huye de la guerra y del hambre

«Frente a las trágicas situaciones de injusticia que piden una inmediata respuesta humanitaria», el Papa Francisco apeló a la «responsabilidad moral» de las diplomacias «a desafiar la globalización de la indiferencia»; ese «hacer como que nada» ante «los que sufren los flagelos de la pobreza de la enfermedad y de la opresión» deplorado en varias ocasiones por el Pontífice.

Recibiendo a los nuevos embajadores de Tanzania, Lesoto, Pakistán, Mongolia, Dinamarca, Etiopía y Finlandia, que en la mañana del jueves 17 de mayo presentaron las credenciales con las que son acreditados ante la Santa Sede, el Papa recordó que su «paciente trabajo en el promover la justicia y la armonía en el concierto de las naciones se funda sobre el compartido convencimiento de la unidad de la familia humana y de la innata dignidad de cada uno de sus miembros». Pero sin olvidar, observó, que «el nuestro es un tiempo de cambios realmente epocales», en los que son necesarias «sabiduría y discernimiento por parte de todos aquellos que tienen en el corazón un futuro pacífico y próspero para las generaciones futuras».

De aquí el deseo de Francisco que en la actividad diplomática crezca «ese espíritu de colaboración y mutua participación, esencial en vista de una respuesta eficaz a los radicales desafíos de hoy». Entre estos el Papa pone en el primer lugar una de las «cuestiones humanitarias más urgentes que la comunidad internacional tiene ahora de frente», es decir «la necesidad de acoger, proteger, promover e integrar a cuantos huyen de la guerra y el hambre y están obligados por discriminaciones, persecuciones, pobreza y degrado ambiental a dejar sus tierras». Y al respecto reiteró como tal problema tenga «una dimensión intrínsecamente ética, que trasciende confines nacionales y concepciones limitadas sobre la seguridad y el interés propio». Por este motivo, concluyó el Pontífice, «no obstante la complejidad y la delicadeza de las cuestiones políticas y sociales implicadas, las naciones y la comunidad internacional están llamadas a contribuir de la mejor forma su posibilidad a la obra de pacificación y de reconciliación, mediante decisiones y políticas caracterizadas sobre todo por compasión, previsión y valentía».

Fuente: L’Osservatore Romano

Montini y Romero canonizados el próximo 14 de octubre

Giovanni Battista Montini y Óscar Arnulfo Romero Galdámez serán canonizados el próximo 14 de octubre. Lo anunció el Papa Francisco durante el Consistorio ordinario público para el voto de algunas causas de canonización, que tuvo lugar el sábado por la mañana, 19 de mayo.

Durante la ceremonia – que el Pontífice presidirá precisamente mientras en el Vaticano se desarrollarán los trabajos de la 15º Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos sobre el tema «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional» — serán proclamados otros cuatro santos.

Además de Pablo VI y el arzobispo mártir de San Salvador, subirán al honor de los altares dos sacerdotes diocesanos italianos, un monja alemana y una religiosa española. Se trata del lombardo Francesco Spinelli, fundador del instituto de las hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento; del campano Vincenzo Romano; de Maria Caterina Kasper, fundadora del instituto de las Pobres siervas de Jesucristo, y de Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús (nacida Nazaria Ignazia March Mesa), fundadora de la congregación de las hermanas Misioneras cruzadas de la Iglesia.

Fuente: L’Osservatore Romano

Por un nuevo éxodo

«Es necesario escuchar sin temor nuestra sed de Dios y el grito que sale de nuestra gente de Roma, preguntándonos: ¿en qué sentido este grito expresa una necesidad de salvación, es decir de Dios?». Es la invitación dirigida por el Papa Francisco a los representantes de los distintos componentes de la comunidad diocesana de Roma que han participado en el encuentro que se celebró el lunes 14 de mayo por la tarde, en la basílica de San Juan de Letrán.

Después de haber escuchado la relación de síntesis del trabajo de la comisión que en los meses pasados profundizó el tema de las “enfermedades espirituales” y después de haber respondido a cuatro preguntas planteadas por el arzobispo vicario Angelo De Donatis, el Pontífice pronunció un discurso en el cual exhortó a dejarse «iluminar por el paradigma del éxodo, que cuenta precisamente cómo el Señor haya elegido y educado un pueblo al cual unirse, para hacerlo el instrumento de su presencia en el mundo». Este suceso, explicó, «habla de una esclavitud, de una salida, de un pasaje, de una alianza, de una tentación/murmuración y de un ingreso», pero en sustancia «un camino de sanación». Y como tal puede orientar los pasos de la comunidad eclesial de Roma, ayudándola a liberarse de «una condición de esclavitud, es decir de limitación sofocante, de dependencia de cosas que no son el Señor».

En tal sentido Francisco invitó a los presentes «a emprender otra etapa del camino de la Iglesia de Roma: en un cierto sentido un nuevo éxodo, una nueva partida, que renueve nuestra identidad de pueblo de Dios». Con este fin, añadió, «será necesario que nuestras comunidades se vuelvan capaces de generar un pueblo, capaces de ofrecer y generar relaciones en las cuales nuestra gente pueda sentirse conocida, reconocida, acogida, bien querida». Una auténtica «revolución de la ternura», que parte de «un pasaje previo de reconciliación y de conciencia que la Iglesia de Roma debe cumplir»: o sea «reconciliarse y retomar una mirada verdaderamente pastoral – atenta, amable, benévola, implicado – tanto hacia sí misma y su historia, como hacia el pueblo al cual es mandada».

Fuente: L’Osservatore Romano